Un agente muestra a las beneficiarias de Grameen cómo hacer transacciones con el teléfono móvil

Un agente muestra a las beneficiarias de Grameen cómo hacer transacciones con el teléfono móvil. Crédito: Cortesía.

Este es un artículo de opinión de Vani S. Kulkarni, del departamento de sociología de la Universidad de Pensilvania, y de Raghav Gaiha, del programa de envejecimiento global de la Facultad de Salud Pública de Harvard.

Por Vani S. Kulkarni y Raghav Gaiha |English version

Vani S. Kulkarni

FILADELFIA/BOSTON, Estados Unidos, 9 oct 2015 (IPS) – El microcrédito dio paso a las microfinanzas, que también incluyen ahorros y formas básicas de seguros y mecanismos de transferencias. En pocos años, las microfinanzas se volvieron un fenómeno global. Si bien estas últimas siguen creciendo, el entusiasmo por ellas mengua.

Mohammad Yunus, fundador del Banco Grameen de Bangladesh, transformó la vida de millones de mujeres pobres con micropréstamos o microcréditos poco seguros para organizaciones de ayuda mutua.

En los últimos años, apareció un enorme escepticismo respecto del “milagro” de las microfinanzas.

Los críticos se preguntan si la retórica no superó a la evidencia e incluso algunos sugieren que las microfinanzas podrían significar la muerte de las economías locales. Mientras, sus defensores presentan pruebas contundentes para sostener sus argumentos de que generan enormes beneficios. Sostenemos que el milagro está principalmente intacto, pero necesita reforzarse.

Según datos de MIX, una institución que sigue a las instituciones de microfinanzas, hay una base sólida y creciente de proveedores de microcréditos, con una cartera global de préstamos que ascendió a 81.500 millones de dólares en 2012, con un alcance de 91,4 millones de clientes de bajos ingresos.

Las mujeres representan 80 por ciento de los clientes de las 34 mayores instituciones de microcrédito. Sin embargo, la mitad de la población mundial adulta no tiene cuentas en instituciones financieras y 76 por ciento de los pobres no están bancarizados.

Cuando se suma todo esto, el argumento para la vigorosa expansión de la inclusión financiera en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se hace patente.

El nuevo enfoque puesto en la sostenibilidad financiera plantea serias dudas sobre el debilitamiento del alcance del microcrédito.

No hay duda de que existe un desplazamiento, pero poco se sabe sobre su alcance. A menudo se subraya que no se puede garantizar un alcance de gran escala de los sectores pobres a largo plazo, si las instituciones de microcrédito no son económicamente sostenibles.

Por ello, donantes, autoridades y otros actores de las microfinanzas pasaron de subsidiar a las instituciones de microcrédito a garantizar su sostenibilidad y eficiencia financieras.

Análisis de grandes sectores representativos de los países revelan que las instituciones de microcrédito que ofrecen principalmente préstamos individuales son más rentables, pero la proporción de personas pobres que sacan préstamos y de mujeres en las carteras de préstamos es más baja que en las instituciones que se concentran préstamos grupales.

Además, las instituciones de microcrédito que ofrecen préstamos individuales se concentran cada vez más en clientes más acomodados, un fenómeno que suele llamarse “desvío de la misión”, mientras pasa menos con las instituciones basadas en grupos.

No puede pasarse por alto la importancia del diseño institucional para reducir el desplazamiento. Además, se puede lograr la sostenibilidad sin desviarse de la misión mediante la reducción de costos y una mayor eficiencia, gracias a un uso innovador de las tecnologías de la información y la comunicación.

Las investigaciones han demostrado que las redes sociales ayudan a la difusión de las microfinanzas.

No solo los grupos de ayuda mutua se benefician de la presencia de redes, sino que también contribuyen a la creación de confianza, reciprocidad y capital colectivo (como mediante el fortalecimiento de instituciones locales).

Los préstamos grupales, no solo reducen los costos de transferir pequeños préstamos, sino que aseguran un alto grado de reembolso. Sin embargo, la responsabilidad grupal también puede imponer un “costo”.

El incentivo para los participantes del grupo es reducir el riesgo asumido por sus compañeros, pues estos no se benefician del alza de cualquier inversión de riesgo, pero son responsables de los inconvenientes. Por ello, algunos miembros del grupo pueden imponer una excesiva aversión al riesgo.

Nuestros análisis de algunos países asiáticos, en especial India, ofrecen una reflexión.

Según la evidencia de ese país, el emparejamiento selectivo entre grupos pobres y ricos llegó a 71 por ciento de los miembros de los grupos de autoayuda.

Muy pocas personas creen que los pobres quedaron excluidos por las altas tasas de interés y/o por la intransigencia de la disciplina financiera.

Sin embargo, se atribuyó a la lejanía de las aldeas, la falta de instituciones locales funcionales y de conciencia sobre los beneficios de los préstamos grupales, los principales impedimentos para cubrir vastos sectores de poblaciones pobres, en especial por parte de los representantes de instituciones financieras.

Un análisis multinacional establece de forma contundente que la cartera bruta de préstamos de las instituciones de microfinanzas no solo beneficia a los pobres, sino también a los indigentes. Por lo que el flujo sostenido a esas instituciones puede ayudar a impedir que se acentúe la pobreza, como consecuencia de la lenta y tambaleante recuperación de la economía global.

Salir de la pobreza requiere una participación de largo plazo. Pequeños emprendedores requieren tiempo para lograr una eficiencia productiva u obtener grandes ingresos de las actividades de autoempleo.

Como los miembros ya existentes suelen obtener sumas mayores, es necesario impulsar a las instituciones de microcrédito a que ofrezcan mayores sumas más pronto que tarde.

Un análisis detallado en India se concentra mucho más en el empoderamiento de las mujeres y muestra el papel positivo del microcrédito.

Una vasta mayoría de las participantes de los grupos de autoayuda dijeron que ganaron autoestima, mayor respeto dentro de la familia, un papel más asertivo en el proceso de decisión familiar, así como en la salud y la educación de sus hijos y una disminución de la violencia doméstica.

Sin embargo, a escala comunitaria, una proporción considerablemente menor respondió de forma positiva.

Pero esos índices de empoderamiento no revelan los “costos”. Mayores ingresos y una más vasta esfera de actividades conllevan grandes responsabilidad para las mujeres y más horas de trabajo. Al no haber una redistribución de las responsabilidades domésticas, algunos de los logros en materia de bienestar quedaron neutralizados por las largas horas de trabajo.

En conclusión, mientras el milagro del microcrédito se desdibujó debido a que la sostenibilidad financiera anuló los objetivos sociales, hay muchos motivos para ser optimistas por su restablecimiento.

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