gallegos y blanco

Federico Boccanera

Esta semana fui invitado por la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, para participar en un foro sobre: “la influencia de la literatura como medio de expresión del ciudadano en la actualidad…” en el marco del evento: “Zaperoco en la U”.

La invitación, la aproveché para tocar un tema sobre el cual he reflexionado muchas veces, y que planteo expandir y exponer en el siguiente artículo.

La verdad, es que sobre la influencia no sólo de la literatura, sino de cualquier cosa en la actualidad, al principio no sabría mucho qué decir, primero, porque pareciera que hoy en día nada tiene influencia, y lo digo porque en este país, cada día pasa de todo y, al mismo tiempo, no pasa nada.

Por lo mismo y antes de pasar a la actualidad, quisiera más bien retroceder para anunciarle al gentil y paciente lector que, con respecto a la literatura, ya en este país paso lo máximo que podía ocurrir, y es que la literatura ya llegó al poder una vez, y lo hizo, obteniendo la más resonante victoria jamás alcanzada por aspirante alguno al poder, de hecho, un tal Rómulo Gallegos, escritor e intelectual de fama y prestigio, fue electo presidente por mayoría abrumadora e inigualada.

Eso ocurrió un 14 de diciembre de hace 68 años, cuando a este país se le proporcionó, por primera vez en su historia, la oportunidad increíble de votar, de votar realmente por sus gobernantes en elecciones libres, universales, directas y secretas, en elecciones en donde sólo se tenía que cumplir con el requisito vital de tener 18 años, en unas elecciones ¡en donde se podía ser mujer! ¡y poder votar! ¡en donde ni leer ni escribir hacía falta! y es que por primera vez, este país se dignaba de ofrecerse a sí mismo en un gesto de patria única, de hogar único, un momento mágico de verdadera igualdad, un acto tan singular en donde, hasta el más mísero, humilde, esquelético e iletrado, tendría tanto poder como el que más, para elegir, nada más y nada menos ¡que al Presidente de la República!

Y ese país que amaneció ese día de luz eterna de 1947, ese país aun de rurales estrenando urbanidad, de mujeres estrenando ciudadanía, de niños estrenando alpargatas, de estudiantes estrenando pupitres, incluso de citadinos estrenando pocetas… en ese país en donde todo era un estreno, porque apenas un puñado de décadas lo separaban, de estadios apenas superiores a la supervivencia extrema disputada día a día, contra el salvajismo, ese país, aún enclenque, desnutrido, desdentado, e inocente, eligió al más prestigioso de sus escritores, al más insigne de sus intelectuales, y ese pronunciamiento “ingenuo” quedará inmortalizado, en el más alto porcentaje jamás alcanzado por candidato vencedor alguno: 74, 5%

74,5%…

¡Na guará, que ignorantes eran!

Y así fue como este país decide estrenarse en la democracia, en la libertad, y asumir su primer reto existencial, confiándole su destino a su mejor escritor, votando a la tarjeta de un partido que tenía como máximos líderes -máximos líderes en el sentido popular- a un escritor y a un poeta, uno, escritor del país adentro, el otro, poeta del corazón adentro, ambos venezolanos comprometidos de la mayor forma posible, como sólo un verdadero venezolano puede comprometerse, dedicando todo su talento y su creación al amor por el país, y siempre en notas estrictamente humanas: cálidas y gélidas como debe ser, severas y sonrientes como las de una madre, nunca en tonos de patria patriotera, de sacrificio inefable en altares regados de odio y bañados de sangre, sino en tonos amables, esperanzados, luminosos.

Esa era la calidad de Rómulo Gallegos y de Andrés Eloy Blanco, venezolanos gigantes como un sol, venezolanos eternos, que además de ser escritores, poetas, académicos, en otras palabras, intelectuales, también eran, y oigan bien esto: también eran políticos…

¡Sí! ¡Eran políticos! y eran militantes y dirigentes, de un partido político que después de estrenarse en la acción, en 1945, ahora se estrenaba en la democracia, sí, no estará nunca de más recordar que la condición de “político”, en aquel entonces no era estimada como algo que pudiera comprometerlos o desvalorizarlos, todo lo contrario: Gallegos y Blanco eligieron ser políticos, porque toda ruta de excelencia, de sana y virtuosa ambición, que coincida con una voluntad fuerte y generosa a la vez, y una especial sensibilidad hacia lo humano y lo social, deviene inevitablemente en liderazgo, deviene en política, no degenera en política, ASCIENDE a la Política.

Eso nunca cambiará.

Por cierto, siempre se habla de Acción Democrática, como el partido del pueblo, como el partido de masas por excelencia, pero pocas veces se recuerda que también fue un partido que supo atraer a un notable grupo de intelectuales de altísimo nivel, sobre todo con altísimo nivel de conciencia social, intelectuales muy en contraste con muchos de hoy en día, igualmente dotados de un altísimo nivel de conciencia, pero con respecto a sus posibilidades personales de ascenso, glorificación, notoriedad y permanencia, dentro de círculos de exclusividad elitista.

Aquellos eran intelectuales dirigentes, pensadores-luchadores, líderes con ideales y visión, seres que practicaban la integridad, porque palabra y obra en ellos no era cosa desigual, en cambio los disfraces desfilantes de hoy en día, aunque no todos desde luego, son cortesanos cada vez más apretujados en los pocos espacios de exhibición mediática que les quedan, son una micro élite, algunos arañando las patas de cierta mesa llamada “de la unidad”, las patas del último reducto de statu quo que les ha quedado.

Y lo digo y lo afirmo porque el último refugio de status para ciertas “élites” es la MUD, cenáculo exquisito de la confluencia de la mediocridad política con burguesías menguadas de toda índole. Pre y post bolivarianas.

De hecho, esta decadencia profunda que vivimos como nación, no la explica la ignorancia ¡olvídense de eso! esta decadencia no es otra cosa que la consecuencia última, de la hegemonía de una cultura oportunista, exasperada por la erosión de valores y la cuasi extinción de ejemplos vivientes que los testimonien. El sustrato degenerado es cultural, y gran parte de nuestras supuestas élites son la demostración más contundente.

Nuestra élites de vitrina, y nuestras burguesías depredadoras de apetito nunca satisfecho, conforman extensos estratos lumpen que sólo se distinguen de sus equivalentes funcionales en las clases populares y marginales, por los distintos nichos ecológicos que ocupan, llámense estos cultura, academia, arte, ciencia, periodismo, o cualquier otro gremio relacionado con la esfera (microesfera en este caso) intelectual.

Todo ya es sólo cálculo, siendo el más notorio, y modélico, el de una clase política “responsable” y de “alta madurez y sensatez”, que con diligencia plena de sumisión patológica, sólo atiende su archipiélago de conucos electorales, tratando con pusilanimidad transpatética, de cosechar algún repele en las pocas parcelas dispuestas a ser cedidas por el actual régimen.

De hecho, en el caso de la MUD, ya no se debería hablar más, ni siquiera de oportunismo, pues hace rato que ya es mesa acogedora y coqueta, que con mantelito, florerito y velitas, forma parte del decorado, en el hall de recepción del Estado Chavista, la MUD de hecho, es ya una INSTITUCIÓN DEL SISTEMA.

Ahora bien, volviendo al tema inicial…

¿Porque nuestra memoria, tanto individual como colectiva, es capaz de registrar con la nota más positiva posible, a esos insignes protagonistas del 47, sin que apenas su condición de políticos les haga mella, o los degrade en modo alguno? ¿cuáles son las claves de esa alquimia que nos permite, aún hoy en día, recordar a Rómulo Gallegos con admiración y respeto, y a Andrés Eloy Blanco con emoción y hasta devoción ¿a pesar de que fueron políticos? estas desde luego, no son claves sólo racionales, son claves que supieron anidarse en rincones del alma, que en cada uno de nosotros suenan y resuenan con música distinta, y es allí donde precisamente el verdadero intelectual, el verdadero artista más bien, es insuperable a la hora de dejar una impronta, esa es la alquimia reservada al verdadero talento.

(A propósito, no hay mercadeo político, ni asesoría de imagen, capaz de igualar eso, es más, ni lo intenten, aquí entramos en el terreno sagrado de lo auténtico, que nunca es tan ancho y populoso como una tarima, una gira nacional o una campaña electoral, más bien, es lugar tan estrecho y apartado como la cima de la montaña más alta imaginable).

Y con respecto al país supuestamente “ignorante” que eligió a Gallegos, en su primera oportunidad soberana, cabe la pregunta, o al menos la reflexión acerca de: ¿Qué fue lo que nos pasó? ¿Para que, después de estrenarnos en la democracia, en forma tan gloriosa hace 68 años, eligiendo al mejor símbolo posible del intelectual volcado a la promoción de la civilización, ahora nos encontremos como nación, enfrentando a la barbarie?

Sí, Barbarie, léase bien, es BARBARIE, porque no otra cosa es lo que le sucede a una nación, cuando termina viviendo en el miedo, miedo a salir de sus casas-cárcel, miedo a caminar, a vivir, miedo a hablar, miedo a protestar, miedo a pensar en el futuro… cuando llegamos a esos niveles de miedo, es porqué hemos retrocedido a un estado de indefensión natural, en donde las fieras nos acechan, como en épocas prehistóricas, y cual rebaño inerme de simios tan sociables como asustadizos, sabemos que cualquiera de nosotros podría caer en cualquier momento, ante un depredador al acecho, pues bien, déjenme decirles que eso significa que HEMOS CAÍDO EN LA BARBARIE.

Dicho en el lenguaje simbólico de nuestro primer Presidente escritor: ya no vivimos en “Altamira”, nos volvieron a mandar para “El Miedo”…

Por 40 años logramos que a este país lo gobernaran CIVILES, desde luego estos civiles distaban en modo apreciable de ser perfectos, aunque con eso, deberíamos en consecuencia preguntarnos: ¿es que acaso éramos nosotros los perfectos?

¿Qué somos? ¿Un país loco? ¿Un país bipolar? ¿Un caso psiquiátrico colectivo? ¿O será que nunca hemos salido de un espejismo redentor, y Rómulo Gallegos, no fue otra cosa que, el primero de una larga serie de encarnaciones mesiánicas? (Quizás la más romántica)

En fin y para volver a aproximarme al campo de aterrizaje que me asignaron los jóvenes de la USB, sólo me queda comentar una frase que forma parte de mi concepción de la política, porque resume, engloba, todo el problema en cuanto al rol de los intelectuales, los pensadores, las élites, los liderazgos, con respecto al activismo político:

“La Vanguardia debe ser la expresión consciente, del movimiento inconsciente…”

Bueno, aquí hemos llegado al llegadero, porque si hay una disciplina, arte, oficio o vocación, capaz de aportar la transcripción necesaria para que toda vanguardia, pueda cumplir con esa función indispensable, esa es la literatura.

Y mejor que nadie.

El problema es que nada es más subversivo que la literatura, ella puede ser la mejor musa de todos los héroes pendientes, la gran calentadora de oídos, la inspiradora de nueva historia, porque la única literatura posible, real, en épocas de postración como la actual, debe ser una literatura hambrienta de libertad, golosa de liberación, libertaria, libertina, incitadora de la tentación, autora intelectual de toda desobediencia…

Si apareciese ¡Bienvenida sea! aunque tenga que circular, como siempre, por los bajos fondos, pendiente en cada esquina, de bajo perfil, a la sombra… ¡No importa!

La oscuridad todas las mañanas pierde, cuando el horizonte muestra lo que celosamente guarda…

@FBoccanera

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