ceguera

Luis Alejandro Contreras

Se vende a los niños, como razón de vida, la lucha por un puesto señero en el mundo. Mas, al final, lo que realmente tendrá cada persona que afrontar es un caso de honestidad para consigo misma: indagarse y encontrar cómo llegar a buen puerto ante el dilema de lo que se anhela ser -en y desde el fondo de símismo- y lo que hasta la saciedad se le ha predicado que “debe uno ser”, como parte de la sociedad.

Realmente se trata de una lucha entre la libertad -en su sentido más pleno e irrevocable, entendida como el libre albedrío de toda interioridad- y el peso opresivo de un statu quo que concuerdan en sobrellevar algunos y en defender otros como colectividad, aún a costa de estar conscientes de que ese peso es ya un padecimiento, una carga inllevable.Y con esa presión extraordinaria que establece la plutocracia globalmente organizada, sea que se predique en regímenes abiertos o cerrados sobre sociedades e individuos (pues, paradójicamente, multitud y persona son tan semejantes como desemejantes y a toda plutocracia se le hace necesario atacar al hombre por ambos flancos), es sumamente improbable que se pueda lograr un desarrollo armónico en el seno del espíritu humano. Al final son voces aisladas, muchísimas de ellas respetables y señeras, intentando develar los ancianos males de la humanidad, intentando abatir al basilisco imperante en el sueño que llamamos realidad; acaso sea muy poco lo que logren incidir en el seno de la humana naturaleza, pues sus voces son y han sido ancestralmente mediatizadas con escarnio por un ideal crematístico que se sustenta a sí mismo y que, inexplicablemente, todavía hoy defienden, como hipnotizados autómatas, las grandes masas de nuestras sociedades, desde aquellos que viven en la más paupérrima de las pobrezas -aunque en descargo de ellos hay que decir que no les queda otro remedio que ejercer su derecho a tal defensa, pues tienen que amoldarse a los “hechos” y buscar una vía para su humana subsistencia-, pasando por los ciudadanos que se encuentran en el medio de la escala plutocrática, acariciando el sueño de una Edad de Oro hipotecada, llegando hasta los que asumen una vida plena de comodidades y riqueza material como un regalo divino para el que hubieran estado predestinados desde el más allá.

La crisis del hombre moderno halla su razón de ser en el desgano de éste por respirar a su aire, pues relegó su alma a un escondrijo del lenguaje, siendo que ella le habita, con o sin su consentimiento, a trastiendas; es como si, por inadvertencia, un novicio desprevenido hubiere postergado el cuidado de un huerto sagrado y, luego, no hallara los medios para hacerlo florecer nuevamente. Los más grandes conflictos del hombre moderno deben su génesis a un desacato o desoimiento del alma individual, a una desatención de la cualidad vaporosa del espíritu y a un rechazo por todo lo volátil e incorpóreo; hallan razón de ser en una carencia y, es más, en ella se enquistan; y, aunque parezca extraño, es allí donde ganan todas las batallas los mecanismos del poder y sus dioses de aserrín; es por una carencia del espíritu que se imponen los patrones de conducta en los pueblos y es por esa misma carencia que se justifica todo exabrupto amparado en variopintos credos políticos, económicos o ideológicos. La pobreza -toda pobreza- nace y muere en nuestro pecho. (1) Cuánta sutileza encierra la palabra enseres, ese plural sustantivo derivado de en y ser. Nos lleva a presumir que hay un hálito de vida coexistiendo en aquellas cosas tocadas por mano del hombre; nuestras prendas personales se hayan pues en estado de ser.[2] Me permito reproducir el término Democracia del Diccionario, tal como aparece en la apreciada página: La palabra del día, http://www.el-castellano.org/Sistema político en el cual el pueblo ejerce el gobierno directamente o a través de sus representantes electos. Democracia proviene del latín tardío democratia y ésta del griego demokratía (gobierno del pueblo), formada por demos (pueblo) y kratein (gobernar), esta última proveniente de kratos (fuerza). En el siglo V A.C., durante el gobierno del estratega Pericles, surgió en Atenas un régimen político basado en decisiones populares. Los ciudadanos se reunían en laEkklesia o “asamblea popular” para deliberar y decidir sobre las grandescuestiones del gobierno. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de Atenas eran esclavos o metekos (extranjeros), mientras que los ciudadanos que efectivamente participaban en la vida política ateniense no pasaban del diez por ciento de la población. La democracia resurgió en Europa durante la Edad Media en lugares aislados, como en los cantones suizos y en algunas repúblicas alemanas o italianas, y el prestigio del término se fue fortaleciendo lentamente con el ascenso gradual de la burguesía. El primer registro de uso de democracia en español está datado en 1640; la palabra ya estaba incluida en el Diccionario de la Real Academia de1732 (su primera edición, conocida como Diccionario de Autoridades). No obstante, la voz democracia se hizo más conocida en la Revolución Francesa (1789), con la caída de la monarquía en Francia y la posterior democratización de los regímenes monárquicos en la mayor parte de Europa. Desde entonces, tanto los gobiernos basados en el capitalismo como los países comunistas de Europa y Asia, además de Cuba, se atribuyeron la calificación de “democráticos”. Sin embargo, la democracia ejercida directamente por los ciudadanos -tal como en Atenas- parece no ser viable en nuestro tiempo debido a la complejidad del Estado, que adopta formas representativas mediante las cuales el pueblo ejerce su soberanía por medio de representantes electos. A partir de democracia se formaron palabras derivadas, tales como demócrata, democratizar y democratización. Entre los peligros del régimen democrático se ha señalado el de la aparición de demagogos, vocablo formado por las voces griegas demos (pueblo) y agein (conducir). Los demagogos son líderes que seducen al pueblo con sus promesas y lo conducen por caminos equivocados. A pesar de este significado, demagogo fue inicialmente un título honorífico que se concedía en la ciudad griega a líderes populares y personalidades ilustres, como el reformador Solón ,reconocidos por la forma en que conducían al pueblo.[3] Sin dejar de anotar que, modernamente, el substrato filosófico de ciertas naciones del Oriente, tradicionalmente menos sustentado en lo deductivo-intelectivo que en lo sensitivo-contemplativo, ha cedido parte de esa virtualidad cósmica que innatamente ocupaba en el seno espiritual del individuo, para dar paso a un “metodismo de la idea” y, supremamente, a un culto exacerbado por la medición de todo acto humano, ambos originarios de Occidente.

Y globalmente se ha venido imponiendo, con fuerza y velocidad inusitadas, un apego al vivir sobre la base de una consumación pragmática. Pero las ideas prevalecientes en Occidente, ésas que amenazan con atenazar al mundo, no son precisamente las nacidas en el lecho del espíritu. ¿Cómo podrían haber nacido en tal lecho esas Moiras que incitan al hombre a evadir su promesa de ser hombre? Las genuinas ideas de Occidente, aquellas que nacieron en el corazón y en el espíritu de sus hijos, viven errando entre catacumbas.

Anuncios