Nucleo

Por Ofelia Avella

Que hay que organizarse es algo más que sabido. Lograrlo es, sin embargo, difícil. Estamos acostumbrados a dejarlo todo en manos del líder que actúa y decide, y así –confiando y esperando-, hemos caminado por años. Hemos madurado y aprendido infinidad de lecciones, pero el proceso continúa y la frustración, el agotamiento, y la crisis económica podría hacernos tirar la toalla o llevarnos a decidir salir del país.

Las crisis pueden exigir modos diversos de organización. Pareciera que la gran presión debería venir, en estos momentos, de la sociedad civil, quien poco a poco ha ido despertando y asumiendo su parte de responsabilidad. Hay que superar los viejos esquemas partidistas para terminar de comprender que la sociedad no existe sin sus ciudadanos. Ante el poder hegemónico del Estado, son los ciudadanos comunes quienes deben representarse a sí mismos y hacer valer sus derechos. Los partidos políticos constituyen una manera más de organizarse, pero NO es la única.

Es cierto que todos sabemos que si estuviésemos bien organizados la historia sería otra. Habría que preguntarse, sin embargo, qué hacemos cada uno y cómo estamos integrados en algún mínimo núcleo o grupo, que pueda a su vez alcanzar a las cabezas de otros núcleos o pequeños grupos que por tener la misma inquietud, están organizándose también en estos momentos. Lo que digo está sucediendo, no es sólo una sugerencia. La idea no es original, pues pareciera que el momento está siendo bien diagnosticado por muchos ciudadanos de a pie que no sólo quieren “hacer algo” por el país, sino que quieren también encontrar la manera eficaz de cambiar este modelo, de incidir realmente, cansados como estamos de esperar los lineamientos de un líder.

Intervenir activamente en un movimiento, en un núcleo comunitario que busque contactar a otros, en beneficio del país es –de hecho- el mejor modo de sentirse útil y superar la depresión en que nos sumiría esperar por el Mesías que venga a resolverlo todo. Esperar por intervenciones extranjeras, por las sanciones de EE.UU., por alguna justa decisión de los organismos internacionales, por la muerte de Fidel, o por la súbita aparición en escena de algún militar institucionalista que haga cumplir la Constitución, serviría sólo para aumentar nuestra pasividad.

Es evidente que alguna de esas situaciones podría ayudarnos a mejorar el escenario futuro, pero no es real hacer depender nuestra salvación de alguna circunstancia que no implique nuestro obrar. Hablar de “organización” puede sonar utópico y difícil de lograr, pero es posible. Que cada edificio y comunidad busque reunir un grupo que mueva a otros; que cada núcleo busque a otros pequeños grupos con la misma inquietud. Si obramos así nos asombrará descubrir que somos más de los que pensábamos. ¿Qué pasará después? Eso se irá viendo….Lo primero es ayudar a que muchos vayan tomando conciencia de que tienen que activarse y hacer algo por el país porque, de lo contrario, dependeremos siempre de las circunstancias, de la suerte o del tirano de turno –quien aprovecha el vacío y la pasividad de los demás.

Las muchas protestas –siempre válidas y necesarias-, pero sin objetivos más concretos, agotan y frustran. Organizarse en grupos pequeños ayuda a saberse efectivamente conectados y aunque suena a “proceso lento”, hay que saber que quizás lo será, sí, pues la mentalidad no se cambia de un día para otro. Un eventual suceso que nos llevase más rápidamente a la transición es deseable, por supuesto, pero el tejido social debe estar “tejido” para que haga las veces de malla que nos sostenga en los momentos críticos.

Hay muchos “auto-motivados” y otros miles desmotivados. Para organizar un verdadero y efectivo movimiento de resistencia hay que buscar a quienes vean esto con claridad, para alcanzar luego a las cabezas de los muchos pequeños núcleos desperdigados que existen en estos momentos. ¿El objetivo? Lograr conectarnos realmente y no sólo virtualmente, pues esto último será eficaz en la medida en que brote del contacto real. Además, urge sanar un tejido social descompuesto y en muchos casos desintegrado, pues aunque sean muchos los grupos que pululan por ahí, serán sólo focos mientras no se conecten.

La transición debería venir de abajo. La presión social debería llevarnos a que sea la sociedad civil quien exija la dirección a los que ahora dicen representarnos. Suena imposible si no hacemos nada. Todo es factible si cada uno se activa y deja de depender de otro que resuelva. La sociedad es una comunidad y lograr que efectivamente lo sea exige nuestro aporte. Sólo así, realmente conectados, llegará la hora de una masiva manifestación.

De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo: las fuerzas de oposición deben abrirse a todos los gremios e incluirlos en la orientación que buscamos. La sociedad debe presionar para que así sea. Es hora de tender hacia una gran unidad, cada vez más articulada y fuerte.

Ofeliavella@gmail.com
@Ofeliavella

 

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