dictaduras

Por Rocío Linares

 

Alrededor del 34% de la población mundial, unos 2.377 millones de habitantes, viven bajo el yugo de dictaduras en la actualidad, según el informe de 2013 sobre la libertad en el mundo realizado por Freedom House. Hay que tener en cuenta que más de la mitad de ese total vive en un solo país: China. La primavera árabe derrocó con efecto dominó a algunos de los mayores tiranos del siglo XXI pero en el mundo todavía hay 47 dictadores en el poder repartidos por el planeta.

El informe recoge que un 23% de los habitantes del mundo vive en un régimen parcialmente libre, repartidos en 58 países que se encuentran en esta categoría. Como dato positivo, el número de países libres aumentó en tres desde 2012. Ahora se sitúa en 90 -que representa un 46% de los 195 sistemas políticos actuales- con el 43% de la población mundial, más de 3.000 millones de personas.

Asia, con 19 dictaduras, y África, con 16, son los continentes que concentran mayor número de regímenes autoritarios. El profesor y experto en Relaciones Internacionales, Isidoro Jiménez, explica a este respecto que “muchos países asiáticos y la mayoría de África son estados con décadas de vida, que estuvieron sometidos a metrópolis con un objetivo económico pero sin contemplar las libertades”. “Con la descolonización, una élite dirigente tomó el poder que hoy conserva. Bien distinto es el caso de China, o Corea del Norte, regímenes resultantes de un status quo que se remonta a la Guerra Fría del siglo XX”.

La caída del corrupto Ben Alí en Túnez, del faraón Mubarak en Egipto y de Gadafi en Libia, tras el inicio de las revueltas populares de la primavera árabe, prometió liberación para miles de personas pero dio lugar a que se “recrudecieran las reacciones” de los tiranos gobernantes en el Medio Oriente, con importantes perjudicados como Irak, Jordania, Kuwait, Líbano o Siria, entre otros, donde se registraron retrocesos en cuanto a libertad. Al menos, así lo pone de manifiesto el informe.

Lo que empezó con entusiasmo, visto como un proceso democratizador, no ha conseguido el propósito final que se anhelaba. “La transición, una vez derrocado el dictador, no está siendo buena y la inestabilidad social, los intereses propios más que del conjunto y los disturbios están minando los avances”, afirma Isaac Á. Calvo, analista de Internacional del periódico LaSemana.es. “En algunas dictaduras hay una especie de pacto de coexistencia y tolerancia entre poder y población. Muchos habitantes se han acomodado a tener ciertas libertades y sus necesidades principales cubiertas, aunque no puedan elegir a quien les gobierna”. Esta situación demuestra que el sistema de libertades de Occidente no tiene que exportarse a todo el mundo obligatoriamente.

 

OCCIDENTE MIRA DESDE LEJOS

Las potencias occidentales aplaudieron los levantamientos populares contra los dictadores y sintieron, en parte, el triunfo de su sistema democrático en el continente africano. No obstante, con los resultados a la vista: del caos de Libia a la incógnita de la nueva transición en Egipto, los problemas del terrorismo y de enfrentamiento entre musulmanes en el norte, o las tensiones entre pueblos y países del África subsahariana, las pretensiones democráticas quedan en segundo plano, mientras los conflictos masacran poblaciones y convierten los países en territorios ingobernables.

Desde antes del estallido de la primavera árabe, el profesor Isidoro Jiménez comenta que “la comunidad internacional ha actuado tarde y mal cuando se ha permitido que líderes regionales, con contactos y formación en Europa y EE UU, han hecho en sus países lo que han querido”. “O cuando se ha consentido, e incluso impulsado, que algunos países, por ejemplo en el norte de África, hayan mantenido sistemas dictatoriales a cambio de ayudas económicas sin importar la situación de los pueblos”.

Por su parte, el periodista Isaac Á. Calvo señala que “aunque tanto Estados Unidos como la UE aboguen por la democracia en el mundo, no dejan de ser pragmáticos. Es decir que, si hay interés, no tendrán reparos en mantener y fomentar relaciones con dictaduras”.

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