ideología 2

Por Eva Feld

Puede ser que ayer se haya producido un punto de inflexión en el ejercicio político cuando Ernesto Villegas se reunió con la dirigencia de la comunidad judía de Venezuela. Mientras el nieto de inmigrantes  judío polacos de apellido Radonski, supervivientes del holocausto y  prósperos empresarios hace gala permanente de un ferviente y devoto cristianismo, Ernesto Villegas, hijo de inmigrante  judía polaca y comunista y de un dirigente obrero venezolano, desmonta varios lugares comunes que colocan a los judíos bien sea en el trillado repertorio denigrante que los acusa de usureros, culpables de la muerte de Jesús y aliados del imperialismo yanqui por un lado y por el otro de ser los abanderados de la causa marxista desde su fundación y a través de numerosos episodios positivistas.

Si la visita de marras pudiera tener en Venezuela una lectura ajena al sectarismo dominante, podría suponer un importante cambio en el tablero. Sería el primer movimiento estrictamente político que hiciera un dirigente del chavismo, independiente de las gríngolas impuestas por la mediocridad reinante. A lo mejor el hecho haber crecido en un familia de clase media baja, en un barrio popular, en una familia numerosa de valerosos padres que les inculcaron valores a sus hijos y haber estudiado Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela, la casa que vence las sombras, y el posgrado en estudios políticos en la Universidad Simón Bolívar  han hecho posible que haya dado un paso tan acertado. Lo habrá conversado con Vladimir, su hermano disidente del chavismo, y con Mario, su hermano antichavista? La respuesta es irrelevante, lo importante radica en que viene de una familia en la que  se puede disentir sin que se rompa, sin que se odien, sin que dejen de hablarse. Son ocho hermanos, saquen la cuenta de su entrenamiento en el manejo de la palabra, de las decisiones y del respeto mutuo…

No han de faltar quienes critiquen tanto a Ernesto Villegas como a los judíos de Venezuela, acusándolos a ambos de oportunistas. Al primero de buscar acaso apoyo financiero, a los segundos de procurar garantías y seguridad de resultar electo. De eso se trata la política, de buscar alianzas, de tender puentes, de bajar el tono urticante impuesto por la polarización mediocre. Que se rompan las preconcepciones. Que  un nacido de viente judio pueda invocar a los santos  sin que se le tilde de ultraderechista y curero y  que el otro, también nacido de vientre ezquenazi pueda acercarse a la comunidad judía a encontrar puntos de armonía. Que la raza, la religión y las convicciones políticas vuelvan a su cauce. Que la política pueda volver a significar la búsqueda del bienestar colectivo.

También entre  Nicolás Maduro  Moros y de Enrique Capriles Radonski existen coincidencias, ambos apellidos paternos son de origen sefardí .  Probablemente ambos abuelos conservaron con orgullo, como legado de sus ancestros, las llaves del hogar en la península ibérica  del que fueron expulsados sus antepasados. Ambas familias emigraron y fueron perseguidas, ambos adoptaron su nueva nacionalidad americana con amor y emprendimiento. Ambas familias llevan a cuestas generaciones  integradas y forman parte de Venezuela y ambos son acusados por los extremistas mediocres y caraduras de extranjeros. Ni Maduro es colombiano,  ni Capriles es polaco, ambos son venezolanos.  Ambos tendrían que elevar la mirada, como dice TLM, para contribuir no a reconstruir la urdimbre desvencijada de la cuarta república ni a desmantelar los telares alternativos sino favorecer la aparición de nuevas ideas, nuevas redes, nuevos puntos de costura, con palabras cargadas de significado, con ideas originales que faciliten la circulación y la respiración  de los ciudadanos. Y digo favorecer porque la tarea no es solo para ellos

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