Super agente 86

 

Por Antonio Limón López

Todos sabemos que Estados Unidos sostiene un gran sistema de espionaje mundial, también sabemos que Rusia e Inglaterra espían a su vez a todos los países que pueden, también México espía en estos momentos a Nueva Zelandia, o al menos eso espero. El espionaje no se reduce al campo de lo militar, sino que también se espían a los políticos, a los organismos de todo tipo, de derechos humanos, de justicia. A los gobiernos de todo el mundo les interesa tomarle el pulso económico, político, social y militar a Estados Unidos, a Rusia, a Francia e incluso por increíble que parezca, a México.

El espionaje es tan antiguo que ya lo practicaban los persas, los griegos y los romanos, y si bien siempre han existido sensibilidades que lo consideran una conducta indigna, hoy en día, después de las dos grandes guerras mundiales, de la Guerra Fría y de decenas o cientos de guerras y guerrillas a lo largo y ancho de este planeta, el espionaje es visto como lo que es, algo benéfico.

Saber siempre es bueno para todos y si bien todos tenemos secretos también queremos que lo sigan siendo, y si como ciudadanos simples podemos exigir respeto a nuestra intimidad, el hombre de estado no goza de este privilegio y nada puede hacer contra la revelación de sus secretos, en especial cuando estos entrañan conductas indignas, amorales, anti patrióticas. Gracias a las grabaciones de la oficina del presidente Nixon los norteamericanos se enteraron del lenguaje soez y ofensivo con el que se expresaba este hombre de estado y por ello su desprestigio fue absoluto. Algo que a la postre fue bueno para todos.

En la Segunda guerra Mundial los servicios de espionaje lograron capturar una maquina “Enigma” de la Alemania Nazi y descifraron sus códigos con lo cual los aliados tomaron una importante ventaja táctica. Fueron científicos americanos los que proporcionaron a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas toda la información necesaria para fabricar bombas nucleares, lo cual contribuyó al equilibrio bélico y a su vez, fueron científicos soviéticos los que informaron a Estados Unidos de las redes de espionaje dentro de su gobierno.

Humboldt proporcionó a la joven nación norteamericana toda la información militar, económica y demográfica de la Nueva España, con lo cual Estados Unidos creó el departamento de Guerra contra nosotros después de conocer nuestras enormes y descuidadas riquezas, esto fue gracias a este ilustre sabio alemán, naturalista, escritor, científico, viajero y formidable espía.

El espionaje rompe los secretos, y los secretos salvo algunos excepcionales son siempre malignos, así que romperlos, descubrir lo que ocultan siempre es bueno, por lo demás todos sabemos de la inevitable existencia del espionaje. El único problema es que al espía lo descubran espiando, que lo agarren “con las manos en la masa” eso no solo es malo, es peor que eso, es simplemente algo indecoroso, feo, algo que abochorna, que da vergüenza.

Edward Snowden, como otros norteamericanos antes que él sintió repugnancia moral por el juego doble de su país, el cual conocía directamente como uno de los contratista encargados de los sistemas informáticos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), a cargo de clasificar los cientos de millones de datos derivados del espionaje. En el pasado lo normal hubiera sido que entregara discretamente esa información a la URSS, es decir que se convirtiera en espía doble, pero nada parecido se le ocurrió a este escrupuloso norteamericano, así que hizo lo que nadie antes hubiera siquiera imaginado, filtró esa información por el internet, no a una potencia especifica sino a la opinión pública mundial, la deslizo genialmente a los grandes medios informativos del mundo y a cada uno de nuestros hogares y para cuando la NSA se dio cuenta, ya millones de datos eran resorteados desde la red a todo el planeta “y más allá”.

Las revelaciones de Edward Snowden conmocionaron al gobierno norteamericano más que la amenaza nuclear de Corea del Norte o el uso de armas biológicas en Siria y esas filtraciones no se han quedado en un punto terminal, sino que siguen lloviendo como nuevos hechos que a nadie sorprenden, pero que ruborizan hasta a los más  atildados embajadores, ahora convertidos en vulgares tapaderas de sucios fisgones.

Esta carambola de secretos pequeños y vergonzantes divulgados impúdicamente al mundo originó una ola de ofendidos, no es que a los espiados les importe la revelación de sus secretos, pero es una oportunidad grandiosa para darse importancia de héroes. El más destacado es el presidente François Hollande de Francia, que descubrió la enorme veta propagandística depositada en las divulgaciones de Snowden, según las cuales fue espiado por la NSA. Francia además de ser una superpotencia aliada de Estados Unidos, es también la nación más chauvinista y xenófoba de la historia mundial, que odia sincera y cordialmente a todo el resto del mundo pero en especial a todo lo norteamericano (excepto a los dólares). Así que este cóctel explosivo terminó por estallar, Francois Hollande casi declara la guerra a los norteamericanos.

El pobre de Barack Obama ya tuvo que pedirle disculpas al astuto galo, que desde que dejó de ser el simple Monsieur Hollande para ser el candidato socialista al gobierno en octubre del 2011, se transformó en objeto de espionaje por parte de Estados Unidos, de Rusia, de Inglaterra y de todo el mundo, así que su fingida indignación le puede dar unos cuantos cientos de miles de votos para reelegirse como el francés que obligó al todopoderoso presidente norteamericano a pedirle disculpas. Acosado por Le Monde James Clapper, Director de la NSA solo atinó a decir que Estados Unidos “solo recoge información del tipo que recogen los países del mundo” y pidió clemencia: “Estados Unidos da mucha importancia a nuestra larga amistad con Francia”,  y “Continuaremos colaborando en materias de seguridad e inteligencia”.

El ministro de Exteriores francés Laurent Fabius, convocó de inmediato a Charles Rivkin, el ahora sufrido embajador de Estados Unidos en ese país y calificó a las prácticas del gobierno norteamericano como “inaceptables” y esto lo divulgó Francia con un tono indignado y sin que importaran los oficios de John Kerry.

En México José Antonio Meade Kuribreña, el siervo de Felipe Calderón y que se desempeña como Secretario de Relaciones exteriores de México, encontró en este asunto la oportunidad de servir a la vanidad infinita de su amo residente en Harvard y al presidente de México Enrique Peña Nieto, su patrón, pues ambos fueron también espiados durante las elecciones del 2012, así que imitando a Laurent Fabius, convocó al embajador Anthony Wayne para que “investigue”, cosa que dejó perplejo al sorprendido embajador, ya que no hay nada que investigar, pues es un hecho que la NSA interceptó correos electrónicos y vamos, hasta llamadas telefónicas de estos personajes mexicanos y seguramente también de López Obrador y de Josefina Vázquez Mota.

Mientras que Enrique Peña Nieto ha guardado discreto silencio sobre este divertido e irrelevante asunto, Felipe Calderón ha brincado de su harvardiana sepultura para hacerse el héroe, el defensor del pueblo mexicano y para sacar toda la raja que pueda. Aunque a pesar de su indignación flamígera no parece dispuesto a renunciar a su beca ni a quemar su visa, cosa que ni por mal pensamiento le ha pasado por su astuta y oportunista sesera. Ni que todo esto fuera algo en serio!

 

Por Antonio Limón López.

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