medios electrónicos

Alfonso J. Palacios Echeverría  

 

Uno de los aspectos a considerar en las reflexiones actuales sobre la democracia es que la discusión pública cotidiana que continúa en este primer decenio del Siglo XXI, tiene que ver con una fuerte tendencia de inclusión de los medios de comunicación social como actores (¿políticos?) en el proceso democrático. Los medios, al intervenir activamente en la priorización de temas y valoraciones en la discusión diaria, son objeto de reflexión en torno a su relación con el proceso de constitución de hábitos mentales que han venido configurando la manera de entender hoy día las reglas del juego en la práctica política y, en consecuencia, la democracia.

Por ejemplo, una actitud complaciente o que le otorga poca importancia a los casos de corrupción perpetrados por gobernantes o empresarios por parte de la prensa tradicional, tiende a crear en la mente de los ciudadanos una lasitud moral y ética que se manifiesta en la generalización de conductas corruptas hasta en los casos más simples del acontecer cotidiano. Y allí está el germen más destructivo que atenta contra la democracia.

Pero los análisis realizados por estudiosos del tema que tiene que ver con la relación de la democracia con los medios de comunicación (por lo general tradicionales)  no es hasta ahora que empiezan a ocuparse con mayor seriedad de los medios electrónicos, su papel en la comunicación de las masas, de transmisión de noticias vistas por los actores y espectadores, sin que medie el “filtrado” de los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) y su importancia para impulsar movimientos importantes, como el que se gestó con la “primavera árabe”, que por cierto está empantanada en Siria y se ha convertido en un largo y crudo invierno de mortalidad, destrucción e irrespeto de los más elementales derechos humanos.

Al revisar la relación medios-democracia, principalmente a partir de las prioridades que desde la agenda periodística establecen una representación mediática asociada a los asuntos de Estado y su relación con los distintos actores sociales, encontramos temas sumamente interesantes que requieren alguna consideración de nuestra parte.

En primer lugar, con relación al tema de la democracia, Robert Dahl expresa: “…el mismo hecho de que la democracia posea una historia tan dilatada, ha contribuido a la confusión y al desacuerdo, pues `democracia` ha significado muchas cosas distintas para gente diferente en diversas épocas y lugares” (1999). La democracia, culmina Dahl, “es un tanto incierta”.

Así, se ha llegado a hablar de “grados” de democracia, dándole paso a un concepto amplio, en el que, más allá de su aplicación real, ha tenido gran peso la disposición de los colectivos a interpretarlo como válido. Y cuando hablamos de interpretación, acudimos a ese “significado” de muchas cosas del que habla Dahl, cuyo referente principal depende de una socialización de hábitos que valorizan (cada sociedad y época a su manera) la figura de Estado y Sociedad Civil.

En su recorrido como propuesta conceptual por la historia de la Humanidad, la democracia ha estado asociada a categorías de pensamiento como libertad, participación e igualdad. Principalmente en la historia del siglo XX, estas categorías se han debatido en grandes dicotomías que al cerrar el siglo mantenían su vigencia, se agotan o reproponen temas como: mayor o menor Estado; colectivismo o individualismo, entre otros.

Por su lado, los medios, tras una ocupación inversamente proporcional a la de los partidos políticos a finales del siglo XX, obtuvieron un sitial importante en el espacio de credibilidad del colectivo, que no debe soslayarse en los últimos estudios de la democracia, por más contracorriente que se le vea frente a las teorías clásicas. Al incidir éstos en ese espacio de mediación entre gobernantes y gobernados y en la construcción de la racionalidad en torno a lo público, cambian considerablemente las condiciones de la democracia, ofreciendo cuadros complejos sobre los cuales autores como Vallespín (2000), Dahl (1999) y Bobbio (1992), desde la Ciencia Política han abordado prudentemente.

Entendida la democracia dentro de mecanismos de interacción colectiva que involucran la construcción permanente de significaciones y sentidos, es decir, como una “elaboración social” que permanece en un tiempo determinado, podemos definirla como un objeto de Representación Social, en el que se involucran elementos que refuerzan valores y creencias.

Esta perspectiva pretende ubicar la explicación del pensamiento social, a partir de posturas como las siguientes: “…la actividad mental que está al origen de la representación social permite a un conjunto social apropiarse de la realidad, a partir de un trabajo de construcción y reconstrucción destinado a volverla significativa, pero siempre en sintonía con el sistema de juicios y evaluaciones que le es propio, dependiente de la historia del grupo y del contexto social…” (Calonge, 2001, p. 18). Con ello, podríamos hacer una revisión de la democracia como objeto social derivado en una representación simbólica del día a día, en la que los medios inciden de acuerdo a su forma de actuar, generada por presiones distintas.

En una democracia en construcción y con una sociedad civil con pocos espacios como la nuestra, es importante que la ciudadanía asuma una mayor responsabilidad y control de las instituciones que garantizan su fortalecimiento. Por esto es decisivo que los procesos democráticos se consoliden con una actitud ciudadana responsable, activa y vigilante de sus derechos; entre los que se incluye el derecho a estar bien informado. Para lograrlo, es fundamental crear mecanismos para que los ciudadanos puedan evaluar la calidad de la información que reciben. Entre ellos aparecen los medios electrónicos independientes y las redes sociales, como una forma nueva, ágil e independiente de transmisión de información y de creación de opinión.

Los medios ejercen una importante influencia en la concepción que las personas tienen de la realidad. Aquellas entidades de la sociedad que no pueden acceder a espacios significativos, resultan prácticamente invisibles a la opinión pública. Se les impone así un silencio difícil de romper. Por otro lado, existen actores sociales con una sobre representación mediática que les otorga una “mayor importancia” en la vida pública. Por eso es indispensable que la sociedad civil organizada sea capaz de generar iniciativas de observación y supervisión del desempeño mediático relacionado con la actividad política, lo que justificaría la creación de un órgano receptor de quejas ciudadanas sobre medios de comunicación

En el caso específico de nuestro país, es importante resaltar la concentración de los medios de información, porque deja de lado aspectos relevantes de la libertad de expresión como lo son la pluralidad, la veracidad, el derecho de réplica de los actores involucrados en la información. Las prácticas corporativas suelen generar noticias que no responden a las necesidades ciudadanos, sino a intereses específicos de particulares, lo que puede poner en riesgo el interés público asestándole un golpe a la democracia.

Darle poder a los ciudadanos, implica, entre otras cosas, impulsar el conocimiento del marco legal que rige el comportamiento de los medios de comunicación; transparentar las relaciones entre los diferentes niveles de gobierno y los medios de comunicación; promover la responsabilidad pública y social de los medios; generar la discusión pública sobre leyes, regulaciones y decretos en todos los niveles de gobierno; y sobre todo, incentivar a la sociedad civil a que vigile el funcionamiento informativo vinculado con la libertad de expresión; la pluralidad; el equilibrio; la veracidad y el derecho de réplica en los medios.

Debido a lo anterior, insistimos: es importante crear mecanismos ciudadanos independientes que monitoreen cómo son presentadas las noticias a la población. El desarrollo de actividades cívicas a través de la deliberación democrática, la observación de procesos políticos y la generación de información veraz y oportuna, convertirá a los ciudadanos, en constructores de una sociedad civil más fuerte y un país más democrático.

Los medios de comunicación son palancas, pero también obstáculos para la democracia. Allí se expresan todos aquellos que aspiran a influir en la vida pública, pero en los medios además se encuentran algunas de las principales limitaciones a la diversidad y la libertad de expresión.

En las más variadas latitudes, a los medios se les relaciona cada vez más con la posibilidad de mejorar la calidad de la democracia contemporánea y de esa manera contribuir –o no– a la gobernabilidad. Los medios también pueden ser instrumentos de opacidad y no de transparencia, con frecuencia propagan falsedades y no únicamente hechos verificables, sus contenidos suelen estar saturados de trivialidades y los espacios para la deliberación y la reflexión escasean.

En conclusión, el significativo desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación ha tenido fuerte impacto en las diferentes esferas de la vida social (económica, política, jurídica, etc.), razón por la cual algunos autores denominan a la sociedad actual sociedad de la información, haciendo énfasis en uno de sus principales elementos como son los avances tecnológicos que han facilitado la vida cotidiana, y simplificado y vuelto eficientes multitud de procesos (Rodríguez, 2004), en el ámbito laboral, familiar, empresarial, no siendo para nada el campo político la excepción.

Las implicaciones políticas de las aplicaciones de las nuevas tecnologías no se han hecho esperar, y es que la utilización de los medios tecnológicos como revolución intrasocial se ha diseminado, haciendo inevitable su aplicación desde ya en actividades relacionadas con los derechos políticos de los ciudadanos: libertad de opinión, de información, de pensamiento, etc. Queda entonces patente las inmensas posibilidades que tienen las nuevas tecnologías de ponerse al servicio del ideal democrático, es decir, de profundizar la democracia, constituyéndola en una nueva forma, que desde ya se aprecia en la vida cotidiana, la Cyberdemocracia, democracia digital o democracia Electrónica, aquella que se ejerce a través de los nuevos medios tecnológicos de comunicación e información.

Realicemos un intento definición o conceptualización, sólo un intento, por eso preferimos llamarla, una noción, porque las aplicaciones de las nuevas tecnologías a la democracia electrónica están en pleno desarrollo y en consecuencia, en desarrollo también su teorización.

En términos sencillos, la democracia electrónica, democracia digital o cyberdemocracia, será el ejercicio de los derechos políticos propios de los regímenes o gobiernos democráticos a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación, verbigracia, el Internet. En esta era digital, los derechos y libertades democráticas son ejercidos informáticamente, en efecto, la libertad de expresión, de pensamiento, de información, de discusión, de decisión, de influencia sobre las decisiones públicas, se ejercen a través de estos nuevos mecanismos.

Esta nueva democracia, merece su propia definición o categoría, porque el impacto de las nuevas tecnologías con su propia esencia y contenido, le imprime cualidades y elementos nuevos a la democracia, que la hace distinta a las otras formas de democracia tradicionalmente conocidas, como democracia participativa, representativa, etc.

La democracia electrónica está en estos momentos en plena elaboración, se está construyendo, según nuestra opinión con ensayos y errores, a través de un proceso donde se aprovechan las ventajas de las tecnologías para profundizar la participación democrática de los ciudadanos, pero también con la asunción de diversos riesgos, siendo a nuestro entender clave para solucionar esta paradoja, la cultura democrática de los ciudadanos, la cual es capaz de alertar sobre las posibles fallas que podrían traer en palabras de Zubero (1998) una involución democrática y también para solidificar y consolidar los aciertos.

Bajo una concepción, esta aproximación a la democracia entenderá que los ciudadanos deben ser tanto actores como espectadores del juego democrático. La aceptación de la diversidad será el principio básica para que, a partir del reconocimiento mutuo, los ciudadanos puedan participar de forma efectiva en las tareas de gobierno.

No obstante, este modelo es consciente de los límites que tiene la diversidad, y, con la finalidad de evitar la extrema fragmentación cultural y de los valores políticos desea que la discusión y la interrelación virtual fomente el intercambio de pareceres que conduce al reconocimiento mutuo necesario para el surgimiento del sentido de comunidad. El discurso electrónico será pues el nexo político entre Estado y Sociedad, nunca más unidos que bajo este modelo.

Las comunidades y redes electrónicas se convertirán en el principal nexo de intermediación entre ciudadanos, y entre éstos y los poderes políticos. Dichas redes funcionarán a modo de foros y asambleas públicas abiertas a todo el mundo y pautadas por procedimientos de deliberación que aseguren que el mejor argumento es el que gana. Asimismo, dichas las decisiones gestadas en dichas comunidades y redes tendrán una traducción efectiva en accesiones públicas que contarán con el consentimiento de la sociedad civil.

Para que la intermediación de las comunidades y redes electrónicas traslade adecuadamente el sentir y la racionalidad de la ciudadanía a los poderes públicos, será necesario que los procedimientos deliberativos que se producen en el seno de las mismas fomenten el desarrollo de competencias y de la identidad común. Es decir, de capacidades técnicas y del sentido de pertenencia a una comunidad plural de identidades múltiples.

Bajo esta visión de la democracia, la asimilación de las nuevas tecnologías por la política tenderá a valorar y reconocer la importancia de los medios de expresión de la opinión pública y, en especial, a los medios de comunicación. Por esta razón, tanto las organizaciones civiles como las organizaciones corporativistas, pero sobretodo la prensa virtual deben guiarse por procedimientos limpios, representativos y racionales que garanticen una efectiva expresión de la mejor conciencia ciudadana posible. Mata (1994) sostiene que la escena se ha desplazado.

 

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