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Democracia siglo XXI

fecha

enero 15, 2013

El río color de ceniza

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Teódulo López Meléndez

Alea iacta est (“La suerte está echada”) exclamó Julio César ante el Rubicón, para agregar en griego de Menandro, su dramaturgo preferido, “Qué empiece el juego”.  Desde entonces, y hasta nuestros días, la frase se ha convertido para la política en una expresión clara de comenzar un episodio que no permite el regreso, que no autoriza una vuelta atrás, el inicio de una acción irreversible hasta sus últimas consecuencias.

Es de extrema peligrosidad cruzar el Rubicón. Se aconseja para la flexibilidad del juego político no cruzar el Rubicón. Para Julio César, aún teniendo detrás las legiones estacionadas en Galia, cruzar el Rubicón era peligroso ante la república romana. Hasta Julio César vaciló ante el río turbio.

Los envalentonamientos teniendo la legalidad son una cosa. Envalentonarse desde su duda, otra. Envalentonarse desde una situación de facto implica multiplicar los riesgos de cruzar el Rubicón. Hemos asistido en seguidillas a todas las amenazas, con formas distintas, desde la proclamación de una condena a lo que han llamado “formalismos burgueses” hasta la proclamación de la doctrina oficial bajo un resumen rotundo que formulamos en ejercicio de la síntesis: “Hacemos lo que nos da la gana”.

No puede ser considerado un gobierno de Iure el que está instalado en una república presidencialista que no tiene presidente. Es, obviamente, un gobierno de facto. No lo ha dotado de legalidad una decisión de un poder dependiente con su barniz aguado. No sabemos si la escalada de envalentonamiento viene de un temor oculto, más bien pensamos proviene de un complejo, uno que llamaremos “complejo de golpe”, aproximando este al que siente el secuestrado por sus secuestradores, aunque en el caso narrado lo sientan los últimos.

No se trata de desconocer a un vicepresidente, como erróneamente ha señalado algún columnista. Se trata de reconocer que no existe un presidente en funciones de su cargo. Se trata de mantenerse coherente con todo lo que se ha dicho de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia y con todas las solicitudes, vía cartitas, a la OEA, Mercosur y el Parlamento Latinoamericano. Se trata de mantener un principio, no de desconocer la situación de facto. ¿Con qué cara la oposición escribe a organismos internacionales pidiendo pronunciamientos y reuniones de urgencia con sus gobernadores instalados en el Consejo Federal de Gobierno o con sus diputados instalados en la sesión de la Asamblea Nacional cuando el texto constitucional dice que “personalmente” el Jefe del Estado deberá presentar Memoria y Cuenta?

No se trata de desconocer a un vicepresidente. Se trata de reconocer que el gobierno de la república es de facto, lo que es muy distinto Vladimir Villegas. Y se reconoce la existencia de un gobierno de facto porque la oposición es absolutamente incoherente, desmelenada y sin fuerza. Al asistir a los actos mencionados se reconoce la legitimidad del de facto. Ello podría significar para la oposición un cruce inocente del Río Turbio de Variquecemeto (voz chaquetía, río color ceniza), sin legiones, Ramón Guillermo Aveledo. No se trata, pues, de desconocer al vicepresidente Maduro- está allí, habla y manda-, se trata de calificarlo, lo que es muy distinto Vladimir Villegas.

Un gobierno de facto se caracteriza por quebrar el ordenamiento constitucional, hacer surgir formas “extrañas” de generar Derecho, concentración de todos los poderes del Estado, reconocimiento internacional –como lo tiene el de Maduro- en base al principio de efectividad, es decir, es obedecido como poder estatal en su territorio.

Un gobierno de facto es un sujeto de Derecho, especialmente del Internacional, por lo que no entiendo aseguren no tendrá validez alguna lo que firme. Pueden imputársele deberes y poderes. Si gobierna sobre su territorio tendrá legitimidad para comprometer al Estado con sus actos. Por lo demás, la jurisprudencia internacional ha dicho en repetidas ocasiones que los actos de los gobiernos de facto obligan internacionalmente al Estado. Es la legitimidad lo que ha otorgado la oposición al presente gobierno de facto,  es la legitimidad.

Pero al lado de la disquisición jurídica, la cual ruego me disculpen, está la practicidad política. En la presente situación venezolana, mientras el gobierno de facto amenaza y la oposición cruza el río color ceniza,  hay otro factor de hecho. No se podrá mantener por mucho tiempo, más bien lo veo corto, este gobierno como uno de facto, por lo que la única manera de convertirse en uno de Iure es convocando a elecciones. Medir los tiempos del presidente enfermo y contrastarlos con las del aspirante Maduro puede ser una práctica que nos conduzca de nuevo al teatro peligroso, vamos a llamarlo del absurdo, con las consecuentes disculpas a Ionesco, porque citar a Menandro fue cosa de Julio César.

Las condiciones de esas elecciones y sus previsibles resultados son otro tema, objeto de otro banal texto que escribiremos. Peor sería escribir uno sobre un aplazamiento indefinido.

tlopezmelendez@cantv.net

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El kitsch avanza por la pantalla: liberar la sala Plaza de pentecostales

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Por Ricardo Viscardi

Marx sostenía que “la historia avanza por el mal lado”, en cuanto el impulso revolucionario también se prepara a través de los golpes marrados[1]. La ocupación de la pantalla invierte esa fatalidad del porvenir, ya que adopta lo más previsible para convertirlo en éxito. De Marx hasta Eco hemos ganado en mentar, es decir, en usar los signos en aras de los designios[2],  antes que para transformar la realidad según un destino trascendente.

Este salto intransitivo de la transformación semiótica explica que el kitsch haya sido dudosamente promovido, de criterio estético a política de Estado, en un sentido contrario al de la Reforma del Estado tupamplista[3], que se propone convertir a los funcionarios públicos en feligreses de la eficacia privada. En cuanto intentamos birlar una sala culturalmente estratégica a la Iglesia Dios es Amor  (pentecostales), estamos librando una batalla por la escena, que hoy sólo se entiende tal como los pentecostales la libran, en tanto efecto local de una pantalla global.

 Ante el avance religioso en terreno cultural deprimido, el sentimiento predominante en la comunidad uruguaya se sazona de cierto desencanto, que conoció un episodio inaugural hacia fines de los 80’, con el comienzo de las emisiones de propaganda de fe en la radiofonía uruguaya.  No se trata ahora, ni tampoco se trataba por entonces, de una desaprobación particular de la iglesia Dios es Amor (ni de cualquier otra creencia, inclinación o desviación de las costumbres), sino de una percepción medular que  vincula la difusión cultural con la laicidad en materia de religión. Esta inclinación colectiva uruguaya viene a ser confirmada, entre la opinión pública, por el saco roto en que han caído las convocatorias de la propia Iglesia Católica, que recientemente condenó el matrimonio igualitario y la interrupción voluntaria del embarazo.  El sentimiento arraigado por estos lares confirma que cierta gema destella, en el confín de la comunidad, confiada a una secularización radical de las creencias.

Cabe anotar incluso, que la convocatoria a devolver la sala del Plaza a la escena artística, en cuanto se afana declarativamente en descartar cualquier finalidad anti-religiosa[4], pauta cierto repliegue de la inclinación propia de la tradición uruguaya. En particular, porque no parece que  un credo que predica una realidad milagrosa,  pudiera utilizar la sala Plaza para favorecer la sensibilidad civilista, crítica y universalista que pauta la tradición del mismo país.

 Si a lo anterior se objetara que el Estado uruguayo ha discernido, en el propio monumento a Iemanjá, iguales derechos a la representación cultural para todos los miembros de la ciudadanía, cabría acotar que en la engorrosa atribución de tal universalidad ciudadana consiste el galimatías político del presente. Como el mismo término lo invoca, un galimatías no consiste en la acepción unívoca y ordenada, sino en la profusión textual que no llega a orquestarse en un único orden de lectura. Cierto “universalismo de la diferencia”[5] supone que la identidad ancla en cada quien y no en la igualdad de cada uno por separado, por más que tal igualdad denunciara su frivolidad en la proverbial sentencia “algunos son más iguales que otros”. En cuanto estampa la paradoja de la igualdad en la sintaxis, esa expresión igualitarista denuncia la defección de una perfección que hizo mutis por el horizonte del presente: la igualdad del Soberano consigo mismo.

Igual consigo mismo, se deviene idéntico a la diferencia que se sostiene en cada quien. De tal manera, habrá ciudadanías femeninas, de extranjería, homosexuales, confesionales, marginales, etc. como otras tantas traducciones,  a un sí mismo impar, de una misma condición dispersa entre todos. Esta diferenciación por  singularidad reivindicada supone una libertad de decirse a sí diferente, según una narrativa del yo por cuenta propia.

Tal libertad de diferenciación exige una capacidad de expresión de las opciones singulares, que a su vez requieren  una proliferación de los canales de manifestación pública, sostenidos en el despliegue tecnológico. Tal desarrollo avanza puntualmente a través del kitsch de la pantalla, con su mundo indiferenciado para todos y diferente, según quien lo mire o se dé a mirar.

Es en este punto que conviene volver a la iglesia Dios es Amor. Si  a fines de los años 80’ el kitsch milagrero invadía en horarios tardíos el dial, tal proliferación alcanzó hacia fines de los 90’ y principios del siglo XXI la pantalla chica. Es decir, la pantalla que llega al mayor número y en el plano más íntimo. Por esa vía, la propaganda de la fe se difunde y extiende entre los posibles conversos, ganando márgenes de verosimilitud por la intercesión de la interfaz. La proliferación de locales adquiridos sigue después, como otras tantas posiciones tomadas en un territorio de desembarco, previo tendido de cabeceras de puente mediáticas.

El desarrollo de las identificaciones masivas, de la fusión cultural y de las creencias sincréticas, lejos de provenir de una mera difusión a distancia, supone que entre lo global y lo local se produce una anticresis, por la cual se accede en el lugar “real” al usufructo del lugar “virtual”. La sala litúrgica fusiona testimonialmente, en presencia del creyente, aquello que milagrosamente ya aconteció en un lugar virtual (el trabajo, el matrimonio, el padecimiento).

Esta condición “glocal” de la identificación contemporánea opera por igual, tecnología mediante, tanto para la iglesia Dios es Amor como para  el Estado-nación. Por esa razón, suponer que detrás de una “intervención pública” con tenor político cunde un retorno de la soberanía ciudadana igualitaria, significa algo así como un hapenning militante, o una performance urbana.  Probablemente el mayor usufructo de tal acontecimiento ciudadano corra a favor de las creencias religiosas, que verán una posibilidad más de celebrar un milagro de la fe, esta vez, por la vía del culto a la ciudadanía.

Sin embargo, al igual que en el  criterio del “avance por el mal lado”, caro a Marx como manifestación de un cotejo inevitable aunque no siempre exitoso, conviene tener en cuenta que la glocalidad, mal que le pese a las resistencias institucionales, tiende a colarse por el entramado del presente.

En primer lugar, la interpelación se dirige al gobierno nacional, en aras de una defensa del patrimonio cultural ciudadano[6]. Ahora, no sólo este gobierno no se ha destacado por la defensa de la cultura, claramente subordinada en el discurso oficial a la tecnología, particularmente en perspectiva notoriamente productivista, sino que además ha atacado expresamente al núcleo teórico de la cultura, representado por las humanidades y el saber social. Por si tamaño desajuste de perspectivas con relación a la iniciativa de recuperación de una sala dedicada a la actividad artística no fuera ya suficiente, el actual gobierno ha ultrajado la autonomía de la educación, celebrando por encima de las propias instancias institucionales un “acuerdo educativo” a título político-partidario. Como corolario de lo uno y lo otro, el emprendimiento cultural que reviste el lugar de “buque insignia” del actual elenco gubernamental es una universidad tecnológica, que viola incluso los más elementales preceptos de la autonomía universitaria, aposentando a los gobiernos departamentales en los propios consejos universitarios[7].

Aunque la iniciativa también se dirige a la Intendencia de Montevideo, que no se encuentra directamente involucrada en la regresión cultural y educativa que auspicia el gobierno nacional, no parece que la coyuntura política adorne con los mejores auspicios el patrocinio solicitado ante la repartición gubernamental.

Por otro lado, la reivindicación surge pautada por la pertenencia frenteamplista de sus gestores, tanto en razón de las responsabilidades institucionales involucradas como por la trayectoria militante de sus protagonistas. Cabe preguntarse por el rol que le cabe a la estructura frenteamplista, tan altisonantemente actualizada, particularmente con una elección interna de autoridades de muy reciente data. En efecto, una de las preocupaciones permanentes del frenteamplismo ha consistido, estos últimos años, en lograr la actualización de la estructura organizativa, para dar cuenta de una participación militante cada vez más esquiva.

Este ausentismo militante se hace cada vez más patente de cara a la falencia de las sedes locales de los comités de base, en cuanto ese flaquear presencial se acompasa, por sobre todo,  de un vigor de las “redes sociales”, particularmente e incluso, las frenteamplistas.  Aunque se embandere con reivindicaciones históricas de la izquierda, particularmente relativas a la intervención estatal y a la laicidad pública, esta iniciativa encabezada por Gustavo Leal no deja de desplegarse por fuera de la estructura orgánico-representativa del Frente Amplio, que sufre un nuevo desaire en términos de movilización militante. Se configura, por desvío colateral de iniciativas militantes, un nuevo augurio desfavorable en el horizonte de los aparatchiks, sobre todo al divisarse en este inicio de año el disco de la llegada electoral en 2014.

Apenas cumplida una quincena de la última actualización de este blog[8], la convocatoria a contragobernar que invocábamos hace dos semanas avanza bajo kitsch de pantalla, proponiéndose liberar una sala Plaza ocupada por la iglesia Dios es Amor. Sin embargo, así como el “avance por el mal lado” según Marx depuraba el criterio de la transformación, instruyéndolo a través del mismo fracaso, el kitsch mediático no deja de traslucir el alcance político que encierra: una iniciativa que se despliega  en el campo mediático antes que en el terreno soberano del Estado, una intervención glocal que planta territorialmente un designio virtual, una postergación de las instituciones partidarias relegadas una vez más al margen del cotejo público.

 

[1] Bensaïd, D. Una mirada a la historia y a la lucha de clases, http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/campus/marxis/P2C1Bensaid.pdf (acceso el 14/01/13)

[2] Ver la “teoría de la mentira” en Eco, H. (2000) Tratado de gemiótica general, pp. 21-22  http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/libros/6928335-Eco-Umberto-Tratado-de-Semiotica-General-01.pdf (acceso el 15/01/13)

[3] “COFE evalúa acciones 2013 a la luz de aprobación del Estatuto del Funcionario” LaRed21 (11/01/13) http://www.lr21.com.uy/politica/1083400-cofe-evalua-acciones-2013-a-la-luz-de-aprobacion-del-estatuto-del-funcionario

[4] “Llamado a Sala”, Montevideo Portal (12/01/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_189700_1.html

[5] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, pp.181-184.

[6] “Al Gobierno Nacional y a la Intendencia de Montevideo: expropiar el Cine Teatro Plaza para garantizar el uso público” https://www.change.org/es-LA/peticiones/al-gobierno-nacional-y-a-la-intendencia-de-montevideo-expropiar-el-cine-teatro-plaza-para-garantizar-el-uso-p%C3%BAblico?utm_campaign=twitter_link&utm_medium=twitter&utm_source=share_petition&utm_source=share_petition&utm_medium=url_share&utm_campaign=url_share_before_sign&utm_source=action_alert&utm_medium=email&utm_campaign=16273&alert_id=OnIbqqqXIc_PPaucjyJCX

[7] Ver en este blog “Estatización de la tecno-ciencia: el Soberano apolítico” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/12/estatizacionde-la-tecno-ciencia-el.html

[8] Ver en este blog “Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/01/renunciaregresion-y-reagrupamiento.html

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