Ricardo Viscardi

Una coincidencia que propicia la excomunión, vincula al libro La no-excomunión de Jacques Lacan. Cuando el psicoanálisis perdió a Spinoza[1] con la excomunión de los parlamentarios uruguayos que votaron la ley de despenalización del aborto. El libro de orientación psicoanalítica origina en estos días eventos lacanianos en Montevideo [2], de manera que su presentación se pone en paralelo con la excomunión,  que por razones doctrinarias la Conferencia Episcopal uruguaya da por implícitamente sentenciada, sin notificación a los interesados, a partir del texto teológico [3].

Igualmente implícita la auto-excomunión de Lacan se infiere, según la presunción del célebre psicoanalista, de los avatares de un congreso reunido en Stockholmo, por el año 1963. Inversamente a lo que ocurre con los parlamentarios uruguayos que han votado la ley de despenalización del aborto, tal excomunión no cuenta con ningún registro institucional de parte ejecutante. Sin embargo, en el sentido que da Lacan al término, por más que vincule su peripecia sueca con la excomunión de Spinoza en 1656[4], la excomunión significa, en un sentido lato, la exclusión que margina de una comunidad. Esta significación se encuentra asimismo extendida a partir de la vasta significación del término francés que la designa: excommunication.

Tan vasta marginación sigue caminos tortuosos, tanto en el relato del libro de José Attal, como en el caso de las declaraciones que emanan de la Iglesia uruguaya, con relación a los parlamentarios excluidos del sacramento de la comunión. Según el libro que plantea la polémica, Lacan rectifica su auto-excomunión, en cuanto la convierte en mero “hecho” al que refiere a posteriori desde una comunidad alternativa que lo adopta, por manes de Althusser, en beneficio de la influencia directriz que el segundo ejerce sobre la filosofía marxista de los 60’. Integrado en l’Ecole Normale por obra y gracia del aggiornamiento teórico del marxismo, Lacan rehusa “todo Spinoza” según el criterio de José Attal, cuando pocos meses después recusa la máxima “Amor intellectualis Dei” (Amor intelectual de Dios). Inversamente, interrogada acerca del dictamen que fulmina a los parlamentarios que votaron la ley, la iglesia uruguaya lo hace derivar del texto de la norma eclesial, como si cierto pudor político la llevara a eclipsarse detrás de un dictamen subrepticio.

Basta comparar el edicto de excomunión que pesó sobre Spinoza en el siglo XVII con el aislamiento que se cerniera sobre Lacan, o con cierta inconveniencia que encuentra la Iglesia uruguaya en pronunciarse sobre las personas, para observar que el criterio de excomunión toma, desde hace ya buen tiempo, un sentido lato difícil de consignar con precisión. En el caso uruguayo se suma la postura presidencial vernácula, cuyo zafarrancho de opinión apoya un plebiscito destinado a derogar lo que dificultosamente llegó a aprobar la mayoría del partido de gobierno[5]. Tal amplitud de miras democráticas presidenciales fue antecedida por el veto de una ley con el mismo objeto, pero con contenido más radical,  interpuesto por su antecesor surgido de las mismas filas partidarias, mientras enfáticas declaraciones del propio Mujica proclamaban, por entonces,  un “principio de no intervención” en el desenlace legislativo.

Excomulgada de la institución, ante tantos vaivenes de laxitud,  la excomunión queda vinculada a la verdad de la exclusión. Llevada al gradiente de saber lo que supone la exclusión, en cuanto se contrapone a la admisión, la excomunión queda a la merced de la verdad del límite que dictaminan las instituciones. En tales términos de verdad que instituye un adentro y un afuera, el dictum del propio Lacan sobre el monopolio religioso propio a la Iglesia Católica [6] alcanzaría para fundamentar, in voce como en el caso de Spinoza, o sotto voce como ocurre con los parlamentarios que votaron la despenalización del aborto, la excomunión del propio autor de “La no-excomunión de Jacques Lacan”. El autor de los Ecrits confiere a la Iglesia Católica los derechos de autor sobre la única religión, que atribuyéndose el vínculo propio al todo que mancomuna sentido y verdad [7], excluye por sus propios fueros a todo otro culto dedicado a lo divino.

El propósito de Lacan es por demás tajante y sibilino, lo sostiene a lo largo de una conferencia de prensa mientras polemiza, en la Roma eterna que visita por el año 1967, con los mismos periodistas que intentan infructuosamente cercarlo con preguntas trazadoras, ante la impenetrable aseveración cifrada. Según Lacan existe una sola religión, la católica, apostólica y romana. Su religiosidad consiste en la prolífica extensión del sentido, que amenaza incluso con aniquilar la débil interrogación psicoanalítica, en razón de la entidad concernida por el sentido religioso (exclusivamente católico),  que no es otra que la mismísima verdad.

La puridad de la verdad como criterio de la excomunión articula, sin embargo, todas las variantes circunstanciales de exclusión que consideramos, en lo anterior, como antecedentes. Spinoza es excomulgado por la verdad que profesa en tanto filósofo. Lacan por la duración de su sesión ante la verdad práctica del análisis. Los parlamentarios de izquierda que votaron la ley de despenalización del aborto por la verdad de la concepción divina de la vida. Attal, que propone un culto incrédulo en tanto modelo de escuela freudiana, por lo que dijo Lacan de la verdad con relación a la religión católica. Mujica se excomulga a sí mismo, no como presidente, sino como hablante incontinente de una verdad que es tanto una cosa como la otra (digo que respetaré el laudo parlamentario sin vetarlo, pero ya que estamos, me parece mejor un plebiscito).

Pareciera, si aplicamos la verdad como medida para dirimir la exclusión, es decir la excomunión, que el sentido de la verdad explica porqué un protagonista llega a ser marginado, según la trascendencia de un dictamen. Pero asimismo, para que tal  alcance de la verdad deje a un antagonista al margen, es necesario que el sentido lo haya involucrado en una misma dirección. La direccionalidad trazada desde el sentido de la verdad constituye la religión, en tanto laudo trascendente, que no logra excluir sino porque, inclusive, incorpora negativamente.

Con idéntico propósito Serge Margel explaya, 28 años después de aquella provocativa conferencia de prensa que Lacan sostuvo en Roma, la clave de la enigmática declaración del psicoanalista francés[8]. La Iglesia Católica constituye la única religión, para Margel, porque su doctrina iguala teológicamente este mundo con el celestial, en cuanto la divinidad concibe el mismo designio, para un único orbe que comprende, por igual, más acá y más allá[9]. La trascendencia que une la verdad de dos esferas distintas proviene de la encarnación, que el propio Dios sufre como cualquier mortal, de forma tal que una misma provisión de destino trasciende, por encima del límite que separa vida y muerte[10]. La trascendencia une los dos lados del mismo designio que la delimita, en tanto el sentido de la verdad expresa el vínculo que comparten Creador y creatura, existencia celestial y terrena.

Sólo puede excluir quien puede discriminar. No discrimina sino quien incrimina, desde la verdad, que sólo se alcanza, en verdad, por la trascendencia del sentido. No existe verdad sin trascendencia del sentido y esa es toda la verdad de la verdad. De ahí que Tarski no pudiera avanzar más allá de la índole semántica de la verdad [11]. Es que a la verdad le alcanza con alcanzar la trascendencia del sentido, donde caben toda la semántica y la verdad. Por la misma razón la Iglesia, para ser católica, apostólica y romana, debe ser excomulgando, ya que de no hacerlo no tendría sentido, en verdad, la trascendencia de la divinidad, en cuanto todo formaría parte de un único magma secular, democrático y multitudinario.

En eso estamos, mal que le pese a las discriminaciones religiosas y laicas por igual, ya que unas y otras se sostienen en ignorar que hace algunas décadas descubrimos, con Wittgenstein, que el lenguaje en el que anida todo sentido no concierne sino al propio mundo que designa[12], mientras Foucault señaló asimismo que en verdad el poder no se toma sino a través de “juegos de verdad”[13]. Quizás hayamos perdido a Spinoza, pero ¿quién encontraría a quién en el juego del Amor intellectualis Dei?

[1] Attal, J. (2012) La no-excomunión de Jacques Lacan. Cuando el psicoanálisis perdió a Spinoza, Cuenco de Plata, Buenos Aires. En este texto seguimos el original francés Attal, J. (2010) La non-excommunication de Jacques Lacan. Quand la psychanalise a perdu Spinoza, l’Unebévue éditeur, Paris.

[2] L’Ecole Lacanniene de Psychanalise organiza en estos días varios eventos en Montevideo en torno al libro de José Attal. Entre ellos, una conferencia del autor en el Centro de Farmacias, Lauro Müller 2028, el 6 de noviembre próximo a las 20h.

[3] “La Iglesia Uruguaya excomulga a los políticos que votaron la ley del aborto” Religión Digital (19/10/12) http://www.periodistadigital.com/religion/america/2012/10/19/la-iglesia-uruguaya-excomulga-a-los-poiticos-que-votaron-la-ley-del-aborto-religion-obispos.shtml (acceso el 1/11/12)

[4] “Decreto de excomunión de Baruch Spinoza-1656” La Máquina del Tiempo http://www.lamaquinadeltiempo.com/algode/spinoza.htm (acceso el 1/11/12)

[5] “Usted dirá” Montevideo Portal (29/10/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_182947_1.html (acceso el 1/11/12)    

[6] Lacan, J. (1980) « Conferencia de prensa del Doctor Lacan » en Actas de la Escuela Freudianna de Paris, Petrel, Barcelona, p.23.

[7] Op.cit.p.21.

[8] Margel, S. (2005) Superstition, Galilée, Paris.

[9] Op.cit.p.89.

[10] Op.cit.p.91.

[11] Tarski, A. (1997) “La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica” en Teorías de la verdad en el siglo XX, Tecnos, Madrid, pp.65-108.

[12] Wittgenstein, L. (1961) Tractatus lógico-philosophicus, Gallimard, Paris, p.141.

[13] Foucault, M. “La ética del cuidado de uno mismo” Scribd  http://es.scribd.com/doc/30828120/Michel-Foucault-La-Etica-Del-Cuidado-de-Uno-Mismo (acceso el 1/11/12)

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