Por Ricardo Viscardi

La extensión de la expresión “petición de principio” a la expresión “petición de autonomía” conllevaría, ante todo desde un criterio autónomo, es decir conceptual, un paralogismo, para retomar la expresión kantiana que desarrolla Vaz Ferreira. Ante el alcance que adquiere ese “efecto Münchaussen” de sostenerse en los aires tirándose por los cabellos, tal paralogismo de autonomía parece expresar la artificialidad tecnológica de nuestra actualidad (ante todo porque la tecnología consagra su virtud propia a través de la actualidad), hasta llegar a constituir una paradoja inducida por la racionalidad moderna: intentar dar por fundamento aquello que se desea lograr[1]. La autonomía universitaria representaría, en tal perspectiva, la forma cognitiva propia de esa paradoja: pretender que un mero declarar los principios autonómicos de cara a la realidad los estampa en los rostros interpelados.

En efecto, si genera perplejidad que el presidente Mujica acuda a recibir una distinción que se le otorga desde un ámbito que ha vituperado, no parece menos sorprendente que una universidad autónoma le discierna un galardón honoris causa, sobre todo si expresa como fundamento de tal decisión los principios de la reforma universitaria de Córdoba[2]. Podría entenderse que tan inmerecida distinción emerge de una secuencia de reconocimientos dirigidos a mandatarios en condiciones análogas[3]. Tal obligación ante todo diplomática podría explicar, como efecto de una política universitaria militante ante el presente, que el mismo Mujica sea reconocido, más allá de su persona, como representante de un anhelo, incluso por sobre el rumbo que haya terminado por tomar su mandato.

Sin embargo, en este caso es el propio galardonado quien irradia un cariz escandaloso sobre la distinción, en cuanto la misma deposita en su persona los fundamentos que el propio Mujica ha transgredido, no sólo declarativamente, sino distintivamente a través de las medidas de gobierno que ha impulsado[4].

Por consiguiente, la cuestión de “perplejidad” que sostiene la petición iniciada por “ciudadanos uruguayos” y abierta universalmente a firmas solidarias, no significa tan sólo un cuestionamiento a la actitud de Mujica ante la universidad, por encima y más allá de esta circunstancia de una distinción errada, sino que además plantea la cuestión de la condición universitaria en el presente[5].

En La universidad sin condición Derrida sostiene que por su mismo afán de incondicionalidad, es decir, tanto por no aceptar condicionamientos, como por arrostrar todas las condiciones a sus efectos, la universidad puede convertirse en la ciudadela más expuesta[6]. En cuanto se pone de cara al presente, con virtud que no admite que se le dicte ningún sentido, la universidad imbuida de autonomía puede confirmar, bajo su propio sello, el lugar que le asignan sus adversarios. Al igualar un dictado de conciencia con cualquier consecuencia ulterior a su enunciado, la transparencia moral termina por convalidar un rasgo que se le impone, antes que trasuntar la huella de un sí propio.

En efecto, de la lectura de la información que proporciona la Universidad Nacional de La Plata acerca de la resolución que distingue con el doctorado honoris causa al actual presidente uruguayo, surge el sentimiento de una expresión de deseos antes que de una información actualizada, sobre todo para quien posee esta última y se encuentra, por consiguiente, instruido por el contexto para interpretar con amplitud el sentido que reviste.

Conviene por lo tanto preguntarse respecto a esta resolución, si un impulso de intervención universitaria en el presente internacional, por mejor inspirada que se encuentre en las mayores tradiciones universitarias, puede alcanzar legitimidad al margen de una estricta consideración de las circunstancias. Al mismo tiempo, este requisito de la coyuntura universitaria parece alejarse de cierta percepción del pasado acerca, asumida en tanto racionalidad propia de la autonomía universitaria, que depositaba entera confianza en la índole estatal de la autonomía universitaria. En efecto, por más que la estatalidad le otorgue a las universidades que reivindican un carácter nacional una inscripción emblemática, pareciera que la característica propia de la globalización tecnológica pone en tensión, de forma contradictoria, la inscripción estatal con la condición autonómica[7]. Tal marca de actualidad que surge de la misma actualización tecnológica del saber –verbigracia “globalización”, sugiere una cautela singular, ante los efectos que genera por sus propios fueros la política universitaria.

Quizás una clave de tal exposición que induce la condición tecnológica de la globalización, tanto en la estatalidad partidaria como en la universitaria, anima la interrogación que Derrida dirige a la incondicionalidad universitaria, singularmente inspirada por la propia incidencia profesional de la virtualidad[8]. En efecto, si se entiende en clave de virtualidad la integridad que la universidad (y particularmente la Universidad Nacional de La Plata) no ha dejado de reivindicar como su misma virtud autonómica,  es decir su incondicionalidad de cara a la fuerza de actualización del saber, entonces el gobierno de tal virtud de virtualidad no puede ejercerse sino de cara a sí propio.

Tal recato autonómico conlleva, asimismo, cierta discreción institucional, en cuanto todo lugar que pretenda legitimarse en una condición virtual por sí misma (por ejemplo la de una universidad autónoma, o la de un Estado independiente, o la de una identidad por antonomasia), se encuentra expuesta a la malversación de aquello mismo que pretende consolidar. Es decir, al intentar consignarlo como su propia estampa, lo desvirtúa al dirigirlo virtualmente a un destino impropio.

Derrida pauta la interrogación acerca de la incondicionalidad universitaria del presente, en sus aspectos más notorios, a través de una interrogación sobre la virtualidad. Esta cuestiona a la profesión (y particularmente del profesor, aunque también la de todo aquel que profesa), pero asimismo al trabajo, en razón ante todo, de la virtud del saber, si se lo considera en tanto fuerza de la virtualidad. Términos cuyo círculo a partir del prefijo latino “vir” se deshace, como efecto contradictorio de la actualidad tecnológica, ante un hacer  que “arriesga lo que salva”[9]. Tal salvar, como “guardar”[10], no parece ajeno a una guardia que el hombre encontraba por cometido ante la “casa del ser” que procuraba el lenguaje. Sin embargo, tal preservación suponía cierta prosternación del guardián ante un pensar propio del lenguaje, que no podía provenir sino del ser, por encima del ser propio del hombre-guardián[11]. Encomendándose a la salvación, lo humano puede perderse de sí mismo, es decir de su autonomía, mientras cree salvar, llegar a perderse.

Quizás en el intento de salvar los principios de la reforma de Córdoba y la educación pública libre y gratuita, la distinción que la UNLP discierne a Mujica los arriesga, al galardonar a quien no cesa de menoscabarlos de palabra y combatirlos presidencialmente. Por esa razón, preguntarse por la perplejidad que suscita el gesto que le cumple a un rector dirigir, no deja de salvar el riesgo de un equívoco,  en particular, al vincularlo con el presente de un riesgo universitario.

[1] Ver al respecto la entrada “petición de principio” en el Diccionario RAE http://lema.rae.es/drae/?val=principio (acceso el 15/10/12).

[2] “José Mujica Doctor Honoris Causa de la UNLP” en Universidad Nacional de La Plata http://www.unlp.edu.ar/articulo/2012/10/12/doctor_honoris_causa_jose_mujica (acceso el 15/10/12)

[3] “Universidad de La Plata distingue a presidente de Uruguay” en El Comercial http://www.elcomercial.com.ar/index.php?option=com_telam&view=deauno&idnota=241239&Itemid=116 (acceso el 15/10/12)

[4] Ver en este blog, entre otras, las dos últimas actualizaciones “UTU: Uruguay Trabaja en la Universidad” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/09/utu-1-uruguay-trabaja-en-la-universidad_14.html y “La educación es un asunto demasiado político para dejarlo en manos de la política partidaria” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/09/laeducacion-es-un-asunto-demasiado.html

[5] “Ante el título universitario a otorgarse al presidente José Mujica” http://www.change.org/es/peticiones/ante-el-t%C3%ADtulo-universitario-a-otorgarse-al-presidente-jos%C3%A9-mujica#description (ver asimismo link en la imagen superior de la columna izquierda de este blog)

[6] Derrida, J. (2001) L’université sans condition, Galilée, Paris, pp.18-19. La traducción del texto se encuentra en el sitio Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/universidad-sin-condicion.htm (acceso el 15/10/12)

[7] Viscardi, R. “Autonomía universitaria y crisis de soberanía” Rev. Fermentario Nº 5, sept. 2011, http://www.fermentario.fhuce.edu.uy/index.php/fermentario/article/view/83/20 (acceso el 15/10/12)

[8] Derrida, J. (2001) L’université sans condition, Galilée, Paris, pp.25-26.

[9] Derrida,J. (1997) Mal de archivo, Trotta, Madrid, pp.19-20.

[10] Derrida se refiere en el pasaje antedicho al sentido informático de “guardar” un archivo, que lo asimila a “salvar” (de la pérdida por olvido, descarte o destrucción).

[11] Heidegger, M. “Carta sobre el humanismo” en Heidegger en castellano http://www.heideggeriana.com.ar/textos/carta_humanismo.htm  (acceso el 28/09/12).

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