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Democracia siglo XXI

fecha

septiembre 16, 2012

Votaré por Capriles

Teódulo López Meléndez

Durante los últimos años he cumplido a cabalidad lo que consideré -y considero- una tarea obligatoria para con el propio país. No me he detenido en las incomprensiones. Numerosos libros, audios y videos he hecho para dejar sentada mi opinión, bajo el criterio de que las ideas se caracterizan por ser de lento avance.

He conceptualizado sobre una democracia del siglo XXI, he señalado los vicios a superar, he marcado las falencias de la representación y he formulado un diseño de país, al igual que un corpus de propuestas concretas sobre la realidad nacional.

Llegué a anunciar una precandidatura presidencial, manifesté las razones por las cuales me negaba a ir a las primarias convocadas por la MUD y, en medio de esta enfermedad llamada polarización, dejé ir la idea de aspirar al único cargo de elección popular que me interesa.

La política es el supremo sacerdocio de servicio. Mis ideas, todas las cuales ratifico ahora, están expresadas en “Proyecto país”,Lo propongo”, “Incisiones para una democracia del siglo XXI” y “La tercera opción”, entre otras.

He hablado a largo sobre la degeneración de las campañas electorales, he señalado como la que vivimos se iba convirtiendo en el mejor ejemplo de ese aserto, he llamado a estadios superiores y a no ver con mirada simplista la realidad venezolana sino con pensamiento complejo.

He combatido los radicalismos y extremismos y manifestado sin tapujos mis discrepancias, inclusive con varios muchos de los anuncios programáticos hechos por la oposición.

Y así, hoy, debo anunciar que votaré por Capriles. Lo hago a pesar de las reservas. Apoyando a Capriles hay alguna gente con la que no se puede compartir una visión de país, pero la realidad política admite que primero se hace el viaje y se mantiene limpia el alma. Algo al respecto le dijo Virgilio a Dante mientras le mostraba las gradaciones del infierno.

Ya del gobierno de Chávez no se puede esperar más. He hablado constantemente de algunos principios correctos enlodados por la manipulación. Toca el uso de esparadrapo y jabón.  Aprovechemos que los marginados de siempre fueron despertados y que una nueva cultura política se sembró en el alma popular. El gobierno de Chávez se agotó a sí mismo y esta denominada “campaña electoral” sólo ha mostrado ese agotamiento. Ya este gobierno no puede dar nada más, a no ser lo que está mostrando: ejercicio de violencia y guerra sucia.

A pesar de todas mis consideraciones expuestas sobre la presente coyuntura atiendo a la realpolitik e iré a votar el 7 de octubre, no sin recordar lo que siempre he dicho: sin desconocer la importancia del hecho el futuro de este país se decidirá realmente en fechas posteriores, en la marcha de unos acontecimientos para los cuales se requerirá serenidad, sentido de país y mirada profunda. No caigo en la polarización y mantengo mi idea de que cualquiera sea el resultado de las presidenciales hay q ir a la conformación de una “tercera opción”, por las docenas de razones que he expuesto y que no es menester repetir en la brevedad de esta declaración, pero de las cuales sólo me permito recordar la muerte de las ideologías y el agotamiento de los partidos venezolanos.

Prefiero estar en la oposición al gobierno de Capriles, si ese fuere el caso de conciencia. Votaré por él y estaré atento a sus gestiones de gobierno. Véase como se vea este país cambió y espero que Capriles en el ejercicio del poder así lo comprenda. Espero que Capriles muestre carácter, escoja bien a sus cercanos y sepa dar acogida a las nuevas ideas mediante un gobierno alejado de élites agotadas que sólo tienen como objetivo salir de Chávez y recuperar detestables privilegios, cuando el objetivo verdadero es edificar lo que he llamado una república de ciudadanos, una democracia del siglo XXI y una sociedad del conocimiento, todo bajo un claro concepto de socieconomía y de justicia social.

Si el día de mañana debo ejercer la oposición a Capriles no por ello me arrepentiré de esta decisión. Los términos de la cruda realidad obligan.

Este país no aceptaría una restauración. Capriles ha hablado insistentemente del futuro. Para recordárselo con la vehemencia debida estará siempre este que hoy le otorga su voto. Pero más dentro de la realpolitik aún, estará un país que hoy es otro.

tlopezmelendez@cantv.net

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La receta para permanecer

Por Alberto Medina Méndez

Cuando del poder se trata se enfrentan dos impulsos contrapuestos. Por un lado quienes llegan al poder, pretenden quedarse, algunos por vocación de seguir sumando, de concluir construcciones iniciadas y no culminadas, mientras otros solo por ambición personal, búsqueda de impunidad o manifiestas cuestiones patológicas.

La contracara es que las instituciones no necesitan de personajes eternos, de imprescindibles, muy por el contrario, precisan oxigenarse, recrear ideas, enriquecerse con renovadas miradas y sobre todo nuevos protagonistas que demuestren que importa lo institucional y no sus circunstanciales operadores.

Pero en línea con lo más bajo de la esencia humana, esos que intentan llegar para luego quedarse, lamentablemente abundan. Los aduladores de siempre, los aplaudidores sin dignidad, los entornos políticos que viven de la política, los que hacen inmensos negocios que solo serían viables con la anuencia del poder, los fanáticos que firman cheques en blanco, forman parte de ese escenario demasiado habitual en nuestros tiempos.

Aunque también resulta necesario, en esa mezcla, un político de marcada debilidad psicológica, repleto de inseguridades personales, y una ausencia de grandeza que hace posible que el contexto le haga creer de su endiosamiento.

Hasta aquí sería solo una cuestión de decisiones personales, de caprichos casi infantiles, sostenidos por cuestiones más profundas, propias de los intereses más mezquinos, muy del mundo de los adultos. La voluntad férrea de los políticos por quedarse, precisa de múltiples instrumentos, y en esto el arsenal es variado y diverso.

Para que un personaje que gobierna pueda ser derrotado en un proceso electoral debe tener un contrincante capaz de darle esa pelea en las urnas. Recorriendo imaginariamente a los dirigentes de unos y otros partidos, cuando no a figuras públicas con interés en participar se podrán encontrar posibilidades más o menos interesantes.

Siempre podrá aparecer un candidato con mejor discurso, más carismático y preparado, menos contaminado, que genere entusiasmo o que simplemente parezca con las condiciones adecuadas para lograr un triunfo frente al gobernante de turno. Pero existe un terreno en el que la competencia electoral se torna inmoral, perversa y claramente monopólica.

Todos lo saben en la política, propios y extraños. Se trata del uso de la “caja” oficial para hacer campaña, para la propaganda, para hacer apología de la gestión e imagen del personaje que gobierna.

El candidato decidido a dar la batalla en los comicios no solo debe reunir requisitos que lo muestren como mejor que su rival, sino reunir los fondos para financiar su estrategia política, su campaña y el acto electoral.

Ahora cuando el candidato oficial cuenta con la caja del Estado, en cualquiera de sus formas, y la usa como si fuera de su uso personal, estamos frente a un evidente atropello, un verdadero abuso de autoridad, que hasta puede rozar lo delictual cuando se apropia de los recursos de todos.

Es que utilizar el dinero de los contribuyentes para hacer campaña de un sector político es, a todas luces, una inmoralidad y habla a las claras del escaso espíritu democrático de quien apela a este instrumento.

Muchos candidatos, políticamente viables, quedan en el camino solo porque deben conseguir gente que los acompañe económicamente con recursos propios para competir contra el abrumador e inagotable aparato estatal que distribuye dinero obscenamente y a cara descubierta.

El oficialismo lo hace de modo burdo, sin ningún tipo de pruritos, sin mediar escrúpulo alguno. Usan la caja como propia, desde vehículos oficiales, hasta choferes que los trasladan que cobran sueldos estatales, combustible y mantenimiento a cargo del fisco por solo citar el más elemental de los umbrales que se sobrepasa sin mediar explicación alguna.

Abundan ejemplos en esta línea. Puestos públicos que se conceden, contratos por abultadas cifras, favores políticos, cuando no la consabida y demasiado frecuente corrupción descarada que reúne recursos estatales para financiar la política.

Y es que muchos, en la corporación política no lo denuncian, porque son parte de lo mismo. Lo hicieron en el pasado, lo hacen en el presente desde sus puestos de funcionarios menores, o bien ocupando puestos legislativos con idénticas conductas, y no descartan hacerlo en el futuro.

No sea cosa que un resultado electoral favorable los coloque del otro lado del mostrador y necesiten de esas mismas condiciones para sostenerse en el poder. En estos casos la casta política se comporta como una corporación, con complicidades, códigos y silencios sin distinción de colores ni partidos.

Es el juego que pretenden, ser pocos, los mismos de siempre en lo posible, y que los que aterricen de afuera del sistema deban integrarse a esta modalidad y someterse a sus arbitrios.

Esta regla no cambiará jamás. El financiamiento de la política seguirá por sus mismos carriles, porque los políticos del sistema, son los beneficiarios directos de estos saqueos que conjugan despilfarro de dineros públicos con actos cuasi delictivos.

Ellos no tienen interés en que cambie la situación. Prefieren que esta dinámica sea la misma y plantearse disputas menores en la tribu, entre pocos, entre ellos. Por eso los que vienen de afuera no son bienvenidos. No sea que alguno de ellos, se anime a terminar con el festival y extermine esta fórmula que encontraron hace tiempo y que les sirve como la receta para permanecer.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

 

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