Ricardo Viscardi

 

Por Ricardo Viscardi

 

El presidente Mujica nos ha ilustrado ayer mismo inequívocamente acerca de lo que entiende por educación, al subordinar en el concepto -antes que por designaciones de jerarquías institucionales, la condición académica al saber técnico[2]. En cuanto la autonomía universitaria no sólo es administrativa sino también electoral, la ley se interpone en el camino del designio presidencial, impidiéndole completar esa ejecutoria que supedita, en la educación, el saber intelectual a la aplicación técnica. Sin la interposición de la norma legal que consagra la autonomía universitaria no sólo administrativamente, sino también electoralmente[3], probablemente nos encontráramos de buenas a primeras con un docente de la enseñanza técnica ocupando el cargo de Rector de la Universidad de la República.

 

Ares Pons ha señalado el abuso de lenguaje que supone la denominación Universidad del Trabajo, con la que se designa la capacitación educativa destinada a la actividad técnica[4]. En el propio concepto de ese autor, tal abuso de lenguaje no significa irrisión, como ocurriría si se destacara alguna indignidad, al emplearse un término jerárquicamente superior a la condición que se designa. En verdad se trata de un abuso de lenguaje que pone en evidencia una redundancia universitaria, en cuanto no se ve como el trabajo podría ser un objeto del propio conocimiento universitario sin desinvertir, por tal objetividad estrafalaria, la misma condición del sujeto universitario.  Por la misma formalidad del tercero excluido, si la universidad pudiera ilustrarse en el trabajo, éste debiera serle ajeno en su condición de objeto del saber: ¿qué sería un saber ocioso?

 

Por el contrario, la expresión “ocio noble”[5] connota sin lugar a dudas que incluso el ocio gana en dignidad cuando se dedica al saber, en cuyo caso abandona aquella denostación monacal según la cual “el ocio es la madre de todos los vicios”, para cultivarse en la nobleza de un saber interrogado desde su propia inquietud activa. En efecto, en su raíz griega la actividad de mirar requería, ante el escenario teatral tanto como de cara a una competencia atlética, la consideración de un designio sagrado, cuya comprensión exigía, a su vez, privarse de una actividad inmediata para dedicarse a una mayor, destinada a compenetrarse con el propio destino de un demos.

 

No sólo en el teatro contemplaban los griegos la tragedia del destino humano ante los designios divinos, sino que en los propios juegos olímpicos el término teorós designaba a los enviados de una ciudad ante los juegos que tenían lugar en otra, con la misión de no incluirse en la competición, de manera que al retornar a la ciudad de origen relataban, con propiedad de observador abstenido de involucramiento parcial, lo divino que acontecía en una actuación atlética.

 

Tanto el término “teatro” como el término  teorós provienen de theorein, que les asigna la misión de un mirar activo, ubicado sin embargo en cierta templanza que le sirve de marco para con-templar, para mayor provecho de alcance, en la “teoría”: ver considerando[6]. Separar la educación de la teoría significa, por lo tanto, privarse de proyección de horizonte, que no podrá desde entonces encomendarse a una inteligencia ajena a la propia actividad penetrante de un mirar.

 

Esta incorporación del trabajo al intelecto ganó en relieve y significación propia, al ser incluida por la teología cristiana la materia en el propio designio divino, de manera que la índole terrena no permanecía ya, como la khorá griega, disgregada como simple dispersión de lugares ocupados por una forma en actividad. La materia cristiana cumplía en su resistencia al trabajo el cometido de señalar la huella del designio divino, mediación entre la condición terrena y la inspiración espiritual que propendía al cumplimiento del Plan Divino sobre la tierra. Esta dignificación cristiana del trabajo como mediación, en tanto hacedor de marcas de elevación espiritual, hizo posible la diferenciación entre técnica y sentido, que para los griegos se encontraban estrictamente vinculadas a través de la junción indisoluble entre forma y causa –por ejemplo en la técnica retórica. De esta manera, el vínculo entre trabajo y  materia provee, a partir de la teología cristiana y a través de la civilización monacal en particular, el lugar relevante que ocupará la técnica en nuestro universo antropológico, en tanto instrumentación portadora,  en sí misma y por su propio ejercicio, de valores trascendentes a la mera aplicación provechosa.

 

Tal incorporación de la técnica en un ámbito que la supera y proyecta, continúa vinculada al trabajo en particular para Leibniz[7], en la metafísica clásica de occidente. Para el autor de la Monadología, la técnica propende exclusivamente al cumplimiento de una meta representativa de la mónada, sin por eso separarse del trabajo, sobre todo si se considera que la actividad  representativa consiste, para Leibniz, en la expresión desiderativa de la misma representación, que la mónada cumple por sí misma en aras de una armonía preestablecida.

 

Lejos de separarse del organicismo decimonónico y del cumplimiento progresista en el proyecto positivista, tal inscripción de la técnica en el trabajo del saber supone, según Canguillehm, una recuperación de la metafísica a través del término “organismo”, que el propio Leibniz retomara de Aristóteles[8].

 

Nunca la solución intelectual de la cuestión de la técnica y del trabajo la separó del saber, que las incorpora por igual y envuelve, en el proceso de su propio despliegue y proyección. A no ser en las declaraciones del Presidente Mujica, que no debemos olvidar, quizás por la caridad del conocimiento cara a Quine, de considerar en aquel rango de “filósofo”, al que accediera por versiones de periodistas de prensa televisiva[9].

 

La propia teoría nos induce a considerar, en este punto, toda la amplitud de nuestro propósito con relación a la opiniones conceptuales del titular del Poder Ejecutivo. En efecto, si la condición “filósofo” es asignada con cierta felicidad mediática por una versión destinada a un amplio espectro de pertenencias (sociales, culturales, económicas, etc.) entre la población, entonces obedece al mismo orden de determinaciones que lleva, por ejemplo en el caso del mismo Mujica, a ser electo a cargos públicos por  mayorías ciudadanas.

 

Como lo señalábamos recientemente, ese criterio perfora la delegación partidaria representativa de una organicidad programática,  en cuanto el nexo promedial entre las encuestas de opinión y los medios de difusión, promediado a su vez por los índices de escucha de los distintos medios masivos, determina la condición pública[10]. Es decir la condición de “filósofo” tanto como la de “presidente” queda subsumida en un cotejo de índices que en última instancia, no se sabe a quién corresponden que se responsabilice como instancia, ya que pueden tener instrucción empresarial, tecnológica, internacional, etc. (como lo viéramos, por ejemplo, en las campañas de popularidad mediática emprendidas en su momento por Botnia al instalarse en nuestro país).

 

En tal caso, así como muchos se vieron llevados a confundir el interés nacional con el transnacional de una empresa, pudiera ser que otros tantos hayan confundido el sesgo mediático, que desde siempre caracterizó al MLN-Tupamaros, organización en la que se ilustró el propio Mujica hace 40 años[11], con una perspectiva popular y reivindicativa de las mayorías. La proveniencia de una habilidad propagandística podría, en este caso, llegar a separarse de la inspiración liberadora de aquella organización, en aras de preservar un lugar al sol del Estado, renuncia estratégica mediante.

 

Sin embargo, en este punto en que pareciéramos atados a una fatalidad encuestada y encuestadora, la propia metástasis compulsiva de la compulsa se autocorrige en sus extremismos idiosincráticos –por ejemplo el que conduce a confundir demagogia chabacana con reivindicaciones populares, por cuanto la notoria caída en los índices de popularidad del propio presidente en ejercicio, podría imputarse tanto a su desempeño como a una penetración mayor, por parte de distintos sectores de opinión, respecto a una figura desgastada de la popularidad. Particularmente en cuanto los medios masivos, por su propia constitución empresarial, tienden a explotar estrategias de difusión, que quizás ayer levantaban lo mismo que hoy se complacen en socavar.

 

En una debacle mediática generalizada, poco queda por recuperar de valía ciudadana, como no sea una renuncia, que viene de protagonizar el máximo responsable de la Educación Secundaria en el Uruguay[12]. Los términos del proceso educativo bajo la actual administración, superan en su conjunto ampliamente dimisiones personales y necesariamente conducen, más allá de obscenas permanencias atornilladas al mamarracho,  a la “irrenunciable renuncia”[13] que venimos anunciando desde hace ya buen tiempo. Teoría universitaria mediante y no sin darnos bastante trabajo, particularmente, universitario.

 

 

[1] La sigla “UTU” abrevia la denominación Universidad del Trabajo del Uruguay, cuya misión educativa se incluye en el tramo final de la enseñanza secundaria uruguaya, en la rama destinada al ejercicio técnico especializado.

[2] “Renunció el presidente del CODICEN ante fuertes rumores de que Mujica haría cambios” La Red21 (13/09/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1060204-renuncio-el-presidente-del-codicen-ante-fuertes-rumores-de-que-mujica-haria-cambios

[3] En el Uruguay las elecciones universitarias tienen condición nacional, encontrándose supervisadas por la Corte Electoral, organismo que proclama, con independencia de todo poder de Estado,  los resultados de los comicios correspondientes.

[4] Ares Pons, J. (1995) Universidad: ¿Anarquía Organizada?, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, pp.78-79.

[5] Rodó, J. (1959) Ariel y Parábolas, Elite, Montevideo, p.32.

[6] Ferrater Mora, J. (1986) “Teoría” en Diccionario de Filosofía, T. 4, Alianza, Madrid, pp.3221-3223.

[7]Leibniz, G. W. (1954) Principes de la Philosophie ou Monadologie, PUF, Paris, p111.

 [8] Canguillehm, G. (1981) Idéologie et rationalité, Vrin, Paris, pp.126-127.

[9] Ver en este blog “Mujica contra la filosofía: la desobediencia civil presidencial” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/06/mujica-contra-la-filosofia-la_7065.html

[10] Ver en este blog: “Voto en blanco: el candidato-probeta en atmósfera de red” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/08/votoen-blanco-el-candidato-probeta-en.html

[11] El MLN extendió el principio foquista de “propaganda armada”, de índole presencial (tomas de pueblos, combates en medio campesino) a los medios de comunicación masivos, encomendándoles la difusión de sus acciones por la vía adversativa. Esa estrategia fue a su vez recuperada por la publicidad empresarial, por ejemplo de la Volkswagen, que anunciaba la calidad de sus camionetas Kombi aduciendo que “la usan los tupamaros”.

[12] “Nos vamos poniendo tecnos” La Diaria (14/09/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/9/nos-vamos-poniendo-tecnos/

[13] Ver en este blog “El Pre-presidente y la Re-signación presidencial”  http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/09/el-pre-presidente-y-la-re-signacion.html

 

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