Teódulo López Meléndez

Cuando un país se convierte en un rompecabezas se comienza a utilizar la expresión rompecabezas político. Ante una situación difícil en el plano político se habla de rompecabezas político. La tablilla babilónica que contenía el primer rompecabezas parecía para el juego, pero el acertijo se introdujo en el juego de unos hombres que comenzaron a mirar la palabra como juego. Se dice que Homero quedó perplejo ante el acertijo que le platearon unos pescadores y lanzó su vida al olvido rendido ante la imposibilidad de armar el rompecabezas.

 

La unidad se ha convertido en un puzzle, pero en uno muy sencillo y muy complejo. Lo único que hay que unir es al país. Para ello hay que comenzar por sacar del esfuerzo a las piezas que no pertenecen al puzzle de nuestros desvelos. Recuerdo de niño que cuando se mezclaban dos o más rompecabezas lo primero que había que hacer era la paciente tarea de recolocar a cada uno en su caja. Cuando dos o más rompecabezas se mezclan tenemos una confusión de rompecabezas. Y entonces las cabezas se rompen en vano.

 

Los japoneses inventaron el Sudoku. Y así, como ahora en este país de rompecabezas hay más ventas de sushi que de arepas, ya nadie se ocupa de los rompecabezas sino de los números. Jamás he intentado resolver un Sudoku, pero tengo entendido que se trata de rellenar la cuadrícula de modo que cada fila, cada columna y cada caja de 3×3 contenga los números del 1 al 9. Esto es, resolver a quienes tienen entre todos el 9. En eso anda mi buen amigo Ramón Guillermo Aveledo, manejando y administrando con su gran capacidad de mediación los equipos que compiten en la Liga de Política Profesional de Venezuela. Él se ha dedicado al Sudoku. Yo sigo empeñado en los rompecabezas, en los políticos, claro está.

 

El rompecabezas lo han convertido en un Sudoku. Craso error. La unidad es un rompecabezas, no un Sudoku. El país es un rompecabezas, no un Sudoku. El país es un cuerpo complejo, no un conjunto de equipos minusválidos que decidieron –obligados y constreñidos- no competir más entre sí sino hacerse el mismo equipo. Los jugadores de los equipos son pocos. El país es una muchedumbre compleja, un tejido, un cuerpo, la multitud a la que hay que apelar para que resuelva el rompecabezas mediante su armazón para restituir la figura original. La figura original de este rompecabezas, la imagen que aparece cuando se arma, se llama país, se llama Venezuela. Es la multitud la que toma las decisiones, la primera estructurarse, la segunda producir las respuestas. El rompecabezas armado es la unidad. No hay otra unidad. Esta es la unidad.

 

Hay que recordarles a los venezolanos que somos una nación. Hay que recordarles a los venezolanos que somos un pueblo. Hay que recordarles a los venezolanos que el hecho de vivir aquí nos ha dotado de una cultura inicial que ha venido siendo fracturada inmisericordemente hasta el punto de convertirnos en millones de piezas de un inmenso rompecabezas. Hay que recordarles a los venezolanos que debemos recuperar la atracción del imán que llevamos en nuestro ser y volver a conjugarnos unos con otros para luego hacer desaparecer las costuras y transmitir de nuevo la idea de un cuerpo social que sabe administrar las necesarias contradicciones y conseguir puntos de conjunción y de marcha. Es necesario advertirles a los venezolanos de propósitos y de metas. Es menester decirles a los compatriotas del sistema político que vamos a establecer cuando pase el interregno y como vamos a hacer con el sistema económico que de este se derive y como vamos de una vez por todas a despegar a la plena vigencia del siglo XXI. Debemos comenzar por la unidad, abajo, en nuestro ser venezolano. No hay otra unidad. Esta es la unidad.

 

Debemos especificarles como vamos a lograr la transición. Hay que advertirles que limitarse al acto electoral es un Sudoku trampeado. Se va o no se va a elecciones si ellas forman parte de una estrategia, porque cuando las elecciones son ellas mismas la estrategia se cae en una aberración decepcionante llamada electoralismo que no admite explicación alguna ni justificación matemática. Tal vez tengamos que vivir la decepción como el detonante que le permita al país dejar de ser un rompecabezas para volver a constituirse en nación. Tal vez, pero las enseñanzas de los resolvedores de Sudoku deben servirnos para entender de una vez por todas que unidad es el pueblo con una decisión en la mano, una que pasa por resistir hasta que resistir se hace sinónimo de acción.

 

Cuando se es un niño se mira al rompecabezas como una tarea harto difícil y casi imposible. Cuando se ha adquirido la madurez no se hacen ya rompecabezas porque los rompecabezas desaparecen ante la fuerza espeluznante de la voluntad reunida en haz. Hablo de los rompecabezas políticos, pues yo me ocupo de ellos, no de los rompecabezas que tienen castillos y hadas, magos y arlequines o imágenes de ciudades de la mitología. Menos me ocupo de Sudoku, resuelto ya en la Ley de Procedimientos Electorales.

 

Llamo a la unidad. Soy un fiel partidario de la unidad. La unidad es un imperativo. No hay otra unidad. Esta es la unidad. Dejemos de ser un rompecabezas, busquemos la metamorfosis, lo inesperado. Esta es la unidad. No hay otra unidad.

 

teodulolopezm@yahoo.com

 

 

 

 

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