socialismo en línea

Por Alberto Rodríguez Barrera
Según Kevin Kelly (kk@kk.org), Bill Gates se burló una vez de los partidarios de fuente abierta con el peor epíteto que un capitalista puede aplicar. Esta gente, dijo, “eran un nuevo tipo de comunistas de hoy en día”, una fuerza malévola empeñada en destruir el incentivo monopolístico que ayuda a mantener el sueño americano. Gates estaba equivocado: los fanáticos de fuente abierta son más propensos a ser libertarios que cómicomunistas. Sin embargo hay algo de verdad en su afirmación. El frenético apuro global para que cada quien se conecte con cada quien, todo el tiempo, está dando pie silenciosamente para una versión revisionista del socialismo.

Wikipedia, Flickr y Twitter no son sólo revoluciones de medios sociales en línea; son la vanguardia de un movimiento cultural. Porque los aspectos comunales de la cultura digital son profundos y amplios. Wikipedia no es más que un notable ejemplo de un emergente colectivismo; y no es sólo Wikipedia sino la wikineza en general. Ward Cunningham, quien inventó la primera página colaborativa en 1994, rastrea hoy casi 150 motores wiki, cada cual alimentando miríadas de sitios. Wetpaint, lanzada hace tres años, es anfitriona de más de un millón de esfuerzos comunales. La amplia adopción de la alternativa licencia copyright de Creative Commons (amistosa, fácil de compartir) y el crecimiento de la ubicuidad para compartir archivos, son dos pasos más en este camino. El gran crecimiento de sitios colaborativos como Digg, StumbleUpon, the Hype Machine y Twine le han agregado peso a este vendaval. Casi cada día alguna nueva empresa anuncia orgullosamente una nueva manera de arrear la acción comunitaria. Estos desarrollos sugieren un movimiento estable hacia una especie de socialismo extraordinariamente sincronizado para un mundo en-redado.

No estamos hablando del socialismo del abuelo (que ha quedado para el chavismo). De hecho hay una larga lista de movimientos del pasado que este nuevo socialismo no es. No es una guerra de clases. No es antiamericano, ya que, sin dudas, el socialismo digital podría ser la más novedosa innovación americana. Así como el socialismo de la vieja escuela era un arma del Estado, el socialismo digital es un socialismo sin Estado. Este nuevo tipo de socialismo opera actualmente en el reino de la cultura y de la economía. Por ahora.

El tipo de comunismo con que Gates esperaba manchar a los creadores de Linux nació en una era de fronteras impuestas, comunicaciones centralizadas, y pesados procesos industriales de arriba. Esos constreñimientos permitieron el surgimiento de un nuevo tipo de propiedad colectiva que reemplazó el brillante caos de un libre mercado con planes científicos de cinco años dispuestos por un todopoderoso politburó. Este sistema operativo político fracasó, para ponerlo suavemente.

Sin embargo, a diferencia de esas viejas tiranteces del socialismo bandera roja, el nuevo socialismo corre sobre una Internet sin fronteras, a través de una apretada economía global integrada. Está diseñado para elevar la autonomía individual y desbaratar la centralización. Es una descentralización extrema.

En vez de juntarse en granjas colectivas, nos reunimos en mundos colectivos. En vez de fábricas del Estado, tenemos fábricas de desktop conectadas con cooperativas virtuales. En vez de asar bits en parrillas, con picos y palas, compartimos aplicaciones, scripts y APIs. En vez de poliburós sin caras, tenemos meritocracias sin caras, donde la única cosa que importa es que las cosas se hagan. En vez de producción nacional, tenemos producción de pares/iguales. En vez de raciones y subsidios gubernamentales, tenemos la munificencia de bienes gratuitos.

Reconocemos que la palabra socialismo puede darle picazón a muchos lectores. Contiene un tremendo bagaje cultural, al igual que los relacionados términos comunal, comunitario, y colectivo. Se usa socialismo porque técnicamente es la mejor palabra para indicar una gama de tecnologías cuyo poder depende de las interacciones sociales. Ampliamente hablando, acción colectiva es lo que los websitios y las aplicaciones conectadas a la red generan cuando arrean energía de entrada (input) de la audiencia global. Por supuesto, hay peligro retórico al lanzar tantos tipos de organización bajo un cabezal tan inflamatorio. Pero no hay tantos términos sin mancha disponibles, así es que podríamos redimir éste.

Cuando las masas de gente que poseen los medios de producción trabajan hacia una meta común y comparten sus productos en común, cuando contribuyen con trabajo sin salarios y disfrutan de los frutos libres de costo, no es irracional llamarlo socialismo.

A finales de los 90s, el activista, provocador y envejecido hippy John Barlow comenzó a llamar a esta corriente “punto-comunismo”. La definió como una “fuerza de trabajo compuesta enteramente por agentes libres”, un descentralizado regalo o economía del cambalache donde no hay propiedad y donde la arquitectura tecnológica define el espacio político. Estaba justo sobre el dinero virtual.

Pero hay una manera en que socialismo es la palabra equivocada para lo que está sucediendo: No es una ideología. No exige ninguna creencia rígida. Preferiblemente, es un espectro de actitudes, técnicas y herramientas que promueven la colaboración, compartir, agregar, coordinar, ad hocracia, y un conjunto de otros habilitados nuevos tipos de cooperación social. Es una frontera de diseño y un espacio particularmente fértil para la innovación.

En su libro del 2007, Here Comes Everybody (aquí vienen todos), el teórico de medios Clay Shirky sugiere una útil jerarquía para ordenar o navegar en estos nuevos arreglos sociales. Los grupos de gente comienzan simplemente compartiendo y luego progresan hacia la cooperación, colaboración, y finalmente el colectivismo. En cada paso, la cantidad de coordinación se incrementa. Una leve mirada hacia el paisaje en línea revela evidencias amplias de este fenómeno.

1.   Compartir
Las masas en línea tienen una increíble voluntad para compartir. El número de fotografías posteadas en Facebook y MySpace es astronómico, pero es una apuesta segura que la gran mayoría de fotos tomadas con una cámara digital es compartida de alguna manera. Luego hay actualizaciones de status, mapas de locación, medio-pensamientos posteados en línea. Agréguese a esto los 5 billones de videos servidos por YouTube cada mes (sólo en EE UU) y las millones de historias creadas por los fanáticos y depositadas en los sitios. La lista de organizaciones que comparten es casi infinita: Yelp para críticas, Loopt para locaciones, Delicious para bookmarks…

Compartir es la forma más liviana del socialismo, pero sirve como fundamento para niveles más altos de compromiso comunal.

2.    Cooperación
Cuando los individuos trabajan juntos hacia una meta de gran escala, se producen resultados que emergen a nivel de grupo. No es sólo que los amateurs han compartido más de 3 billones de fotos en Flickr, también las han pegado con categorías, etiquetas y palabras clave. Otros en la comunidad recogen los retratos por juegos (sets). La popularidad de Creative Commons quiere decir que comunalmente, si no frontalmente-comunísticamente, tu retrato es mi retrato. Cualquiera puede utilizar una fotografía, al igual que cualquier comunalista podría utilizar la carretilla de la comunidad. No tengo que tomar otra foto de la Torre Eiffel, ya que la comunidad puede darme una mejor que la que yo mismo puedo tomar.

Miles de sitios de agregación utilizan la misma dinámica social para beneficios tripartitos. Primero, la tecnología ayuda a los usuarios directamente, dejándolos pegar, marcar, jerarquizar y archivar para uso propio. Segundo, otros usuarios se benefician de las pegas individuales, bookmarks y demás. Y esto, a su vez, crea a menudo valor adicional que sólo puede venir del grupo como un todo. Por ejemplo, fotos etiquetadas de la misma escena desde diferentes ángulos pueden ser ensambladas en un impactante rendimiento de la locación en 3-D. (Chequéese el Photosynth de Microsoft). De forma curiosa, esta proposición excede la promesa socialista de “de cada quien de acuerdo a su habilidad, para cada quien de acuerdo con sus necesidades” porque mejora lo que se contribuye y entrega más de lo que se necesita.

Los agregadores comunitarios pueden desencadenar un poder sorprendente. Sitios como Digg y Reddit, que le permiten a los usuarios votar en los Web links que despliegan más prominentemente, pueden manejar la conversación pública tanto como lo hacen los periódicos o las televisoras. Los contribuidores serios de estos sitios ponen mucha más energía de lo que jamás obtendrán en compensación, pero continúan contribuyendo en parte por el poder cultural que otorgan estos instrumentos. La influencia de un contribuyente se extiende mucho más allá de un solo voto, y la influencia colectiva de la comunidad puede estar muy fuera de proporción con el número de sus contribuyentes. Y ese es todo el objeto de las instituciones sociales: la suma sobrepasa a las partes. El socialismo tradicional pretendía saltarse rampante esta dinámica por vía del Estado. Ahora, desempatada del gobierno y enganchada en la matriz digital global, esta elusiva fuerza opera a una escala mucho más grande, jamás antes vista.

3.   Colaboración
La colaboración organizada puede producir resultados más allá de los logros de la cooperación ad hoc. Basta con ver cualquiera de los cientos de proyectos/softwares de fuente abierta, tal como el servidor Apache Web. En estas iniciativas, herramientas comunales finamente sincronizadas generan productos de alta calidad desde el trabajo coordinado de miles y decenas de miles de sus miembros. Contrastando con la cooperación casual, la colaboración en proyectos grandes y complejos tiende a traerle a los participantes sólo beneficios indirectos, ya que cada miembro del grupo interactúa con sólo una pequeña parte del producto final. Un entusiasta puede pasar meses escribiendo un código para una sub-rutina cuando la total utilidad puede estar a varios años de distancia. De hecho, el promedio de trabajo-recompensa está tan fuera de orden de la perspectiva de libre mercado -los trabajadores hacen inmensas cantidades de  trabajo de alto valor de mercado sin ser pagados- que estos esfuerzos colaborativos no tienen sentido sin el capitalismo.

Agregándose a la disonancia económica, nos hemos acostumbrado a disfrutar de los productos de estas colaboraciones libres de costos. En vez de dinero, los pares productores que crean la cosa ganan crédito, status, reputación, goce, satisfacción y experiencia. No es sólo el producto gratis, ya que puede ser copiado libremente y utilizado como base para nuevos productos. Los esquemas alternativos para administrar la propiedad intelectual, incluyendo Creative Commons y las licencias GNU, fueron creados para asegurar estas “gratuidades”.

Por supuesto, no hay nada particularmente socialista en la colaboración per se. Pero las herramientas para la colaboración en línea mantienen un estilo comunal de producción que huye de las inversiones capitalistas y deja la propiedad en manos de los trabajadores, y hasta cierto punto de las masas consumidoras.

4.   Colectivismo
Mientras la cooperación puede escribir una enciclopedia, a nadie se le acusa si la comunidad falla en alcanzar el consenso, y la falta de acuerdo no pone en peligro la iniciativa como un todo. El blanco de un colectivo, sin embargo, es hacer la ingeniería para un sistema donde los pares auto-dirigidos asumen la responsabilidad para procesos críticos y donde las decisiones difíciles, como establecer las prioridades, es decidida por todos los participantes. A través de la historia, cientos de grupos colectivistas de escala menor han probado este sistema operativo. Los resultados no han sido alentadores, aún poniendo de lado a Jim Jones y la familia Manson.

Sin duda, un examen del núcleo gobernante de, digamos, Wikipedia, Linux, u OpenOffice demuestra que estos esfuerzos van más allá del ideal colectivista de lo que parece desde afuera. Mientras millones de escritores contribuyen con Wikipedia, un número menor de editores (alrededor de 1,500) son responsables por la mayoría de lo editado. Lo mismo pasa con los colectivos que escriben código. Un gran ejército de contribuciones es administrado por un grupo de coordinadores mucho menor. Como Mitch Keper, fundador del código de la fábrica de fuente abierta de Mozilla, observó: “Dentro de cada anarquía trabajadora, hay una red de viejo ex alumno.”

Esto no es necesariamente una cosa mala. Algunos tipos de colectivos se benefician de la jerarquía mientras que otros son heridos por ella. Plataformas como Internet y Facebook, o la democracia, cuya intención es servir como sustituto para la producción de bienes y el suministro de servicios, se benefician siendo tan anti-jerárquicas como sea posible, minimizando las barreras de entrada y distribuyendo derechos y responsabilidades igualitariamente. Cuando aparecen actores poderosos, toda la fabrica sufre. Por otra parte, las organizaciones construidas para crear productos necesitan a menudo líderes fuertes y jerarquías arregladas alrededor de escalas de tiempo. Un nivel se concentra en necesidades por horas, otro en los próximos cinco años.

En el pasado, construir una organización que explotara la jerarquía pero que maximizara el colectivismo era casi imposible. Ahora el trabajo en redes ofrece la infraestructura necesaria. La Red empodera a las organizaciones producto-concentradas para funcionar colectivamente mientras evita que la jerarquía lo asuma todo totalmente. La organización detrás de MySQL, una database de fuente abierta, no está románticamente no jerarquizada, pero es mucho más colectivista que Oracle. Igualmente, Wikipedia no es un bastión de la igualdad, pero es vastamente más colectivista que la Enciclopaedia Britannica. El núcleo elite que encontramos en el corazón de los colectivos en línea es realmente una señal de que el socialismo sin estado puede funcionar a gran escala.

La mayoría de la gente occidental fue adoctrinada con la noción de que extender el poder de los individuos disminuye necesariamente el poder del Estado, y vice versa. Pero en la práctica, la mayoría de las políticas socializan algunos recursos e individualizan otros. La mayoría de las economías de libre mercado han socializado la educación, y hasta las sociedades extremadamente socializadas permiten alguna propiedad privada.

En vez de ver el socialismo tecnológico como un trueque cero-suma entre el individualismo de libre mercado y la autoridad centralizada, puede ser visto como un hecho cultural que eleva a la vez tanto al individuo como al grupo. La ampliamente no articulada pero comprendida meta de la tecnología comunitaria es esta: maximizar tanto la autonomía individual y el poder de la gente trabajando junta. Así, el socialismo digital puede ser visto como una tercera vía que hace irrelevante los viejos debates.

La noción de una tercera vía es reflejada por Yochai Benkler, autor de Wealth of Networks (riqueza de las redes), quien ha pensado más que muchos sobre la política de las redes. “Veo la emergencia de producción social y producción de pares como una alternativa a los cerrados sistemas de propiedad Estado-basados y mercado-basados”, dice, notando que estas actividades “pueden mejorar la creatividad, la productividad y la libertad.” Lo nuevo no es el clásico comunismo de planificación centralizada ni el no diluido caos de un libre mercado. Es un emergente espacio de diseño en que la descentralizada coordinación pública puede resolver problemas y crear cosas que el comunismo puro ni el capitalismo puro pueden hacer.

Los sistemas híbridos que fusionan mecanismos de mercado y no mercado, no son nuevos. Durante décadas, los investigadores han estudiado los métodos de producción descentralizada y socializada del norte italiano y las cooperativas industriales vascas, en que los empleados son dueños, seleccionando administración y limitando la distribución de beneficios, independientes del control estatal. Pero es sólo desde la llegada de la ubicua colaboración, de bajo costo e instantánea, que ha sido posible migrar el núcleo de esas ideas hacia nuevos reinos diversos, como escribir software de empresas o libros de referencias.

El sueño es escalar por esta tercera vía más allá de experimentos locales. ¿Hasta qué tamaño? Ohloh, una compañía que rastrea la industria de fuente abierta, clasifica alrededor de 250,000 personas trabajando en unos impresionantes 275,000 proyectos. Eso es casi el tamaño de la fuerza laboral de General Motors. Y es muchísima gente trabajando de gratis, aunque no lo hagan a tiempo completo. Imagínese a todos esos empleados de la GM sin salarios y continuando la tarea de producir automóviles…

Hasta ahora, los esfuerzos más grandes son proyectos de fuente abierta, y los más grandes de ellos, como Apache, administran varios cientos de contribuidores, el tamaño de un pueblo. Un estudio estima que 60,000 años-hombre de trabajo se han vertido en el lanzamiento de Fedora Linux 9 el año pasado, suministrándonos prueba de que el auto-ensamblaje y la dinámica de compartir pueden gobernar un proyecto en la escala de una aldea o pueblo descentralizado.

Por supuesto, el censo total de participantes en el trabajo colectivo en línea es mucho más grande. YouTube afirma tener alrededor de 350 millones de visitantes mensuales. Cerca de 10 millones de usuarios registrados contribuyen en Wikipedia, 160 mil de los cuales están designados como activos. Más de 35 millones han posteado y etiquetado más de 3 billones de fotos y videos en Flickr. Yahoo es anfitrión de 7.8 millones de grupos enfocados en cada tema posible. Google tiene 3.9 millones.

No son una nación, pero es claramente una población que vive significativamente en los medios socializados. El número de gente que hace cosas de gratis, que usan cosas de gratis, pertenecen a granjas colectivas de software, trabajan en proyectos que requieren de decisiones comunales, o experimentan los beneficios del socialismo descentralizado que llegan o se multiplican por millones. Las revoluciones han crecido desde números mucho más bajos.

De cara al asunto, uno podría esperar bastantes posturas políticas de la gente que está construyendo una alternativa al capitalismo y el corporativismo. Pero los codificadores, hackers y programadores que diseñan herramientas para compartir no se consideran a sí mismo revolucionarios. Ningún nuevo partido político está siendo organizado en salones de conferencias.

Porque los líderes del nuevo socialismo son extremadamente pragmáticos, quieren “aprender y desarrollar nuevas habilidades.” Así de práctico. Quieren mejorar sus herramientas, su software, porque, básicamente, hasta la política abierta no es lo suficientemente práctica…

Pero quizás el resto de nosotros podríamos no ser políticamente inmunes a la marea creciente del compartir, en cooperación, colaboración, y colectivismo. Aunque ciertos males políticos socialistas no se deben al tecno-socialismo, la elección de Barack Obama demostró el poder de la descentralización, con base webificada de colaboración en su núcleo. Mientras más nos beneficiemos de tal colaboración, más abiertos podríamos estar con un gobierno de instituciones socializadas. El sistema coercitivo y rompe-almas de Corea del Norte está muerto; el futuro es un híbrido que recibe sus pies de Wikipedia y el socialismo moderado de Suecia.

¿Puede este movimiento acercarnos a una sociedad no capitalista, de fuente abierta y de producción entre iguales? Cada vez que se hace esta pregunta, la respuesta ha sido: más cerca de lo que pensamos. Considérese craiglist. Sólo avisos clasificados, ¿cierto?  Pero el sitio amplió el fácil tablero de trueques comunitarios para llegar a una audiencia regional, mejorándolo con retratos y actualizaciones en tiempo real, y súbitamente se hizo un tesoro nacional. Operando sin fondos ni control , conectando a ciudadanos directamente con ciudadanos del estado, este casi total mercado libre gratuito logra el bien social con una eficiencia que haría tambalear a cualquier gobierno o corporación tradicional. Claro, mina el modelo de negocios de los periódicos, pero al mismo tiempo muestra irrefutablemente que el modelo de compartir es una alternativa viable para las corporaciones que buscan ganancias y las instituciones cívicas que buscan soluciones.

¿Quién iba a creer que los campesinos pobres podían conseguir préstamos de cien dólares de extraños viviendo al otro lado del planeta, y pagarles el préstamo? Eso es lo que Kiva hace con préstamos par-a-par. Los expertos en salud pública declaran con confianza que compartir está muy bien para fotografías, aunque nadie compartía sus registros médicos. Pero PatientsLikeMe, donde los pacientes se congregan para tratamientos que mejoran su propia atención, prueba que la acción colectiva puede superar tanto a doctores como a sustos privados. El creciente hábito común de compartir lo que se está pensando (Twitter), lo que se está leyendo (StumbleUpon), tus finanzas (WeSabe), tu todo (la Web), se está volviendo un fundamento de nuestra cultura. Y se hace al colaborar para construir enciclopedias, nuevas agencias, archivos de video, softwares o herramientas de grupos que se expanden por todos los continentes, con gente que no conoces y cuya clase es irrelevante… Eso hace que el socialismo político-digital parezca el próximo paso lógico.

Una cosa similar pasó en el siglo pasado con los libres mercados. Cada día alguien preguntaba: ¿Qué pueden hacer los mercados? Llevamos una larga lista de problemas que parecían requerir planificación nacional o gobiernos paternales, y aplicamos lógica de mercado. En la mayoría de los casos, la solución de mercado funcionó significativamente mejor. Mucha de la prosperidad en décadas recientes se ganó desencadenando las fuerzas de mercado sobre problemas sociales.

Ahora intentamos el mismo truco con la tecnología social colaborativa, aplicando el socialismo digital a una creciente lista de deseos, y ocasionalmente a problemas que el libre mercado no pudo resolver, para ver si funciona. Hasta ahora, los resultados han sorprendido. Casi que en cada esquina, el poder de compartir, cooperar, colaborar, de apertura, y transparencia, ha probado ser más práctico de lo que los capitalistas creían posible. Cada vez que lo probamos, nos encontramos con que el poder del nuevo socialismo es más grande de lo que imaginamos.

Subestimamos el poder de nuestras herramientas para reformar nuestras mentes. ¿Creímos realmente que podíamos construir colaborativamente y habitar mundos virtuales todo el día, y que no afectaría nuestra perspectiva? La fuerza del socialismo en línea está creciendo. Su dinámica se está desplegando más allá de los electrones, quizás hacia elecciones.