imperialismo-colonialismo

Por Alberto Rodríguez Barrera

En general, imperialismo es (1) la extensión del poder de un estado a través de la adquisición, generalmente por conquista, de otros territorios; la subyugación de sus habitantes a un mando foráneo impuesto sobre ellos por la fuerza, y la explotación económica y financiera por el poder imperial. Imperialismo en este sentido general de “imperio” es tan viejo como la historia.

Más específicamente, (2) como desarrollo del viejo término “imperio”, la palabra “imperialismo” fue adoptada en Inglaterra en los 1890s por quienes abogaban por un mayor esfuerzo (liderado por Joseph Chamberlain) para desarrollar y extender el Imperio Británico en oposición a la política de concentrar el desarrollo en casa. La palabra pasó rápidamente a otras lenguas para describir el concurso entre poderes rivales europeos para asegurarse colonias y esferas de influencia en África y otros lugares,  concurso que dominó la política internacional desde los 1880s a 1914 y que motivó a que este período se llamase la Era del Imperialismo. Tanto los imperialistas británicos como continentales justificaron sus políticas afirmando que estaban extendiendo los beneficios de la “civilización”, basada en la superioridad racial, material y cultural de las razas blancas, hacia los pueblos inferiores de tierras atrasadas. Después de la Primera Guerra Mundial sus ideas fueron incorporadas a las ideologías del fascismo y el nazismo.

La primera crítica sistemática al imperialismo moderno fue dada por el radical inglés J. A. Hobson cuyo “Imperialismo” (1902) le dio una interpretación económica. Asumido y desarrollado por Lenin en “Imperialismo como la etapa más alta del capitalismo” (1915), esto se hizo la teoría económica del imperialismo. De acuerdo con Lenin la tendencia natural del capital para acumular lleva a la caída de las ganancias, y esto en cambio al crecimiento de los monopolios como artificio auto-protector que mantiene alta la tasa de ganancias. Pero esto es sólo un paliativo, y el monopolio de los capitalistas son llevados a buscar ganancias por vía de inversión en el exterior, usando el control que han adquirido sobre el gobierno para dirigir la política exterior hacia la adquisición de imperio con vistas a asegurar mercados, materias primas y sobre todo oportunidades para invertir su capital excedente. Esto, sin embargo, es la última etapa del capitalismo, porque los imperialismos competitivos llevan a la guerra, la guerra trae la revolución, y la revolución finalmente tumba del todo al capitalismo y al imperialismo. Además de proveer una teoría del imperialismo, podremos notar que la teoría de Lenin también trazaba el origen de la guerra, o al menos las guerras “imperialistas”, a las inexorables maquinaciones del sistema capitalista.

Nadie hoy cuestionaría que los factores económicos jugaron un papel grande en el imperialismo moderno; pero los críticos de la teoría marxista-leninista no han encontrado difícil mostrar que provee un sobre-simplificado  registro hasta de los hechos económicos, y que ignora todo un amplio campo de motivos no económicos (nacionalismo, racismo), la búsqueda de poder nacional que, como en el caso del fascismo y el nazismo, combinan pero no son reducibles a la búsqueda de ventajas económicas. La interpretación económica del imperialismo, sin embargo,  como expuesta por Lenin, permanece como uno de los más importantes elementos en la teoría contemporánea marxista, con la ventaja, debido a propósitos propagandísticos,  de que sólo por definición los estados no comunistas pueden ser acusados de imperialismo y los comunistas pueden siempre afirmar que están del lado de los movimientos anti-imperialismo y anti-colonialismo (para lo cual puede verse el párrafo final).

El colonialismo es una forma del imperialismo basada en mantener una aguda y fundamental distinción (expresada a menudo en ley así como en hecho) entre la nación gobernante y las poblaciones subordinadas (coloniales). Tal arreglo surge más naturalmente en consecuencia de una conquista de un territorio remoto con una población  conspicuamente diferente en lo físico y en cultura.  Estas, sin embargo, no son necesariamente condiciones (véase el colonialismo nazi en Europa oriental, exaltado por un seudo-racismo basado en ficticias diferencias raciales). El colonialismo siempre conlleva derechos desiguales. Los imperios británicos y holandeses del último siglo ofrecen los ejemplos más puros: liberalismo, democracia y una fricción de barreras de clases en el país metropolitano, autoritarismo burocrático y la barra de color en las colonias. Otra característica fundamental del colonialismo ha sido la política de perpetuar la diferenciación  entre las colonias y la metrópolis, con aquellas suministrando la materia prima y la última siendo la fuente en jefe de las manufacturas.

Descolonización es el proceso mediante el cual el país metropolitano relega su autoridad sobre sus territorios dependientes y les otorga el status de estados soberanos.  Puede verse más claramente en el desarrollo que siguió a la Segunda Guerra Mundial del antiguo Imperio Británico: el “Commonwealth” de estados independientes, o el Imperio Francés con la “Communauté Française”. Esto representa un triunfo para los movimientos nacionalistas que habían agitado por la independencia y tomaron el poder cuando se retiraron los poderes coloniales. En muchos caso, sin embargo, pese al logro de la soberanía nacional y la admisión a las Naciones Unidas ha continuado la controversia sobre si la descolonización ha llevado a una real independencia o sólo a un “neo-colonialismo”. El término describe una formal independencia judicial acompañada por un dominio de facto y explotación por nacionales foráneos, junto a la retención de muchas características de la situación colonial tradicional (cerrada especialización económica, inferioridad  cultural y educacional).

Neo-imperialismo, de lo cual neo-colonialismo es una forma,  describe una situación en que un país independiente sufre de y resiente la intervención y control por parte de un gobierno foráneo y sus nacionales, pero no necesariamente como resultado de una previa relación colonial. En algunas partes del mundo –como América Latina- el término sinónimo de “imperialismo económico” es a menudo preferido. El uso de tales términos, por supuesto, es coloreado por los puntos de vista políticos del usuario: lo que es “imperialismo económico” para unos, es “ayuda” para otros.

Imperialismo Cultural puede ser definido como la utilización de poder político y económico para exaltar y diseminar los valores y hábitos de una cultura foránea a expensas de la cultura nativa. Un ejemplo familiar es la exportación de películas estadounidenses. Aunque el imperialismo cultural puede ser tratado por sí mismo, opera frecuentemente como auxiliar del imperialismo económico, como cuando las películas crean una demanda por productos americanos.

Anti-colonialismo y anti-imperialismo aparentan ser auto-explicatorios. El primero es correctamente utilizado para describir cualquier movimiento dirigido a terminar con la subordinación del pueblo al gobierno colonial. El segundo significa, más ampliamente, oposición a cualquier forma de imperialismo en cualquier parte. Anti-imperialismo, sin embargo, como anti-fascismo, es un término frecuentemente torcido con propósitos propagandísticos y aplicado selectivamente. Si fuera utilizado con consideración a la objetividad o a la consistencia lógica, la oposición al control soviético de la Europa oriental o a la conquista china del Tibet o la subyugación nigeriana de Biafra podrían llamarse anti-imperialistas. En el uso corriente, sin embargo, el término es comúnmente restringido a grupos hostiles a Estados Unidos o los países de Europa occidental.

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