Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

  • Lectores

    • 231,341 hits
  • Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

    Únete a otros 93 seguidores

  • Noticias

Democracia real, democracia formal. ¿Existe la democracia?

Publicado por Teódulo López Meléndez en junio 22, 2008

 

por  Juan Almendares

 

Democracia y derechos humanos

 

La primera contradicción entre democracia formal y democracia real está en el origen mismo del término. Según Mariano Grondona el origen del poder no fue democrático sino despótico porque el verbo griego “arkhein” tiene otra opción y, por tanto, dos significados: empezar y mandar. Con esta palabra se conectan dos sustantivos: arkhé, origen y arkhos, jefe. Con arkhé se vinculan palabras como arcaico y arqueología. Con arkhos, “monarca”, monarquía que significa mando unipersonal puesto que mono equivale a uno. ¿En qué pensarían los inventores de la democracia, si es universalmente sabido que en la suya la esclavitud era moneda de curso legal? Y, ¿en qué pensaríamos después al asociar el término con la utopía en la que una mayoría –el pueblo- ejerce libre y completamente su propia soberanía y libertad?

 

Así que en el principio (arkhé) no fue el pueblo (demos) sino el jefe (arkhos). La palabra “poder”; se origina en la voz indoeuropea poti, que significa “jefe”. De ella deriva el griego despotes, “jefe” o “amo”, castellanizada, para mal de muchos amos, como déspota. Democracia, entonces, se origina en el griego demos pueblo y kratos poder. Sin embargo, la palabra pueblo excluía a los esclavos y a las mujeres.

 

La segunda contradicción está en la propia naturaleza del término, dado que “formal” se relaciona con “forma”, que en términos aristotélicos significa “lo que algo es o la esencia de algo”. Se trata de un sistema político donde la forma de gobierno representativa está regida por la constitución del Estado, que garantiza la independencia de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. La elección de los representantes de estos poderes, sobre todo del presidente y los diputados, lo hace el pueblo mediante el voto libre, igualitario, universal, directo y secreto. Se asume que el poder es homogéneo en los individuos como miembros del Estado y no existen clases sociales dominantes. En esta democracia se consideren tres principios: la soberanía popular, la libertad y la igualdad jurídica. El primero se refiere al autogobierno del pueblo pero, de nuevo: ¿quién es el pueblo y quién elige a los gobernantes? ¿Garantiza la ley la libertad de elegir, cuando los ciudadanos son analfabetos o no tienen educación política? ¿Son iguales los pobres ante la ley jurídica; tienen los mismos derechos y deberes?

 

La tercera contradicción es ontológica; es decir, la democracia con respecto al ser. Es la democracia de los seres individuales o atómicos o aislados o es la democracia de los seres sociales que tienen necesidades materiales, culturales y espirituales. Se trata más bien de una ontología social cuya esencia es el trabajo. ¿Puede haber democracia es un país en el que existen desempleados, subempleados, o el trabajo es causa de sufrimiento y explotación como el caso del trabajo infantil, las mujeres en las maquilas, los migrantes; tan esclavos como en la época de oro griega, nada más que con una esclavitud disfrazada por todos los condicionamientos del oro?

 

¿Quién legitima a la democracia?, ¿la violencia represiva del Estado mediante el uso de las fuerza o de las armas, la utilización de la tortura y los tratos inhumanos y crueles, el asesinato de niños y niñas y jóvenes? En diversos países en nombre de la democracia se han cometido los peores crímenes

 

La cuarta contradicción es que la igualdad se limita a lo jurídico sin considerar lo económico. Las diferencias en el ingreso económico según los grupos sociales son abismales. ¿Puede existir democracia en un país donde el 80 por ciento de la población vive en la extrema pobreza y la riqueza está concentrada en el 5 por ciento de la población?

 

La quinta contradicción es ¿quién legitima a la democracia?, ¿la violencia represiva del Estado mediante el uso de las fuerza o de las armas, la utilización de la tortura y los tratos inhumanos y crueles, el asesinato de niños y niñas y jóvenes? En diversos países en nombre de la democracia se han cometido los peores crímenes (y debemos recordar que el nuestro no es una excepción).

 

La sexta contradicción es con respecto a la verdad. ¿Puede existir la democracia sin la verdad? ¿Quién define la verdad con respecto, por ejemplo, a la impunidad militar o policial? ¿Quien define la verdad con respecto a la corrupción de gobernantes y funcionarios? ¿Cuál es la verdad sobre los torturados, desaparecidos y todas las violaciones de los derechos humanos de las que ni siquiera tenemos noticia, por la simple razón de que las víctimas son invisibles?

 

La séptima contradicción es histórica. Los regímenes militares o los gobiernos civiles han impuesto los intereses neocolonialistas y la lógica de la acumulación histórica del capital articulado con la oligarquía y con los sectores poderosos locales y nacionales; y a ese ropaje le llaman democracia. Para lograr este propósito ha sido necesario el cultivo de la guerra, el negocio de las armas y las invasiones de marines; los desalojos violentos de campesinos e indígenas, la generación de pobreza, la emigración del campo a la ciudad y el desplazamiento como “espaldas mojadas” a la tierra prometida del “destino manifiesto” o hacia las metrópolis europeas.

 

La octava contradicción es epistemológica acerca de si es válido el conocimiento de la democracia. Que clase de conocimiento y para qué se promueve cierto tipo de democracia y a qué intereses sirve. En otras palabras: En qué lógica se fundamenta la democracia, ¿en la razón del mercado o en la lógica del capital?

 

La novena contradicción es sobre los métodos de promover o construir la democracia. Se parte de concepciones elitistas, clasistas o como dice el pueblo, “desde arriba”, en forma vertical, y no desde abajo hacia arriba o en forma horizontal, participativa y movilizadora de las comunidades y organizaciones del movimiento social.

 

La décima contradicción se refiere a si es posible la democracia sin un desarrollo sustentable e integral. No hay necesidad de formular pregunta alguna pues la respuesta siempre será que definitivamente no es posible. Los espacios saludables y estéticos, la sanidad del bosque, los suelos, las aguas y el aire; la educación, la economía en función de la vida individual y familiar, comunitaria y planetaria son fundamentales para la coexistencia y la cooperación en un estado democrático y solidario.

 

Las decimoprimera contradicción es sobre si pueden promover la democracia aquellos países hegemónicos cuyas políticas históricamente se han caracterizado por la invasión, el sometimiento, las guerras y las ocupaciones militares en contra de nuestros pueblos, tal es el caso de la guerra en Iraq y la ocupación militar de Honduras; la base en Guantánamo, Cuba; Puerto Rico, Ecuador y El Salvador.

 

La decimosegunda contradicción es que no puede haber democracia si no cambia la ideología patriarcal, si no existe participación política y condiciones económicas igualitarias para la mujer. No basta que la mujer llegue a las posiciones de poder en las gobiernos; se requiere que tengan un posicionamiento en contra de los tratados comerciales desiguales, la privatización del agua, la salud, la energía y que estén en franca oposición al sufrimiento que ocasiona el trabajo de la mujer en labores domésticas, en las maquilas y la discriminación salarial; o bien luchar en la conquista de sus derechos de género, su sexualidad, su vida reproductiva y en el respeto absoluto a sus derechos como seres humanos.

 

La décimo tercera contradicción es la ética y bioética. Como sujetos históricos y sociales, ciudadanos, miembros del movimiento social o de la sociedad civil, tenemos la responsabilidad moral de ser participativos, deliberativos y solidarios en la construcción de una verdadera democracia política, económica, social, humana y planetaria. No basta ser participativos se requiere transparencia y claridad en los objetivos y en las metas trazadas en función de la vida y la dignidad humanas.

 

¿Cómo resolver la contradicción de la democracia formal y la democracia real? ¿Es posible hacerlo? ¿Es necesario? Nuestra respuesta es afirmativa

 

La construcción de la democracia es un proceso histórico social. Nuestros puntos de partida son la educación, la organización y la movilización para democratizar el poder, la política, el trabajo y la economía.

 

La educación debe ser integral y liberadora. Las escuelas comunitarias deben contribuir a la formación política, a la afirmación de principios filosóficos y éticos sobre la necesidad de construir una verdadera democracia. Esta escuela sólo pude desarrollarla el pueblo organizado. La organización solidaria y participativa debe desarrollarse a partir de lo comunitario, para construir alianzas y coaliciones tanto en el plano local y nacional como en el internacional.

 

Es necesario democratizar la economía en el hogar, en la escuela, en lo local, y, por supuesto, en el gobierno. El pueblo debe participar en la elaboración de los presupuestos y los plazos de ejecución de los proyectos a nivel de las alcaldías y del gobierno. No puede haber educación, salud, vivienda sana si no se democratiza la economía.

 

El saber cultural, el conocimiento, la información ética y el desarrollo de la conciencia son fundamentales para analizar la democracia. La ciencia y la técnica deben estar siempre al servicio de las comunidades y al servicio y defensa de la vida del planeta. En esencia debemos participar en la construcción de la democracia humana, anticolonialista, opuesta a la globalización imperial, donde la forma sea la esencia de lo real al reflejarse en la vida material, espiritual y cultural.

 

Bibliografía Mínima

 

Antonino Infranca: Trabajo, individuo, historia. El concepto del trabajo en Lukács. Ediciones herramienta. Argentina 2005.

 

Christophe Dejours. La banalización de la injusticia social. Editorial Topia. Argentina 2006.

 

Diego Gracia Guillén: Democracia y Bioética. Acta Bioethica ,2001; 7(2) Acta bioethica. ISSN 1726-569X versión on-line.

 

Joachin Israel: El lenguaje de la dialéctica y la dialéctica del lenguaje. Munksgaard, Humanitarian Press, England. (Versión inglesa) 1979

 

Mariano Grondona. Historia de la democracia. Septiembre 2000. Universidad del CEMA. Departamento de Ciencias Políticas. Documento de Trabajo No. 175

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Blogs Of The Day

Just another WordPress.com weblog

WordPress.com News

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 93 seguidores

%d personas les gusta esto: