Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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Alocución del presidente de Colombia

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 4, 2012

 

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Un César por otro César

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 3, 2012

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Voto en blanco: el candidato-probeta en atmósfera de red

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 3, 2012

 

Por Ricardo Viscardi

Contrariamente al propósito de hacer cundir la alarma entre los partidos políticos, tal como intenta lograrlo Oscar Bottinelli con reiteradas advertencias[1], podemos hacerles plena confianza a los representantes públicos,  ante el crecimiento del voto en blanco, en su interpretación del asunto según el bochornoso gesto del avestruz. Estamos al respecto de la desistencia electoral  de cara a la consolidación de la inclinación contra-partidaria de un sector de la opinión pública, connotada además por la tendencia al crecimiento en número de quienes no quieren votar más de lo mismo[2].

El problema central no son los descreídos, como lo creen Bottinelli y muchos otros, sino lo mismo que los disuade de creer. No se trata de la manida consigna “el mismo perro con distinto collar” cara a una derecha fascistoide ya en los 60’, sino de una diversidad de posiciones que se subordinan al mismo lema fatalista: “el sistema político es insustituible”. Estamos todavía por conocer quien pretende borrar a los estados, aunque no dejamos de reconocer que desde la literatura romántica se ha insistido en trascender, en el sentido subjetivo, las formalidades públicas.

El Uruguay provee al respecto una referencia paradigmática. Dos por tres se nos ocurre que la Argentina, antítesis por excelencia de la sistematicidad partidaria, es decir ideológica, va a caer envuelta en llamas, quizás para regodeo de algunos uruguayos imbuidos de un universalismo exo-etno-céntrico (exótico por excéntricamente etnocéntrico)[3]. Lord Ponsomby sigue pisando fuerte desde el centro con efectos diferidos de diplomacia al servicio del plomo de la política de las cañoneras.  Mientras tanto la Argentina sigue aligerada de partidos, movilizada en movimientos y desafiando a las evaluadoras de riesgo, al tiempo que nosotros instalamos todas las papeleras del mundo, nos convertimos en el proveedor de commodities más juicioso del planeta y logramos que la Secretaria de Estado nos felicite por la mejor contribución posible a la pax romana en versión “combate al terrorismo internacional”.

Con esos antecedentes contextuales  parece por demás sorprendente que se configure, incluso en el Uruguay, un sector que dejó de leer lo político de la sociedad en la política de Estado. Pero asimismo, esa tendencia ya universal no es efecto de un “desencanto” a recuperar,  mediante la ingesta forzada de vitaminas ideológicas que revigoricen un alicaído tono moralista, sino de la enhiesta percepción del vínculo público como algo que prescinde, cada día un poco más, del lugar institucional. Esta percepción es consecuencia necesaria y paradójica (es decir contradictoria), de la contingente inclinación de los humanos a encontrar en la necesidad algo pesaroso.  A raíz de tal condición paradójica llegamos a conocer algo de nosotros (mismos y otros), sin cuya intervención nos desconoceríamos: la crítica, incluso y sobre todo, en el sentido primigenio (hipocrático) que unía “crisis” a “decisión” (krinein).

El desconocimiento soberbio de tal diferencia impronunciable (intente el lector vernáculo pronunciar distinto “diferensia”  que “diferencia”[4]), es decir de una diferencia (la de la “s” y la “c” en español rioplatense) que un sistema (fonético por ejemplo) no puede registrar, es lo que hunde al actual gobierno uruguayo, entre otros, en pos de demostrar sistemáticamente y necesariamente que “vamos mejor”. Desde que lo mejor sería efecto de una necesidad sistemática que comprobaría el reconocimiento, sentimos que nos va peor. El problema no está en el reconocimiento, sino en que “sistema” es un sucedáneo secularizado de la entelequia teológica.

Lo que caracteriza a un sistema es su autosuficiencia, o sea, su prescindencia respecto a todo otro. Como estamos en el lugar del otro, único posicionamiento desde el que un sistema puede ser reconocido, tal reconocimiento nos anonada como diferentes. Luego, convencernos de que la desocupación bajó, la salud mejoró, la educación es como la quiere la derecha, etc.[5] engendra dos inferencias obligadas: o que tales supuestos beneficios son obra de este gobierno, o que no vale la pena cambiar a este por otro, porque no sólo no haría mejor, sino que incluso podría llegar a hacer(lo) peor.

La primer inferencia se descarta por el absurdo, ya que la deniegan las declaraciones del propio enunciador que supuestamente la sostendría (el staff gubernamental para empezar). En efecto, se nos ha retorcido hasta el cansancio la escucha con la afirmación de que esto no es el socialismo (lo que supone que tal fantasma del pasado ideológico decimonónico presenta, actualmente, algún cumplimiento feliz que lo recomiende), sino un pálido reflejo del poder que sería necesario para alcanzarlo (lo que parece suponer, a su vez, que el poder es el objeto por excelencia de la cuestión pública).

La segunda inferencia ya descalifica de por sí al enunciador, porque si el actual elenco en el gobierno nos da más garantías relativas que los partidos que trajeron primero el cese de las libertades, para luego  venderle al electorado un gerenciamiento económico que hoy es un mamarracho célebre (mundialmente), entonces, como dice el tango “poca cosa resultaste/para que un hombre modesto/tu maldad tomara a pecho/entregándose al spleen”.

Sin embargo, aguijoneado por el “cuesta abajo en la rodada” ante la opinión pública, el gobierno insiste en justificarse con “resultados”[6]. Tal objeto de la objetividad pública supone que todos vemos lo mismo y que por consiguiente compartimos un mismo sistema de convicciones. Luego, pretender convencer mostrando lo indudable, no puede sino generar dudas sobre las intenciones que animan tal uso del índice (a dedo). Si es indudable, ya estamos convencidos, si no estamos convencidos, conviene no ofender la inteligencia del común pretendiendo que no vemos lo inobjetable.

El voto en blanco confirmado como tendencia del electorado, en consonancia con una tendencia mundial del presente, no es efecto de un desencanto descreído que lleva a la desistencia política, sino de una energía crítica que constata por sí misma las contorsiones con que un cuerpo de ideas acomoda el cuerpo al reino de las circunstancias bajo el lema “como te digo una cosa te digo la otra”.

Conviene recordar, para comprender tal desviación ideológica del desistente, que no se puede comprender sino comprendiendo, inherencia de la convicción que lleva a sostenerla en la duda, ante las dudas que engendra preguntarse. Primero, uno se pregunta y se pregunta por lo primero, no por los resultados.  El cientificismo en política es mal consejero, cuando pretende medir primero y convencer después. Los resultados pueden ser muy buenos, pero los sentimientos que engendran los mismos resultados, los peores. Sino no existirían los padres buenos pero infelices, los esposos fieles pero engañados, los mejores amigos pero traicionados por una oportunidad inmejorable ¿o no existen?

Luego, conviene recordar que convencidos de resultados inamovibles, los dirigentes frenteamplistas han pretendido vendernos “candidatos-probeta”[7], es decir, políticos de síntesis surgidos de laboratorios partidarios que hipotetizaban un votante inamovible. Indudable, en cuanto a no estar involucrado en ninguna duda de voto. Tal sistematicidad electoral, incluso por sus catastróficos resultados en la gestión política a posteriori, generó la mayor desconfianza, en cuanto el votante duda primero en saber qué votar, pregunta que es el “punto en el que recomienza todo el proceso” electoral, es decir, lo primero del votante es preguntarse qué votar. El descrédito (particularmente electoral) surge cuando la probeta partidocrática propone un “candidato de síntesis”, que para peor, se desintegra en la cancha de la actuación. En tales casos, no puede generarse sino un cuestionamiento del “sistema”, precisamente porque tal entidad pretende dar seguridades de serlo con prescindencia de lo que piense cada quien por su lado. Luego, prescindir científicamente del lado de pensamiento de cada quien, se parece a lo peor que se conoce en política, sobre todo si recordamos el pasado siglo XX.

El sentimiento de una sistematicidad electoral frenteamplista se  manifestó con oportunidad de la elección municipal de 2010. Sin embargo, en esa ocasión tal sentimiento se encontraba de antemano arraigado entre los votantes de izquierda, ya que pese a tratarse de una candidatura resuelta en órganos de gobierno del Frente Amplio, Ana Olivera no corresponde al perfil del candidato-probeta, en cuanto es una militante que ha dedicado su trayectoria y actuación a la actividad política. Ese mismo “efecto transferido” desde el aparato partidario sobre cualquier candidato que surgiera de una instancia interna, sin mediar antes consulta electoral generalizada a los adherentes, señala a las claras tanto una desestructuración del sistema de partidos, de cara a su credibilidad pública, como la trivialización que lo disminuye en aras de la publicidad mediática.

En efecto, si los partidos se ven obligados a consultar a cada uno de sus adherentes a la hora de decisiones relativamente secundarias (si consideramos las jerarquías constitucionales del Estado-nación), como la elección de gobernantes locales, entonces la representatividad está perforada en el sentido primordial de la delegación ciudadana.  Esta constatación que surge de la misma consulta electoral permanente que supone tal “democracia de votantes”, coloca a las estructuras partidarias en una supeditación estructural al aparato mediático de las encuestadoras de opinión y de la publicidad mercantil. Dado que las dirigencias se ven obligadas ya no a una “revolución permanente”, sino a una “compulsa incesante” y a una “seducción cotidiana”, el sentido estratégico de la representación, en tanto conducción de un proceso, se revierte en adaptación demagógica a la convicción más vacilante.

En este punto el voto en blanco pasa a cumplir una función higiénica entre las convicciones, ya que pone de manifiesto que ni la publicidad ni las encuestadoras logran subordinar toda creencia a la captación, por cualquier vía, del anodino “votante del centro” (que conlleva la justificación ideológica del descompromiso, en razón del esfuerzo desplegado para persuadir al remilgoso). El que vota en blanco no es un indiciso, sino quien se dice que lo gravitante para la sociedad quedó al costado de la urna (utensilio que, recordémoslo, también admite restos mortuorios).

Por esa razón, todo criterio que subordine el voto en blanco a una perspectiva ideológicamente sistemática, sea de “democracia representativa” o de “programa socialista”, no puede sino contraponerse a la inclinación de sensibilidad que habilita la desistencia electoral[8].

En el Uruguay el intento de una refundación de izquierda de la democracia representativa es inherente al trasfondo batllista de la cultura política del país, permanentemente tentada por la inefable obtención de una sociedad integrada democráticamente desde el Estado, o sea, una social-democracia. Tal tendencia se expresa en sectores que desde el propio Frente Amplio han llamado al voto en blanco en elecciones pasadas, pero que luego han dado lugar en su tribuna a cualquier-corsario, que justifique con la ecuanimidad del bestiario el sempiterno “todos tenemos lugar”, cuya fantasía de aniquilación es la renovación del célebre “Habrá patria para todos o no habrá patria para nadie”[9]. En tal perspectiva de revival batllista subrepticio, el “voto en blanco” es asumido como una estrategia para remover las estructuras partidarias, pero no como una vía alternativa para fortalecer una idiosincrasia alternativa de intervención pública.

En otra tendencia, el voto en blanco es percibido como justificada reacción de una base social con “destino socialista”, ante el abandono que sufre por parte de las estructuras que debieran representarla. En este caso, la desistencia electoral es llamada a escandalizar la conciencia participativa, generando una tensión movilizadora en torno a la misma sistematicidad social que le daría, en definitiva, un norte de representación coherente con supuestos intereses comunes a las mayorías.

La cuestión clave del voto en blanco supone admitir que la democracia no pasa hoy por los aparatos ni los sistemas, sino por la idiosincrasia de los particulares. Paradójicamente, tal tendencia es reforzada por la integración mediática de la sociedad en red, en cuanto no sólo cada uno se encuentra interpelado in situ, incluso por la ya pálida estrategia de los medios masivos (radio y televisión ante todo), sino que además se incrementa el número y sobre todo la costumbre de interactuar desde un pronunciamiento (conflictivamente llamado a ser) propio. Asimismo, el desafío que generan las redes, no es que sean sociales, sino que  registran ante todo la coerción procedimental de los artefactos tecnológicos, que las subordinan relativamente a intereses empresariales y a un criterio de eficiencia operativa. Sin embargo, en ese cotejo entre la democracia de los particulares y los aparatos tecnológicos de índole empresarial, la instancia pública ya abandonó la escena presencial de las instituciones y se instaló en la dinámica simbólica de los mensajes a distancia (de texto, de correo electrónico, de redes sociales, etc.).

[1] Bottinelli, O. “A medio camino entre elección y elección” La Onda Digital (07708/12) http://www.laondadigital.com/LaOnda/LaOnda/589/A3.htm

[2] “Media media” Montevideo Portal (20/08/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_176509_1.html

[3] Viscardi, R. “Entre el Discurso y su Objeto” (1986) Relaciones 26, Montevideo.

[4] Derrida destaca la deconstrucción en la inconmesurabilidad de los sistemas entre sí, para empezar en lo que concierne a la impronunciabilidad fonética de la diferencia escrita en la palabra différance (por différence) en francés. Esta impronunciabilidad no se encuentra respetada por la habitual traducción al español de différance por “diferancia” (en cuanto “diferancia” sí se diferencia fonéticamente de “diferencia” en español).

[5] “En el cumpleaños 187 de la Patria, el Gobierno destacó políticas sociales, trabajo, educación, salarios, energía, descentralización y exportaciones” La Red21 (31/08/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1055917-en-el-cumpleanos-187-de-la-patria-el-gobierno-destaco-politicas-sociales-trabajo-salarios-energia-educacion-descentralizacion-y-exportaciones

[6] “No se fía” Montevideo Portal (28/08/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_177766_1.html

[7] Ver en este blog “Tragedia progresista: Frankestein no votó al candidato-probeta” (31/10/09) http://ricardoviscardi.blogspot.com/2009/10/tragedia-progresista-frankenstein-no.html

[8] Sobre el reproche a quienes votan en blanco porque con su aporte electoral “se habría elegido un diputado” ver “Cierren la muralla” La Diaria (02/08/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/7/cierren-la-muralla/

[9] Consigna del levantamiento revolucionario liderado por Aparicio Saravia en aras de los derechos cívicos a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La misma consigna fue retomada, casi un siglo después, por el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) a inicios de la década del 70’.

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Más indiferencia que pasión

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 2, 2012

 

Por Alberto Medina Méndez

La democracia electoral, así como se la conoce, muestra gente “optando” de tanto en tanto, seleccionando a quien delegará la responsabilidad de administrar la cosa pública. En ese acto comicial, la sociedad toda tiene la alternativa de elegir a sus representantes.

Pese a que quienes triunfan, se llenan la boca, hablando, con escasa humildad de su legitimidad y de ufanarse de que han sido elegidos por sus talentos e inteligencia, la realidad es un bastante más compleja.

Existe una matriz, que no deja mucho lugar a dudas. Los más, sienten indiferencia en el sentido amplio, mientras que pocos se movilizan por pasión. Esta afirmación no surge de suposiciones sino de lo que muestran los estudios sociológicos más serios y los mismos procesos eleccionarios. No se trata solo del presente sino de lo que muestra la historia.

Mucha gente, pese a la obligatoriedad legal de votar, desiste de hacerlo. Reina en ellos el descreimiento, la falta de interés y cierto rechazo a sistema expresado de ese modo.

Algunos otros por temor a las eventuales represalias formales eligen participar pero expresan su visión negativa mediante el voto en blanco como un modo distinto de manifestar su desagrado con todos.

Pero ninguno de esos grupos son necesariamente los más numerosos. En realidad, la mayoría de la sociedad termina concurriendo a la convocatoria de la democracia, participando del acto electoral.

Sin embargo allí no se destacan en cuantía los partidarios, esos que se encuentran enrolados en las filas de la política, ni tampoco los que tienen intereses concretos vinculados al poder por los beneficios que perciben de él, o por los que eventualmente empezaran a recibir en el futuro a partir de promesas de campaña. Del lado de los que pretenden llegar al poder pasa algo parecido. Estarán los que aspiran a recibir. Esos son los menos.

Los más son los que en las encuestas aparecen apoyando a unos u otros, pero sin convicción, los que contestan sobre la imagen de los candidatos en el casillero “regular”.

Se trata de ciudadanos independientes desde lo partidario, preocupados por los problemas reales. No los moviliza un interés directo con la política. Sus ingresos económicos no se derivan de ello en forma lineal, ni tampoco dependen de la continuidad de un partido o la llegada de otro.

Ellos “optan” no eligen. No están convencidos de casi nada. Ningún candidato los entusiasma ni seduce. Solo se ven encerrados en la disyuntiva de elegir el mal menor. Ni siquiera adhieren a sus ideas o proyectos, y terminan votándolo solo porque al otro rechazan de plano.

Pero hay que entender que esto es una consecuencia y no una causa, que sucede por un sinfín de hechos que los enfrentan a ese falso dilema.

El sistema electoral encierra con sus trampas, que han sido construidas justamente por quienes pretenden ser elegidos. Saben que no podrían triunfar en un sistema transparente, donde ganen los mejores, los más honestos y con mejores ideas, por eso ponen restricciones para impedir que nuevos partidos o personas en forma individual puedan postularse.

Como todo sistema que pretende convertirse en monopólico la estrategia está en entorpecer el acceso a los competidores. Para eso existen barreras legales, desde la que fija requisitos para constituir partidos a esa que dice que solo los partidos políticos pueden postular personas, y que ningún ciudadano a título personal puede hacerlo. De ese modo, solo los que tienen estructuras partidarias, aunque estos no sean tales sino solo licencias, “sellos” como se dice en la jerga política, pueden proponer candidatos.

Claro está que es el mismo Estado, la misma corporación política la que establece el régimen de autorización de partidos y también los que establecen requisitos cada vez más complejos de cumplimentar. La idea es que los que están juegan y los que no están no deben ingresar, para poder repartir el poder entre los cómplices que forman parte del presente.

Los que gobiernan, de un lado y de otro, manejan las reglas y son los encargados de que nadie las vulnere. Si algún personaje extra sistema les interesa para recolectar votos, lo convocan, pero siempre son ellos los que mantienen el control, desde el partido, el sello legal, la herramienta política.

Ellos especulan con la abulia ciudadana, saben que lo difícil espanta, que lo que parece complejo invita a no dar la batalla, siempre bajo la esperanza de que en el próximo turno electoral, tan próximo en términos relativos surgirá mágicamente alguien que permita aferrarse a la esperanza. Eso no sucederá. La corporación propondrá mediocres, de eso se trata. De un lado y otro solo piensan en repartirse los bienes de la sociedad y administrar su patrimonio económico y moral.

Pero no todo es negativo. La descripción es dura, probablemente muy cercana a la realidad. Solo no hay que engañarse y dar paso a una decisión importante. Es tiempo de establecer si se está realmente dispuesto a jugar con sus reglas, con alto riesgo de ser derrotados bajo la maraña jurídica que ellos conocen mejor que nadie, o aportar lo mejor, desde cada lugar para cambiar la inercia social que nos trajo hasta acá. Es un camino intrincado, esforzado con un horizonte de pocas certezas y probablemente bajas chances de ganar. Pero a la luz de los acontecimientos, tal vez sea bueno analizar concretamente esta exigua posibilidad.

Ellos solo triunfan porque manipulan las reglas, aprovechan la apatía ciudadana y disponen de los recursos del Estado para impedir cualquier reacción cívica electoral.

Conociendo sus fortalezas, asumiendo las debilidades y aceptando lo difícil del desafío, tal vez se deba intentar, siempre sabiendo que ellos no enamoran a muchos más que los que sacan tajada del resultado y que millones de ciudadanos solo optan por ellos por falta de alternativas y no porque se vean liderados por esos personajes o les entusiasmen sus ideas. Allí existe una oportunidad.

Para los que entienden que no vale la pena, tal vez haya que tomar nota que en este sendero, vamos camino a perderlo todo, hoy los recursos económicos, luego la dignidad, y de a poco la libertad. Es el resultado esperable de asumir cada acto comicial con más indiferencia que pasión.

albertomedinamendez@gmail.com

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Como cambió Facebook al mundo árabe

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 1, 2012

Un impresionante recuento de la primavera árabe

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Negociación en Colombia

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

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Para Amuay Comisión Internacional de Expertos Independientes

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 27, 2012

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La parábola de la mujer y el vestido (Audio de Teódulo López Meléndez)

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 26, 2012

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La austeridad es una condición

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 25, 2012

 

por Alberto Medina Méndez

En tiempos como estos, de permanente apología del intervencionismo, de políticos que defienden el estado del bienestar, como si se tratara de un dogma, algunos parecen olvidar convenientemente ciertas cuestiones básicas de su supuesta ideología.

Es que la mayoría de los que sostienen estas teorías por las que el Estado se debe ocupar de todo cuanto le sea posible, son los mismos que se benefician con los privilegios que se derivan de la filosofía que dicen patrocinar. Vaya apropiada coincidencia.

Se supone que el Estado hace el intento de detraer la menor cantidad de recursos de los ciudadanos para no quitarles el fruto de su propio esfuerzo. Es por eso es que el Estado debería ser austero. Pero no es la fotografía que vemos todos los días, muy por el contrario. Lo que logramos percibir es el desprecio por esos dineros que al no ser propios, se usan sin desparpajo.

La lista de atropellos para con los contribuyentes abunda y no son exclusividad de partido político o gobernante alguno. Paso siempre, solo que ahora algunos son un poco mas burdos que habitualmente.

Ellos, esos funcionarios y políticos, que toman decisiones fijando sus propios presupuestos, en todos los poderes del Estado, establecen una nómina de prerrogativas que exhiben sin disimulo, como un símbolo del poder.

Vehículos oficiales, que incluyen chofer, combustible y gastos de funcionamiento y reparación, viáticos generosos para viajar y trasladarse, estacionamientos reservados para sus automóviles, teléfonos celulares muy modernos, con consumos ilimitados son parte de ese escenario.

Parte relevante de esas ventajas, está representada por la lista de personal contratado que puede reclutar, sin criterio alguno de selección, más que las que se derivan de las cuestiones partidarias, de utilidad política o de simple relación familiar.

En eso se gasta los dineros de la gente, lo que cada uno obtiene con mucho sacrificio. Cuando se dice que el Estado se queda con algún porcentaje de lo que generan los ciudadanos, cualquiera sea, y se plantea que resulta desmesurado, rápidamente aparecen los defensores acérrimos del sistema, diciendo que con eso se sostiene la salud y educación, se financian obras de infraestructura y se garantiza seguridad y justicia, entre tantas otras cosas.

Simplista e inexacta imagen, por cierto. Nada más alejado de la realidad. Más allá de la evidente ineficiencia en el logro de objetivos de casi cualquier gestión gubernamental, prefieren ignorar dos fenómenos irrefutables y cotidianos en el relato.

Pretenden convencer de que la corrupción no es parte significativa de este presente, y que la austeridad no es un asunto importante.

Después de todo decir lo primero, destacando la importancia del destino que formalmente tienen asignados esos fondos, les viene más que bien, los justifica en sus puestos, ingresos y gestión por un tiempo importante.

Decir lo otro, sería reconocer lo que tienen celosamente escondido, y aceptar que en realidad el sistema que patrocinan es caro, indecente y muchas veces corrupto. No es un argumento que pueda realmente apoyarse sin contratiempos, por eso lo minimizan o niegan.

Pedirle honestidad y austeridad al sistema y a sus protagonistas es un verdadero contrasentido, una absoluta contradicción. Nunca será prudente en los gastos, ni trasparente. No es parte de sus reglas perversas. Por eso nadie que opera en el sector publico muestra cuánto gasta y mucho menos como gasta. Hacerlo implicaría desnudar sus manejos, y tener que desmantelar sus privilegios que tanto disfrutan silenciosamente los más y ampulosamente otros tantos.

Dirán que estas son las reglas del sistema. Lo extraño es como algunos que reniegan de esas situaciones cuando son simples ciudadanos, toleran con tanta complacencia y laxitud, lo que antes era claramente inaceptable.

Sería bueno que nos tomen a los ciudadanos por imbéciles y les sigan faltando el respeto. Que se admita con inexplicable paciencia, que algunos se hagan los distraídos por esa impotencia clásica de las sociedades mansas, no significa que no se perciba y que no moleste e indigne.

La obscenidad de su dispendioso uso de recursos públicos, esos que quitan a los ciudadanos vía impuestos, no los hace respetables. Eso también explica el desprecio ciudadano hacia la política.

Para exigir respeto, se debe hacer algo más que dar grandes discursos, saludar con sombrero ajeno y recitar acerca de la necesidad de que la sociedad revalorice la política.

La gente pretende hechos concretos y no palabras, actitudes visibles y sobre todo admira cierta cuota de coherencia. Mientras sigan humillando a la inteligencia de la sociedad, creyendo que porque se calla no lo piensa, estaremos en este mismo lugar, conducidos por gente que no merece respeto alguno y se gana la sospecha permanente de sus gobernados.

La prudencia en la administración de los fondos, la sobriedad en el despliegue político cotidiano, el perfil bajo como estilo de vida, la frugalidad en el ejercicio del poder, no son una mera opción, sino un requisito para ganarse respetabilidad. En ese intento, para quienes eligieron la tarea de dedicarse a la política, ser honesto es demasiado importante y la austeridad es una condición.

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Una diputada brasileña grita contra la corrupción

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 24, 2012

http://www.youtube.com/watch?v=n8-WBvEfdH8&feature=player_embedded

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ExPatria de Gabriela Montero

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 24, 2012

La música puede gritar y es lo que hace desde “ExPatria”, la composición de la reconocida pianista venezolana Gabriela Montero presentada en el Festival de Lugano. Es, sin duda, la más fuerte protesta jamás realizada contra la presente situación de Venezuela.

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Argentina: La máquina de producir votos

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 22, 2012

 

Por Luis Alberto Romero


EL año próximo habrá elecciones importantes en el país. Mientras la República cruje y las instituciones estatales son maltratadas, el sufragio democrático conserva su prestigio. Desde 1983, ganadores y perdedores se han acostumbrado a inclinarse ante su manifestación, contundente o no. El sufragio es inapelable, simple y verosímil: cada ciudadano participa igualitariamente en la designación de las autoridades. Una simple suma aritmética confiere legitimidad a los gobernantes.

Así debe ser. Pero en la práctica las cosas son algo distintas. El sufragio no es sólo un punto de partida, sino también de llegada. La producción del sufragio es el resultado de un largo proceso social y estatal previo, en el que condiciones, acciones y procedimientos se articulan para operar sobre los sufragantes singulares. Puede hablarse de un modo de producción del sufragio.

Hoy esto suena incorrecto. Pero parecía normal en el siglo XIX, cuando surgieron los sistemas electorales. En Francia, los gobiernos imponían sus candidatos movilizando su principal batallón electoral: los empleados públicos, a quienes en vísperas electorales se recordaba con descarnada precisión cuál era su obligación. En Alemania, la injerencia estatal estaba absolutamente vedada, pero se aceptaba que el pastor luterano, quien presidía el comicio, metiera la mano en el bolsillo de su feligrés, destruyera la boleta equivocada y le diera la correcta. Los industriales alemanes simplemente hacían saber a sus obreros que la fábrica cerraría si triunfaba el candidato socialista.

Desde 1890 en España hubo sufragio universal masculino, pero pocos se tomaban la molestia de votar. Los dos grandes partidos habían acordado un “turno pacífico”, que eliminaba la competencia. Inicialmente, el rey y las Cortes cambiaban el partido gobernante, y luego se convocaba a elecciones para consagrar la adecuada mayoría parlamentaria. El ministro de la Gobernación distribuía las diputaciones, de modo de equilibrar las influencias y conformar a todos; en algunos casos negociaba con los caciques locales, pero en la mayoría simplemente indicaba al juez local cómo redactar el acta de un comicio que sólo había existido en el papel. Sin elecciones no había legitimidad, pero en ellas no se jugaba el poder.

Los requisitos del rito electoral cambiaron en el siglo XX. Se exigió el voto universal y secreto, suponiendo que en la soledad del cuarto oscuro cada persona recuperaba su razón autónoma. Se eliminó la manipulación del padrón. Nuestra ley Sáenz Peña de 1912 le agregó la obligatoriedad, pues a muchos no les interesaba votar. Aunque el espíritu de esa ley rigió las prácticas electorales, hasta 1983 sólo influyó parcialmente en la política y en el poder. En esos años hubo revoluciones y dictaduras. El peronismo estuvo largos años proscripto. La variante plebiscitaria de Yrigoyen y de Perón redujo la significación de la elección y valoró la aclamación masiva y unánime del líder.

Desde 1983 hemos entrado en la normalidad democrática. No más golpes ni proscripciones. Los comicios se realizan casi puntualmente, y hubo algunos ejemplares, como el de octubre de 1983 o la interna peronista de 1988. ¿La Argentina alcanzó la normalidad democrática? ¿La idea de que cada uno de los ciudadanos designa con su voto a los gobernantes es hoy suficientemente verosímil?

Sí y no. Nuestro país es grande y diverso. La idea del ciudadano individual y razonable sigue siendo verosímil en las grandes ciudades y en la “pampa gringa”, donde la producción del sufragio se limita a la publicidad y los medios. En muchas provincias los gobernadores alinean con facilidad a los empleados públicos y a otros que dependen del Estado. Esta es una historia vieja y conocida. Lo novedoso es la forma de votar del vasto mundo de la pobreza, crecido en el Gran Buenos Aires y otros conurbanos en las últimas décadas, nutrido de trabajadores desocupados, clase media empobrecida y nuevos migrantes periféricos. Aquí nadie imagina que pueda construirse la vieja ciudadanía de los individuos. Aquí el sufragio se produce; se está produciendo, noche y día, todo el año.

La profunda transformación social y cultural del mundo de la pobreza afectó los dos supuestos actuales del sufragio: que sea individual y que el propósito del votante sea elegir gobernantes. En ambos aspectos la situación recuerda a las sociedades europeas del siglo XIX. El entonces novedoso principio del voto individual igualitario coexistió mucho tiempo con desigualdades sociales e identidades colectivas tradicionales: la familia, la aldea, la parroquia. La política consistía en traducir esa realidad grupal en votos singulares e iguales. “Los votos no se cuentan; se pesan”, se decía por entonces. Por otro lado, la compra del voto no era mal vista. Los modernizadores veían allí la liberación del sometimiento automático al señor. Los votantes creían que la venta del voto era su derecho, y protestaban contra “los que quieren hacerse elegir gratis”.

Lo llamativo es ver generalizarse estas prácticas cien años después de la ley Sáenz Peña. Pero la Argentina cambió mucho en las últimas décadas, y en ese aspecto pasó del siglo XX al siglo XIX. En nuestros conurbanos la sociedad pobre creció, sobrevivió y se organizó al margen de la tutela y la protección del Estado. Su lugar fue ocupado por diferentes asociaciones, que traducen el complejo entramado social, y por liderazgos fuertes, de personas que encabezan la acción colectiva y se hacen cargo de las necesidades del conjunto. Comúnmente se los llama “referentes”.

Por otro lado, los partidos políticos se adecuaron a la nueva sociedad, archivaron sus programas y desarrollaron redes territoriales con operadores de base: los “punteros”. Por encima, aparecen las estribaciones locales de un Estado fragmentado. Ya no podía desarrollar políticas universales, pero era capaz de movilizar sus escasos recursos para acciones focalizadas y en buena medida discrecionales, cuya expresión más conocida son las “obras públicas” y los “planes”.

Referentes y punteros son hoy las piezas clave del proceso de producción del sufragio. Los punteros que cuentan son los que hablan por el Estado: el concejal, el secretario, el intendente. Los referentes, por su parte, hablan por los colectivos que lideran. Puede ser una familia extensa, un vecindario, un grupo étnico, religioso o deportivo, como en el fútbol. Entre punteros y referentes circulan bienes y servicios variados: bolsones de comida, ayuda a comedores, una franquicia, una tolerancia policial, un “plan”.

Se trata de un intercambio cotidiano, continuo, que en un momento se expresa políticamente, en la asistencia a una marcha o en una elección. En el primer caso el colectivo es visible y quiere serlo: desde el transporte hasta las pancartas. En el comicio, el colectivo negociado -denominado “el paquete”- se disimula, y se traduce en votos singulares, secretos. Pero reconocibles por el puntero, quien certifica el cumplimiento de los términos del acuerdo.

Es común llamarlo clientelismo. Es una palabra genérica, pobre y descalificante. No da cuenta de los matices de una relación compleja, siempre abierta y en proceso, en la que hay también independencia e imprevisibilidad. Cada persona pertenece simultáneamente a varios colectivos, y su lealtad bascula entre ellos. Los compromisos políticos son flexibles, graduales y reversibles. Los intercambios requieren no sólo una base material, sino también sintonías de forma, tono y trato. La gente no se entrega ni obedece, sino que “acompaña”. Manejar todo esto requiere una enorme sabiduría artesanal. Nada es automático. Todo es cambiante, y a la vez regular, como en un caleidoscopio. Al final, se traduce en votos, singulares, cuantificables, acumulativos. A veces, cambian los gobernantes. Usualmente los ratifican.

En esta operación, el partido político tradicional desaparece. Hay funcionarios y punteros. Todos profesionales. Compiten entre sí, administran recursos del Estado y viven de ellos. O esperan su turno para hacerlo. Tampoco existe el Estado, entendido como el lugar del interés general. Hay en cambio un gobierno, que utiliza recursos estatales para montar esta maquinaria productora de sufragios. Hay un partido del gobierno que se nutre del Estado para producir sufragios. Esta es la democracia que tenemos, tan distinta de la imaginada en 1983. Pocos ciudadanos. Poco Estado. Mucho gobierno. Hay opiniones negativas y positivas sobre esta realidad. Pero es la única verdad.

© La Nacion

 

 

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México: Reforma política 2013

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 22, 2012

 

Antonio Limón López

A pesar de que el 1 de julio del 2012 votamos más del 60% de los mexicanos y de que la jornada electoral fue pacífica, quienes votamos y quienes no lo hicieron, quienes votaron al candidato ganador y quienes no lo hicimos: Es decir todos, sabemos que fuimos engañados y manipulados, sabemos que todo el proceso estuvo viciado y no solo por las razones a que se refieren las impugnaciones formales, sino por otras muchas, por una larga serie de actos previos a la elección que nos maniataron, que nos pusieron contra la pared y que tuvimos que aguantar en silencio. Esto fue la obra no solo de la mala fe de algunos pocos, sino de un montón de tramposos que plasmaron dentro de nuestra obesa Constitución Política y de nuestro inflado Código Federal y de Procedimientos Electorales, cientos de trucos, de trampas, de reformas políticas y sus candados, así como de las contra reformas electorales, para asegurar que este país sea y siga siendo propiedad de las mafias dirigentes de los partidos políticos.

Las grandes empresas, los grandes empresarios, los grandes sindicatos, todos los medios de comunicación -excepto las redes sociales- las cámaras de comercio e industria, los intelectuales, los visionarios, los pobres y los ricos, los iletrados y los menos iletrados, vuelvo a insistir, todos, estamos en una prisión perfecta, con barras que nos impiden llegar a las ideas, con grilletes que nos impiden  decidir pero tan perfectos que no los vemos, que incluso ni sospechamos que están frente a nosotros o que nos sujetan firmemente, en parte porque nunca hemos sido verdaderamente libres ni dueños de nuestros actos y en parte, porque creemos que no existe solución para un mal consubstancial al mexicano, que es nuestra simple, espontánea y feliz estupidez.

Sin embargo, ya no podemos seguir navegando con bandera de idiotas afortunados y ricos, pues el petróleo se nos va a acabar en diez años y entonces, las cataratas de oro que nos elevan como la economía No. 14, según el Fondo Monetario Internacional, se van a secar, entonces de golpe y porrazo, bendito sea Dios!! No podremos pagarles a los 500 parásitos de la Cámara de Diputados, ni a los senadores, ni a los comisionados, ni a los asesores, ni a los funcionarios del IFE, ni a los jueces y ministros del poder judicial federal, pero por desgracia tampoco podremos cumplirles a los maestros, ni a los pensionados, ni podremos sostener nuestro sistema de salud.

México necesita asumir su mayoría de edad, necesita jugar al juego de la democracia con todos los riesgos que esto implica, necesitamos ser responsables de nuestros actos y no dejar en manos de la camarilla “PAN, PRI, PRD y anexos” nuestras decisiones vitales, pues para a ellos nada les perjudica ya que no corren ningún peligro: Sus hijos nacieron en Estados Unidos de América y sus cuentas bancarias se alimentaron del oro con el que nos pagaron nuestro petróleo, sus discursos nacionalistas, de izquierda, o sus conocimientos adquiridos en Harvard no son sino afeites, maquillaje, máscaras para ocultar su codicia, su depredación y su desprecio a México, así que es una tontería esperar de ellos las respuestas que ya nos urgen, que son inaplazables y que definitivamente no van a venir de ellos y esto continuará así mientras subsista el actual sistema político electoral, que deja en manos de estas minorías todo el poder y ninguna responsabilidad.

Desde que Ernesto Zedillo Ponce de León fue presidente de este país de ciegos, nos ofrecieron a un lazarillo para que nos guiara en la obscuridad, su nombre era y es todavía “Reformas Estructurales”, ellas eran la del petróleo, la laboral, la fiscal, pero le podemos agregar la educativa, la bancaria financiera, la de medios de comunicación, la del Estado y así hasta el infinito, la agraria, la del sistema de salud, la del sistema deportivo, la del federalismo, la de obras públicas, la urbana, la.., la.. y la que usted quiera mande y se le ocurra, si sí también la de la charrería, la de los tacos y la del fútbol, si la que usted quiera, pues a fin de cuentas estas “reformas estructurales” son simples cortinas de humo para impedirnos ver con claridad, son mendrugos que nos lanzan para distraernos y perder de vista el pastel, son zanahorias para atraernos hacia ellas, ignorantes de que nunca las alcanzaremos, no son “reformas”, en realidad son “formas” de engañarnos, de hacernos idiotas.

Claro que los mafiosos se acusan entre sí de no lograr esas “reformas estructurales sin las cuales se pospone el desarrollo”, incluso se amenazan unos a otros, para su fortuna cuentan con “idiotas útiles” como los de la COPARMEX que les hace el “caldo gordo”, diciendo que “sin esas reformas México no avanzará”, como que sin ellas no pudiéramos fabricar plásticos ni producir gasolina, nos dicen que sin ellas no se pueden cobrar los impuestos a los morosos, que sin las reformas laborales las “outsourcing” no se interesaran en México, como si tuviéramos altos salarios o sindicatos independientes, en suma nos dicen puras estupideces, simplemente porque la verdadera reforma estructural -que es la que quieren evitar- es una reforma política que de poder a la gente y no a las cúpulas de dirigentes, que propicie una nueva generación de legisladores libres y no esclavizados, capaces, creativos, precisamente como los que nunca hemos tenido.

Claro que nos urge una verdadera reforma política!! Que por principio les quite a los dirigentes de los partidos la posibilidad de imponer candidatos, de decidir a “petit comité” a quienes “designarán” diputados o senadores, pues nuestra pirámide política del “premia o castiga” está invertida, ya que en el sistema actual se premia a los sumisos, a los arrastrados, a los “lamesuelas” y se castiga a los que se guían por su conciencia y por su dignidad. La gran reforma estructural para México es la política, la democrática, la que proporcione a cada mexicano, por fin, la posibilidad y la oportunidad para ser candidato, sin requerir la aprobación de ninguna cúpula partidista, esa reforma es la que convertirá a los dirigentes partidistas en simples espectadores de las asambleas democráticas de sus partidos y entonces sí, entonces si la pirámide del “premia o castiga” tomará la forma correcta, premiará a los mejores y castigará a los arrastrados, a los cortesanos.

Esto es importante ahora, porque en 2013 se abrirán de nueva cuenta las negociaciones entre las dirigencias de los partidos políticos y nos ofrecerán de nueva cuenta espejitos y cuentas de vidrio, diciéndonos “ya resolvimos todas las imperfecciones de las elecciones pasadas, inventamos nuevos candados y todo seguirá igual” tal y como ocurrió con la reforma del 2007 y de eso ya deberíamos estar hastiados, por lo que debemos oponer a la reforma de las cúpulas partidistas, otra reforma anti cúpular, opuesta, radicalmente democrática, que será impopular al mismo tiempo en Los Pinos y en los burdeles en que reflexionan nuestros “solones” criollos.

En artículos posteriores me comprometo a precisar la inmundicia que abotaga a nuestra constitución y al COFIPE, que permite que las pandillas cupulares se apropien de nuestra falsamente llamada “democracia” y también precisaré las reformas necesarias para que en México podamos ser un estado democrático, realmente democrático y por ende: Dueño de su presente, autor de su futuro, amo y señor de su destino.

 

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Reclamo de personalismo social (Video de Teódulo López Meléndez)

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 20, 2012

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“Assange o el viejo mundo que persiste”: Audio de Teódulo López Meléndez

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 18, 2012

http://www.ivoox.com/assange-o-viejo-mundo-persiste-audios-mp3_rf_1384214_1.html 

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Cómo funciona la desinformación

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 17, 2012

 

Brandon Smith

Information Clearing House

 

Traducido del inglés por Germán Leyens

 

Hubo un tiempo, hace relativamente poco, en el que los gobiernos y los grupos de elites que los controlan no consideraban necesario alistarse en guerras de desinformación.

La propaganda era relativamente inequívoca. Las mentiras eran mucho más simples. El control del flujo de la información se dirigía fácilmente. Las reglas se imponían mediante la amenaza de confiscar la propiedad y la ejecución de cualquiera que se apartara de la rígida estructura sociopolítica. Los que tenían información teológica, metafísica o científica fuera de la visión colectiva, convencional y programada del mundo eran torturados o asesinados. Las elites se guardaban la información para sí mismas y eliminaban los restos del reconocimiento dominante, a veces durante siglos antes de que se volvieran a descubrir.

Con la llegada del antifeudalismo y, lo que es más importante, el éxito de la Revolución Estadounidense, los elitistas ya no pudieron dominar la información con el filo de la espada o el cañón de un fusil. El establecimiento de repúblicas, con su filosofía de gobierno abierto y de gobierno por el pueblo, obligó a las minorías aristocráticas a urdir maneras más sutiles de obstruir la verdad y mantener así su control sobre el mundo sin exponerse a la retribución de las masas. Así nació el complejo arte de la desinformación.

Se refinó y perfeccionó la técnica, la “magia” de la mentira. La mecánica de la mente y el alma humana se convirtió en una interminable obsesión para la clase dirigente.

El objetivo era maligno, pero socialmente radical; en lugar de gastar la imposible energía necesitada para dictar la forma misma y la existencia de la verdad, permitirían que se fuera al garete, oscurecida en una niebla de datos manipulados. Envolverían la verdad en un nudo gordiano de desorientación y maquinación tan estudiada que se sentirían seguros de que la mayoría de la gente se iba a rendir, renunciando mucho antes de llegar a terminar de aclarar el engaño. El objetivo no era destruir la verdad, sino ocultarla a plena vista.

En nuestros tiempos y con métodos cuidadosamente preparados este objetivo generalmente se ha  cumplido. Sin embargo, estos métodos tienen debilidades inherentes. Las mentiras son frágiles. Requieren constante atención para mantenerlas vivas. La presentación de una sola verdad puede desgarrar todo un océano de mentiras, evaporándolo instantáneamente.

En este artículo, examinaremos los métodos utilizados para fertilizar y promover el crecimiento de la desinformación, así como cómo identificar las raíces de la desinformación y cortarlas efectivamente, aniquilando todo el sistema de falacias de una vez por todas.

Métodos de desinformación en los medios

Los medios dominantes, otrora encargados de la tarea de investigar la corrupción gubernamental y de mantener bajo control a los elitistas, se han convertido en nada más que una firma de relaciones públicas para funcionarios corruptos y sus manipuladores globalistas. Los días del legítimo “periodista de investigación” han pasado hace tiempo (si existieron algún día) y el propio periodismo se ha convertido en un rancio charco de así llamados “editorialistas televisivos” que tratan sus propias infundadas opiniones como si fueran hechos confirmados.

La apropiación elitista de noticias ha estado ocurriendo en una u otra forma desde la invención de la máquina impresora. Sin embargo, los primeros métodos de desinformación en los medios  fructificaron verdaderamente bajo la supervisión del magnate de la prensa William Randolph Hearst, el cual creía que la verdad era “subjetiva” y estaba sujeta a su interpretación personal.

Algunas de las principales tácticas utilizadas por los medios dominantes para engañar a las masas son los siguientes:

Grandes mentiras, retractaciones insignificantes: las fuentes mediáticas dominantes (en especial los periódicos) son tristemente célebres por la publicación de noticias deshonestas y no fundamentadas en su primera plana, y por retractarse tranquilamente en la última página cuando son atrapados. En ese caso, la intención es introducir la mentira en la consciencia colectiva. Una vez que la mentira termina por salir a la luz, ya es demasiado tarde y una gran porción de la población no se dará cuenta o no se interesará cuando se conozca la verdad.

Fuentes no confirmadas o bajo control presentadas como hechos: las noticias por cable citan a menudo información de fuentes “anónimas”, fuentes gubernamentales que tienen interés propio o un plan obvio, o fuentes de “expertos”, sin suministrar el punto de vista de un “experto” alternativo. La información suministrada por estas fuentes no suele estar respaldada por otra cosa que la fe ciega.

Omisión calculada: conocida también como “selección a gusto” de datos. Una simple información o ítem raíz de la verdad puede descarrillar toda una noticia de desinformación y, por lo tanto, en lugar de mencionarla simplemente pretenden que no existe. Cuando se omite el hecho la mentira puede aparecer como si fuera enteramente racional. Esta táctica también se utiliza ampliamente cuando agentes de desinformación y periodistas corruptos participan en debates abiertos.

Distracción y elaboración de relevancia: a veces la verdad llega a la consciencia pública a pesar de todos los intentos de los medios por enterrarla. Cuando esto ocurre su único recurso es intentar cambiar la atención del público y distraerlo as de la verdad que estaba a punto de llegar a comprender. Los medios lo logran mediante la “sobre-información” respecto a un tema que no tiene nada que ver con los problemas más importantes de la actualidad. Irónicamente, los medios pueden tomar una historia sin importancia e informar sobre ella ad nauseam, ¡llevar a que muchos ciudadanos asuman que porque los medios no se callan, tiene que ser importante!

Tácticas deshonestas de debate: a veces, personas que realmente se preocupan por la búsqueda media de honradez e información legítima basada en hechos se abren paso y aparecen en la televisión. Sin embargo, pocas veces se les permite compartir sus puntos de vista o conocimientos sin que tengan que imponerse contra un muro de engaños y propaganda cuidadosamente articulada. Como los medios saben que perderán credibilidad si no permiten de vez en cuando que se pronuncien invitados con puntos de vista opuestos, preparan y coreografían debates especializados en la televisión en ambientes altamente restrictivos que ponen al invitado a la defensiva y hacen que le resulte difícil comunicar claramente sus ideas o hechos.

Los eruditos de la televisión suelen estar entrenados en lo que se llama comúnmente “Tácticas Alinsky”. Saul Alinsky fue un relativista moral y un campeón de la mentira como instrumento por el “bien común”; esencialmente, un Maquiavelo de nuestros días. Sus “Reglas para radicales” debían servir supuestamente para activistas de base que se oponían al establishment y subrayaban el uso de cualquier medio necesario para derrotar a la oposición política. ¿Pero es verdaderamente posible derrotar a un establishment construido sobre mentiras, utilizando mentiras aún más perfeccionadas o sacrificando la propia ética? En realidad, sus estrategias constituyen el formato perfecto para instituciones y gobiernos corruptos a fin de desviar el disenso de las masas. Actualmente, las reglas de Alinsky las utiliza más el establishment que los que se le oponen.

La estrategia de Alinsky: ganar a cualquier precio, aunque haya que mentir

Gobiernos y especialistas de la desinformación en todo el mundo han adoptado las tácticas de Alinsky, pero son más visibles en los debates en la televisión. Aunque Alinsky sermoneó sobre la necesidad de la confrontación en la sociedad, sus tácticas de debate están realmente pensadas para esquivar una confrontación real y honesta de ideas opuestas mediante trucos escurridizos y desviaciones. Las tácticas de Alinsky, y su usanza moderna, se pueden resumir  como sigue:

1) El poder no es solo el que posees, sino el que los adversarios creen que posees.

Vemos esta táctica en muchas formas. Por ejemplo, presentar el propio movimiento como dominante y al oponente como marginal. Convencer al oponente de que su lucha es fútil. El lado opuesto puede actuar de modo diferente o incluso dudar sobre si actuar, sobre la base de su percepción de tu poder. ¿Cuán a menudo hemos oído lo siguiente: “El gobierno tiene drones depredadores? Ya no hay nada que hacer…”. Es una proyección de invencibilidad exagerada hecha para provocar la apatía de las masas.

2) Cuando sea posible, aléjate de la experiencia de tus adversarios.

No te involucres en un debate sobre un tema que no dominas tan bien o mejor que el lado opuesto. Si es posible, llévalo a una situación semejante. Ándate por la tangente. Busca modos de aumentar la inseguridad, la ansiedad y la incertidumbre en el lado opuesto. Esto se suele utilizar contra entrevistados involuntarios cuyas posiciones se ajustan para ser sesgadas en los programas de noticias de cable. Se pilla al entrevistado por sorpresa mediante argumentos aparentemente irrelevantes que se ve obligado a encarar. En la televisión y la radio, esto también sirve para perder tiempo de transmisión a fin de impedir que el objetivo exprese su propia posición.

3) Obliga a tus adversarios a ajustarse a sus propias reglas.

El objetivo es atacar la credibilidad y reputación del oponente mediante acusaciones de hipocresía. Si el táctico logra atrapar al oponente auqneu sea en el menor error, crea una oportunidad para más ataques y distrae de la cuestión moral más amplia.

4) El ridículo es el arma más poderosa del hombre.

“Ron Paul es un chalado”, “Los partidarios del oro están locos”, “Los constitucionalistas son extremistas marginales”. Es casi imposible rebatir el ridículo sin fundamento porque tiene la intención de ser irracional. Enfurece a la oposición, que entonces reacciona en tu propio beneficio. También funciona como un punto de presión para obligar al enemigo a hacer concesiones.

5) Una táctica no es buena si la gente no obtiene placer al aplicarla.

La popularización del término “Teabaggers” [denominación burlesca para partidarios del grupo político Tea Party en EE.UU., N.d.T.] es un ejemplo clásico; se impuso porque la gente parece creer que es ingenioso y les gusta decirlo. El mantener puntos de conversación simples y divertidos ayuda a que tu lado se mantenga motivado y a que vuestras tácticas se propaguen autónomamente, sin instrucción o aliento.

6) Una táctica que se practica demasiado tiempo se agota.

Ved la regla Nº 5. No os convirtáis en noticias viejas. Si mantenéis frescas vuestras tácticas, es más fácil mantener activa a vuestra agente. No todos los agentes de la desinformación son pagados. Los “idiotas útiles” tienen que ser motivados por otros medios. La desinformación dominante cambia a menudo de velocidad de un método al siguiente y de vuelta.

7) Mantened la presión con diferentes tácticas y acciones, y utilizad todos los eventos del período para vuestros propósitos.

Tratad continuamente de usar algo nuevo para desequilibrar al lado opuesto. Cuando éste domine un tema, atacadlo desde el flanco con algo nuevo. Nunca hay que dar al objetivo la posibilidad de descansar, reagruparse, recuperarse o cambiar de estrategia. Hay que aprovechar los acontecimientos actuales y sesgar sus implicaciones para apoyar vuestra posición. Nunca hay que desperdiciar una buena crisis.

8) La amenaza aterroriza más que la acción misma.

Esto corresponde a la Regla Nº 1. La percepción es realidad. Permitid que el lado opuesto gaste toda su energía a la espera de un escenario insuperable. Las calamitosas posibilidades pueden envenenar fácilmente la mente y llevar a la desmoralización.

9) La ley principal de táctica es el desarrollo de operaciones que mantengan la presión constante sobre el adversario.

El objetivo de esta presión es obligar al lado opuesto a reaccionar y cometer los errores que son necesarios para el éxito final de la campaña.

10) Si impones una negativa lo suficientemente dura y profundamente, se convertirá en lo contrario.

Como instrumentos del activismo de base, las tácticas de Alinsky se han utilizado históricamente (por ejemplo, por movimientos sindicales o especialistas en operaciones clandestinas) para obligar al lado opuesto a reaccionar con violencia contra activistas, lo que lleva a la simpatía popular por la causa de los activistas. Actualmente, movimientos de base y revoluciones falsas (o cooptadas) utilizan esta técnica en debates así como en acciones callejeras planificadas y rebeliones (considerad Siria cómo un ejemplo reciente).

11) El precio de un ataque exitoso es una alternativa constructiva.

No hay que permitir que el enemigo consiga ventajas porque uno se encuentra ante una solución para el problema. Hoy en día, esto se utiliza a menudo de modo ofensivo contra activistas legítimos, como los oponentes a la Reserva Federal. Quejaos de que vuestro oponente solo “señala los problemas”. Exigid que ofrezca no solo “una solución” sino LA solución. Obviamente nadie tiene “la solución”. Cuando no logre producir el milagro que solicitasteis, descartad todo el argumento y todos los hechos que ha presentado como injustificados.

12) Escoged el objetivo, congeladlo y polarizadlo.

Separad la red de apoyo y aislad el objetivo de la simpatía. Los partidarios del lado opuesto se desenmascararán ellos mismos. Atacad a individuos, no a organizaciones o instituciones. Se hiere más rápido a la gente que a las instituciones.

La próxima vez que veáis un debate en MSM, observad cuidadosamente a los expertos y probablemente veréis que muchas, si no todas, las estrategias mencionadas se utilizan frente a algunos individuos ingenuos que tratan de decir la verdad.

Métodos de desinformación en internet

Trolls en Internet, conocidos también como “afiches pagados” o “blogueros pagados” son creciente y abiertamente utilizados tanto por corporaciones privadas como por gobiernos, a menudo con propósitos de mercadeo o de “relaciones públicas” (Obama es tristemente conocido por esta práctica.) El “trolleo” en Internet es por cierto una industria en rápido crecimiento.

Los trolls usan una amplia variedad de estrategias, algunas de las cuales son exclusivas de internet. Éstas son solo unas pocas.

1. Haced comentarios ofensivos para distraer o frustrar: una táctica de Alinsky utilizada para emocionar a la gente, aunque es menos efectiva debido a la naturaleza impersonal de la Web.

2. Preséntate como un partidario de la verdad, luego haz comentarios que desacrediten al movimiento: Hemos visto esto incluso en nuestros propios foros – trolls se presentan como partidarios del Movimiento por la Libertad, luego colocan largas diatribas incoherentes para aparentar ser racistas o dementes. La clave de esta táctica es hacer referencias a argumentos comunes del Movimiento por la Libertad mientras al mismo tiempo se barbotean insensateces, para hacer que argumentos de otra manera válidos parezcan ridículos por asociación. Es sabido que esos “Trolls-troyanos” colocan comentarios que incitan a la violencia – una técnica que obviamente tiene el propósito de justificar las aseveraciones de propagandistas de think-tanks, que pretenden que hay que temer a los constitucionalistas como si fueran potenciales terroristas del interior.

3. Dominio de discusiones: los Trolls se interponen frecuentemente en discusiones productivas en la web a fin de apartarlas de su objetivo y frustrar a los participantes.

4. Respuestas pre-escritas: muchos trolls reciben una lista o base de datos con puntos de conversación previamente planificados, preparados como respuestas generalizadas y engañosas a argumentos honestos. Cuando las colocan, sus palabras suenan extrañamente plásticas y bien ensayadas.

5. Asociación falsa: esto funciona mano a mano con el ítem Nº 2, invocando los estereotipos establecidos por el “Troll-troyano”. Por ejemplo, calificar a los que se oponen a la Reserva Federal” de “teóricos conspirativos” o “lunáticos”; asociando deliberadamente a los movimientos antiglobalistas con racistas y terroristas internos; mediante connotaciones inherentemente negativas; y utilizando asociaciones falsas para provocar prejuicios y disuadir a la gente de examinar objetivamente la evidencia.

6. Moderación falsa: pretendiendo ser la “voz de la razón” en una discusión con partes obvias y definidas en un intento de alejar a la gente de lo que es evidentemente verídico hacia una “área gris”, en la cual la verdad se hace “relativa”.

7. Argumentos de testaferro: una técnica muy común. Aunque no lo haga, el troll acusará al lado opuesto de suscribir un cierto punto de vista y después ataca ese punto de vista. O el troll pone palabras en la boca del lado contrario y luego rechaza esas palabras específicas.

A veces estas estrategias son utilizadas por gente común y corriente con serios problemas de personalidad. Sin embargo, si se ve a alguien que utiliza frecuentemente estas tácticas, o utiliza muchas de ellas al mismo tiempo, se puede estar ante un troll de internet pagado.

Detener la desinformación

La mejor manera de desarmar a los agentes de la desinformación es conocer integralmente sus métodos. Esto nos capacita para señalar exactamente lo que están haciendo en el instante en que tratan de hacerlo. La denuncia inmediata de una táctica de desinformación mientras se está utilizando es altamente destructiva para el usuario. Hace que parezcan estúpidos, deshonestos y débiles incluso por intentarlo. Los trolls de Internet en especial no saben cómo enfrentar el hecho de que sus métodos sean desenmascarados directamente frente a sus ojos y generalmente abandonan el debate cuando ocurre.

La verdad es preciosa. Es una lástima que haya tantas personas en nuestra sociedad que perdido el respeto por ella; personas que han vendido su conciencia y su alma por recompensas financieras temporales mientras sacrifican la estabilidad y el equilibrio del resto del país al hacerlo.

La psique humana vive del aire de la verdad. Sin ella, la humanidad no puede sobrevivir. Sin ella, la especie colapsará a falta de sustento intelectual y emocional.

La desinformación no solo amenaza nuestra visión del funcionamiento de nuestro mundo, nos hace vulnerables al miedo, al malentendido y la duda, cosas todas ellas que llevan a su destrucción. Puede llevar a buenas personas a cometer terribles atrocidades contra otros o incluso contra sí mismas. Sin un esfuerzo concertado y organizado por neutralizar las mentiras producidas en masa, el futuro ciertamente será frío y sombrío.

Contacto: brandon@alt-market.com

Este artículo se publicó originalmente en Alt-Market

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article32163.htm

 

 

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Una democracia para el siglo XXI

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 16, 2012

 

Ernesto Mascarell Perez

 

En nuestros días los candidatos electorales representan a un partido político, su candidatura es propuesta por los miembros del mismo y por tanto atienden a los intereses particulares de estos, y en muchos casos solo a los de un pequeño grupo de delegados nombrados al efecto. Si bien el sistema de representatividad de delegados y partidos tenía sentido cuando la información era inaccesible y la comunicación muy dificultosa, en la era de Internet no deja de ser una alternativa tan irracional como poco eficiente, eficaz y efectiva. El alto nivel de corrupción política evidenciada en las democracias occidentales, que solo representa una pequeña parte de la real, desaconsejan continuar con un sistema que facilita el control de la soberanía popular por parte de determinados grupos de interés. En el actual sistema se presentan unas candidaturas en una lista única que es votada por los ciudadanos, una vez la lista es elegida y el candidato nombrado este configura su gobierno con los miembros de su lista en caso de obtener la mayoría absoluta o incluyendo a miembros de otras formaciones en el caso de que no tenga la misma. El candidato electo pasa a nombrar a los miembros de gobierno repartiendo los cargos en función del orden establecido en la lista, independientemente de si las personas poseen o no alguna experiencia o cualificación para el mismo. De hecho resultan anecdóticas las veces que un cargo electo a desempeñado una función para la que estaba cualificado, exceptuando a los de economía y justicia. Parece ser que salvo en lo referente al dinero y al control social no hace falta cualificación y cualquiera vale para ejercer el puesto.

Primera medida:

La presentación de candidatos en listas abiertas para cargos concretos de manera que cada ciudadano pueda configurar y votar la lista de candidatos para cada cargo del gobierno que crea más conveniente, evitando el tráfico de influencias y la corrupción política. Los ciudadanos podrán conocer la persona que gestionara cada área de gobierno y asi podrá valorar su cualificación para el cargo. La posibilidad de contar con cargos cualificados mejoraría la gestión al tiempo que reduciría el gasto de asesoramiento de las administraciones públicas.

Resulta una perversión del sistema democrático el uso que hacen los políticos de la confianza de la ciudadanía, no es de ley que se modifiquen los programas electorales, muchas veces en el sentido opuesto a la propuesta inicial presentada en la campaña electoral. Pero lo verdaderamente escandaloso no es el hecho de modificar el programa electo, que por motivos del contexto puede ser irrealizable, sino que esta modificación no se someta a una consulta de los ciudadanos. No es casual que los programas electorales se elaboren en base a una formulación inconcreta de objetivos generales tales como facilitar el empleo, mejorar la sanidad o la educación, sin definir las medidas que llevaran a cabo para lograr dichos objetivos, de esa forma para legitimar cualquier actuación política, basta con afirmar que esta se ajusta a los objetivos propuestos, bajo esta lógica facilitar el despido sirve para crear empleo, hacer la guerra es asegurar la paz, medicar a la población es cuidar su salud o construir un colegio mejorar el conocimiento. La mentira y el engaño se han asumido como características intrínsecas de la clase política hasta el punto de considerarlas como parte del oficio, provocando un desencanto generalizado entre la población.

Ya no se vota porque se espere que el candidato elegido mejore las condiciones de vida sino por el miedo a las que otros las empeoren, casi todas las campañas se centran más en sembrar el miedo al oponente político, que a explicar las propias virtudes, de hecho los políticos parten de la premisa, reflejada en las encuestas y la razón de la experiencia, de que el electorado los considera, unos incompetentes.

Segunda medida:

La presentación por parte de cada candidato de un Programa cerrado.

En el mismo no solo se recogerán los fines y objetivos sino que se detallaran las medidas a llevar a cabo para lograrlos, incluyendo en estas la lista de personas a contratar, el puesto a ocupar y su cualificación para el mismo. Cualquier modificación sustancial del programa podrá ser recurrida tanto por la oposición como por la iniciativa popular, y en todo caso solo podrá ser aprobada en el pleno de la institución contando al menos con dos tercios de la cámara de representantes. De esta forma se garantiza el derecho a que se cumplan las promesas electorales, y se asuman las responsabilidades personales por la gestión

Otro problema evidente del sistema electoral es la escasa representatividad de los candidatos, la división de las candidaturas por distritos electorales provoca que 100 ciudadanos de una determinada región puedan nombrar a un representante nacional al tiempo que 1000 personas se quedan sin representación porque tuvieron que votar a distintos candidatos por ser las circunscripciones electorales diferentes. El sistema democrático comienza a desvirtuarse cuando los votos no tienen el mismo valor para designar a un representante. El valor del voto siempre debe ser el de un ciudadano un voto, cuando la representatividad corresponde a intereses locales difícilmente se puede llegar a realizar una buena gestión pública, como demostró John Nash en su teoría de los juegos lo mejor para un grupo no es lo mejor para cada individuo, de hecho si alguna vez se alcanza un consenso mayoritario entre minorías este suele ser a costa de la exclusión injusta de otras minorías.

Tercera medida

La equiparación de los votos y elección de candidatos en representación del marco territorial de la candidatura los candidatos se presentan a nivel nacional, autonómico o local, para las elecciones al parlamento nacional, autonómico o local respectivamente, otorgando a cada voto un valor similar. El problema de representatividad territorial deja de tener sentido en la medida que los candidatos electos no representan a ningún partido, grupo o territorio en particular. Los partidos o grupos pueden proponer una candidatura pero esta representa a la ciudadanía total del ámbito de la elección no pudiendo el grupo promotor destituir o reemplazar al candidato una vez elegido. Esta medida favorece la libertad personal y reduce la influencia de los grupos de poder evitando el ataque a la autonomía política que supone la disciplina de voto y la persecución legal de la disidencia.

La legitimación de las democracias actuales queda en entredicho cuando una mayoría de ciudadanos no se sienten representados y se mantienen unos elevados índices de abstención, solo animan a la participación cuando esta puede ser favorable. Estamos llegando al caso de compensar la desaprobación de los ciudadanos con el voto de personas emigrantes alejadas del contexto de los problemas o de inmigrantes temporales dependientes de las administraciones. La perversidad de esta fórmula ha llegado a los extremos que en algunos casos estos votos deciden las políticas locales de algunos municipios que no habitan o que lo hacen eventualmente. Los emigrantes con residencia fija en el extranjero solo se ven afectados por las políticas generales del país en lo referente a su condición de ciudadano de un estado y por tanto solo deberían tener derecho al voto a nivel estatal, por el contrario los inmigrantes en tanto no obtengan la nacionalidad no pueden orientar las políticas generales del país y solo deberían participar en el caso de acreditar su condición de residente en el ámbito local de convivencia.

Cuarta medida

Adecuar el voto de los emigrantes a las elecciones de ámbito nacional o supranacional y el de los emigrantes no nacionalizados residentes en el país a las elecciones locales.

La desinformación sobre las diferentes propuestas políticas y candidaturas es generalizada exceptuando a los pocos partidos gobernantes. Los medios de comunicación solo se hacen eco de las propuestas de los partidos en función de los intereses políticos de sus propietarios en el caso de los medios privados o de los administradores en el caso de los públicos. La celebración de un debate entre dos candidatos es una muestra de la falta de democracia, los ciudadanos tienen derecho a escoger lo mejor y para ello las instituciones públicas deben garantizar el acceso a todas las propuestas electorales en igualdad de condiciones, no puede haber libertad de elección cuando se desconocen casi todas las opciones.

Quinta medida

Publicar y difundir todas las candidaturas y  programas electorales en los medios de comunicación públicos

Publicación con un formato estándar y difusión a través de internet y la televisión a la carta de los programas de todas las candidaturas un mes antes de la celebración de las elecciones.

La tentación de convertir la vocación de servicio público en una profesión esta cada vez más presente, muchos jóvenes sin cualificación ni experiencia profesional inician una carrera profesional como políticos en el seno de los partidos, organizaciones empresariales y sindicatos. La competencias que adquieren en el seno de estas organizaciones se relacionan mas con la adquisición y mantenimiento de un estatus que con cualquier habilidad para solucionar los problemas de la ciudanía, aun así estas personas una vez alcanzado un nivel de reconocimiento interno aseguran su condición de políticos y una estabilidad profesional alargo plazo que no se ajusta a su capacidad para desempeñar un cargo público. Esta relaciónincestuosa llega al extremo de considerar la política y los cargos como una propiedad familiar,así no es de extrañar que muchos hijos maridos, esposas hermanos, cuñados y amigos coincidan o se releven en los cargos públicos, asegurándose además privilegios económicos en el caso de cese de su actividad política.

Sexta medida

Limitar los mandatos políticos a dos legislaturas en la misma administración y cuatro si se desarrollan en diferentes administraciones

Estableciendo que las compensaciones por el servicio público una vez finalizada su etapa política serán equiparables a la de un técnico contratado del sector privado.

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La transgresión de la oscuridad (Video de Teódulo López Meléndez)

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 12, 2012

http://www.youtube.com/watch?v=LHxjBv6vCFs&list=UUXeNZUcJ1NqA5w8wO5it-RQ&index=1&feature=plcp

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La vieja estructura de la ONU (Audio de Teódulo López Meléndez)

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 11, 2012

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Simón Bolívar y la legislación minera

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 10, 2012

Por Franco D´Orazio P

 

Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo,

tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho.

En fin la tremenda voz de Colombia me grita : resucito : me incorporo :

abro con mis propias manos mis pesados parpados :

vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.

 

Simón Bolívar

Loja, Ecuador, 13 de octubre de 1822.

 

Simón Bolívar de Pablo Sansegundo Castañeda, 1983… Colección Secretaria de Cultura del Estado Zulia. Año Bicentenario 1783–1983.

En nuestro ensayo relativo al Primer Centenario de la Prospección Petrolera en Venezuela, publicado recientemente en este blog: http://wp.me/p29J0n-h6 simplifiqué un área referente al conocimiento que se tenía de la existencia de hidrocarburos en el país, que se remonta a épocas pretéritas, alrededor del siglo xv, cuando aparecieron las primeras evidencias en los trabajos del Cronista oficial de las Indias el Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés…

Dicha simplificación, ex profeso, se motivó al deseo de narrar con algo más de detalles la intervención del Padre de la Patria en los procesos legislativos que le dieran marco legal a la explotación minera en Venezuela y en el resto de los países por él liberados, que contaron desde siempre con su imprescindible participación fundacional.

Para ello revisaremos algunos documentos singulares como los Elementos del Derecho Minero1 elaborado por el Dr. Ángel D. Aguerrevere, Consultor Jurídico del Ministerio de Minas e Hidrocarburos de los Estados Unidos de Venezuela de mediados del siglo pasado, así como la gran obra elaborada por un testigo presencial y actor de la gloriosa guerra de la Independencia, el Ilustre General José Félix Blanco, compilada a lo largo de veintidós años de faena y concluida gracias al apoyo logístico y financiero gubernamental logrados por su coautor, el señor Ramon Azpurúa, quién se encargó de organizar y editar los Documentos para la Historia de la Vida Pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia2.

Colección privada: Documentos para la Historia de la Vida Pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia2.

Es importante destacar que esta última referencia fue calificada de “preciosa colección de documentos inéditos” por su autor, el Prócer Blanco, y trata de una literatura de dimensiones enciclopédicas que contiene “toda la correspondencia oficial del Ilustre Héroe de Sud America, aumentada con documentos y notas que ilustran y embellecen”, según sus propias palabras, y que en su momento se consideró “una necesidad pública el coleccionar y dar á la estampa los documentos históricos relacionados con la emancipación política de Sur-América”, tal y como expresado por su coautor, el señor Azpurúa… razón por la cual esta obra singular se convierte en cita obligada para analizar éste y otros temas del genero [1].

El primer tomo de dicha colección contiene una narrativa histórica excepcional, que comienza con los eventos que anteceden a la proeza del descubrimiento de América conducido por Don Cristóbal Colón (que analizaremos en un próximo ensayo), dado que su autor, mencionando a un ilustre contemporáneo, nos refiere lo siguiente, cito: “la historia es el testigo de los tiempos, la antorcha de la verdad, la pregonera de la antigüedad… Su objetivo y el fruto de su estudio es, comparar las épocas y los acontecimientos, especificar los principales hechos, examinar y dar á conocer los documentos y actos públicos, y manifestar el influjo y resultado de ellos en la legislación, por los bienes y los males de los pueblos”… continua afirmando el General Blanco que, “la verdad es el alma de la historia; pero, como muchas veces amarga y ofende nuestras pasiones, no siempre hai bastante firmeza para sobreponerse á los riesgos y peligros que se atrae quien la dice… Yo he creido que ningun servicio seria más grato, útil é importante para las glorias de mi Patria, que acopiar ó coleccionar metódica y cronológicamente todas aquellas piezas, documentos y datos oficiales auténticos, cuya conservación es interesantísima para la historia de nuestra generación política, para la de Colombia, y para dar á conocer la vida pública de Bolívar”… fin de la cita.

 

En consecuencia, y utilizando esos documentos fundamentales, entre otros, veamos cómo se fundamentó la ocurrencia del petróleo y cómo evolucionaba, acompasadamente, la legislación minera en nuestro país.

Evidencias de la existencia de petróleo en suelo patrio…

… las primeras evidencias, decíamos, aparecieron en los trabajos del Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, quién llegara al Nuevo Mundo junto al primer obispo del Nuevo Reino de Granada, Frai Juan de Quevedo, en la misión del conquistador y gobernador del Darien, hoy día Panamá, Don Pedrarias (o Pedro Arias) Dávila, en 1514.

Dichos trabajos: Sumario de la Natural Historia de las Indias, divulgada en Toledo en 1526, y luego La Historia General y Natural de las Indias, publicada en Sevilla en 1533, relataban sobre los menes (denominados así según voz indígena) encontrados en Nueva Cádiz (hoy Isla de Cubagua), al norte de Nueva Andalucía (actuales Estados Sucre y Monagas), y a unas 25 leguas de la Nueva Zamora (hoy Maracaibo), y que contenían brea derretida que los aborígenes utilizaban en sus teas y sus curiaras, pues servía para esplender y para embrear naos.

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Luego, en 1579, los Alcaldes Rodrigo de Argüelles (Alférez) y Gaspar de Párraga (Capitán), en su descripción de la Laguna de Maracaybo, también dan fe de la gran cantidad de menes existentes en esa área, además de sus propiedades curativas, utilizables para hacer velas, para brear embarcaciones y pavonear espadas. Ese empleo de la brea era también común entre los bucaneros y piratas ingleses y franceses que se propagaron por el Mar Caribe durante el siglo xvi, y que entraban al precioso Lago a obtener ese material para sus necesidades.

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El 22 de mayo de 1783 transitamos por la Corona española regida por Carlos III de Borbón (Rey de España, de Nápoles y Sicilia, y Duque de Parma, Plasencia y Castro), quién dictaba desde Aranjuez las Ordenanzas para la Dirección, Régimen y Gobierno del Importante Cuerpo de Minería de la Nueva España y su Real Tribunal General… la Nueva España se refería al actual territorio Mexicano. Esas Ordenanzas fueron aplicadas también al Virreinato del Rio de la Plata (1783), y por Real Resolución del 27 de abril de 1784 y Real Cédula de igual fecha se destinaron a la Intendencia (Capitanía General) de Venezuela y a continuación, entraron en vigor en el Virreinato del Perú y Presidencia de Chile (1785). En nuestro país esas Ordenanzas fueron reconocidas legalmente por sentencia de la Corte Federal y de Casación del 26 de marzo de 19061.

La importancia capital de estas Ordenanzas está en que se extendió el dominio de la Corona a las minas no metalíferas, según comenta el Dr. Aguerrevere 1… dice el Rey en el título V, artículo 2° “Sin separarlas de mi Real Patrimonio, las concedo a mis vasallos, en propiedad y posesión, de tal manera que puedan venderlas, permutarlas, arrendarlas, donarlas, dejarlas en testamento o por herencia o manda, o de cualquier otra manera enajenar el derecho que en ellas les pertenezca en los mismos términos que lo posean y en personas que puedan adquirirlo”. Y en el artículo 1°, disposición 22, establece: “Así mismo concedo que se puedan descubrir, solicitar, registrar y denunciar en la forma referida, no solo las minas de oro y plata, sino también las de piedras preciosas, cobre, estaño, plomo, azogue, antimonio, piedra calaminar, bismuth, salagema y cualesquiera otros fósiles, ya sean metales perfectos o medio minerales, bitúmenes o jugos de la tierra, dándose para su logro, beneficio y laborío, en los casos ocurrentes, las providencias que correspondan”.

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A principios del siglo xix, el sabio alemán Alejandro von Humboldt relaciona los depósitos de asfalto y las fuentes termales en el país y da noticias de menes en la costa del Golfo de Cariaco; y Francois Depons, en las memorias de su viaje a América, menciona la existencia de rezumaderos de petróleo al noreste del Lago, también denominado de Coquibacoa en lengua aborigen, hoy de Maracaibo.

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Actuaciones del Padre de la Patria en la materia…

Simón Bolívar, El Libertador, aplicaba en el país aquellas Ordenanzas de Minería promulgadas en Aranjuez por el Rege Carolo III el año de su natalicio, al consagrar desde Quito, el día 24 de octubre de 1829, la propiedad nacional sobre las riquezas del subsuelo, “Conforme a las leyes… reza el decreto… las minas de cualquier clase corresponden a la República, cuyo Gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidan, bajo las condiciones expresadas en las leyes y ordenanzas de minas, y con las demás contenidas en este Decreto”… cuyo último artículo declara provisionalmente en vigor la Ordenanza de Nueva España antes citada, en lo no colindante con el Decreto.

Fue por ese Decreto de estirpe monárquico que las Ordenanza de Nueva España se aplicaron en Nueva Granada y en Quito, como parte de la Gran Colombia, sustituida así la República a la Corona, según lo explica Aguerrevere1… Ese Decreto del Padre de la Patria fue refrendado por el Congreso en 1830 [2], y su contenido es la expresión conque la mayoría de los historiadores se refieren a su gestión sobre la propiedad del subsuelo.

Pero según la formidable compilación documental de Blanco y Azpurúa2, el interés legislativo del Presidente de la Gran Colombia por las materias del subsuelo se manifestó anterior a esa fecha. Entre otros, desde mediados de 1821 se producían decretos colegiados en el Congreso general de Colombia relativos a minería (Ejemplo: fotografía a continuación tomada de la obra de Blanco y Azpurúa2, Documento 1946 – I, página 199, Tomo 8); así como el Congreso constitucional de la República de Colombia estableciendo un museo y escuela de Minería en la capital de la república (Decreto del 28 de julio de 1823, página 59, Tomo 9), autorizando al Poder ejecutivo para que pueda arrendar las minas pertenecientes en propiedad a la República (Decreto del 4 de agosto de 1823, página 59, Tomo 9).

 

Y a partir del año 1824, Simón Bolívar producía sus propias disposiciones al respecto, estableciendo el 20 de julio diputaciones territoriales en el Perú a fin de favorecer la minería que constituye la riqueza del país (Documento 2386 del 20 de julio de 1824, página 334, Tomo 9). El primero de febrero creaba, desde Lima, una Dirección de Minería en cada Departamento del Perú, para incentivar el progreso de esa industria (fotografía a continuación, tomada de la obra de Blanco y Azpurúa2, Documento 2491, página 571, Tomo 9).

 

Y el día 2 de agosto, desde Pucará, El Libertador se adelantaba una vez más a su tiempo Revirtiendo a la propiedad del Estado las minas derrumbadas, aguadas y abandonadas por sus antiguos poseedores, todo ello con el objeto de fomentar la industria minera en el Alto Perú, donde, en algunas de sus principales provincias, se fundaría luego la República Bolívar, hoy día Bolivia… así como para amainar la inmensa deuda que por los gastos de guerra, fundamentalmente, pesaba sobre la República de Colombia, formada además por Venezuela, Ecuador y otros territorios hoy día en manos de Panamá y Perú (fotografía a continuación tomada de la obra de Blanco y Azpurúa2, Documento 2618, página 59, Tomo 10).

 

En 1828 también dictaba, desde Bojacá, un par de decretos relativos a esa materia [3]… Así, el 23 de diciembre emitía uno sobre aduanas e impuestos a la exportación de minerales: oro, plata y platina, específicamente (Documento N° 4031 del 23 de diciembre de 1828, página 276, Tomo 13), a título de réplica a la Real Orden de Comercio de España con las Américas, que en febrero de los años 1827 y 1828 fijaron los aranceles de importación de esos y otros minerales, además de frutos y otros géneros. El día 24 formulaba otra disposición sobre laboreo de minas (Documento N° 4037 del 24 de diciembre de 1828, página 285, Tomo 13)… y el 6 de diciembre de 1829 renunciaba a sus propios derechos sobre las minas de Aroa, en territorio venezolano.

Como dato curioso debemos indicar que en varios documentos históricos aparece esa sentencia relativa a la renuncia de las minas de Aroa como un hecho legal cierto. En realidad lo que ocurrió es que ese día El Libertador suscribió una carta fechada en Popayán y dirigida a su amigo el Dr. José A. de Álamo, para solicitarle… “que no se mate mas agenciando el negocio de las minas, que abandone su defensa y que el juez y el enemigo se apoderen de esa propiedad”. Visto así, el dictamen se refiere a una abdicación a seguir litigando contra lo que califica “una conjuración cruel contra su honor”, pero no hubo tal renuncia formal suscrita ante ese tribunal (Documento N° 4379, página 26, Tomo 14).

De hecho, en el texto del Testamento de S. E. El Libertador General Simón Bolívar…. otorgado en la Quinta San Pedro Alejandrino de Santa Marta el 10 de diciembre de 1830, según la obra de Blanco y Azpurúa1 (Documento N° 4556, página 463 del tomo 14) y atestiguado por el Secretario de la Prefectura de Cartagena, Juan B. Calcaño, el 12 de enero de 1831, referenciado por Molinares6… en el punto 4° del texto se lee lo siguiente: “Declaro que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situada en la provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, los cuales existen en poder del señor Juan de Francisco Martín, vecino de Cartagena”.

Es sabido que desde el año 1825 a la familia Bolívar se le presentaron serias dificultades para negociar los derechos de dichas tierras, bien para su venta o arrendamiento, en distintas gestiones realizadas por Álamo o anteriormente por otros mandantes, incluida María Antonia Bolívar, cuyos enredos están estupendamente reflejados en los escritos de Inés Quintero7… Así como el fallido intento por arrebatarle legalmente dicha propiedad al Libertador, que dieron por hecho la perdida de esa propiedad tal y como referido en algunos escritos históricos… pues según el Testamento citado “esas propiedades continuaban en el patrimonio de Simón Bolívar al momento de fallecer y fueron concedidas en herencia a sus hermanas María Antonia y Juana Bolívar, dos tercios del monto total, suponemos que uno para cada una de ellas, y el tercio restante se repartió en partes iguales entre los tres hijos de su finado hermano Juan Vicente Bolívar, a saber: Juan, Felicia y Fernando”.

Así concluyen las actuaciones de Simón Bolívar en materia de minería, estableciéndose con ellas las bases del Derecho Regalista (o sub especie regalista, según calificación de Aguerrevere1) en todos los territorios de la Gran Colombia.

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Siguiendo con el recuento histórico de las evidencia de la existencia de petróleo en nuestro subsuelo, posterior a la época del Libertador… el Coronel Agustín Codazzi, geógrafo, también estudió la existencia de menes en Falcón, al sur del Lago y hacia las Cordilleras andina y perijanera e incluso, Hermann Karsten publicó en Alemania, en el año 1850: El primer sumario geológico venezolano del centro y de oriente, señalando indicios importantes sobre la existencia de rezumaderos.

Luego vendría el informe oficial de la época de la emancipación fechado en febrero de 1876, y presentado por el general Wenceslao Briceño Méndez, relatado por Besson3 y otros historiadores del Zulia, quienes también aportaron conocimientos sobre la materia legislativa relativa a las actividades mineras en el país4. Aquel informe del general Briceño contenía expedientes gubernamentales que certificaban afloramientos de asfalto, así como la existencia de minas de carbón, depósitos de petróleo y asfalto en algunas localizaciones específicas del Zulia, que medio siglo más tarde se constituyeron en el objetivo principal de las exploraciones de Ralph Arnold en el occidente del país http://wp.me/p29J0n-h6.

Finalmente, esos mismos informes, verificados luego por Adolfo Ernst en el año 1889, también identificaban ese material, brea, además de cráteres en el poblado de Lagunillas, donde se decía que contenían alcaparrosa y menes… ¡Suficientes evidencias históricas de la existencia de hidrocarburos en suelos venezolanos!

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Documentos legislativos referentes a minería…

El Congreso Constituyente de mayo de 1830 adoptó los Decretos del Padre de la Patria como propios, y los incluyó en la nueva Constitución, la primera de los Estados Unidos de Venezuela, una vez consumada la disolución de la Gran Colombia.

A partir de allí, las Constituciones centralistas de 1857 y 1858, que no contenían ninguna disposición sobre minas, remitieron la materia a lo dispuesto en aquel Decreto de 1829, así como al Código de 1854 que también seguía el sistema regalista… aunque en épocas de Páez tampoco hubo mayor actividad minera que motivaran nuevas legislaciones.

Pasando al Régimen Federal, las Constituciones de 1864 y 1874 dejaban a cada Estado en libertad de administrar sus productos naturales. Como inciso, en febrero de 1866 se promulgo un Código de Minas en Nueva Andalucía, entonces estado soberano, el cual seguía las líneas generales del Código Nacional de 18541.

Luego, según lo recoge la historia patria, la primera concesión para explotar asfalto natural, fundamentada en ese primer Código de Minas venezolano decretado bajo el gobierno de José Gregorio Monagas, se asignaría al ciudadano inglés D. B. Hellyer. Después, con la Constitución de abril de 1864, promulgada por la Asamblea Nacional Constituyente bajo la presidencia (entonces provisional) de Juan Crisóstomo Falcón, se establecería el Régimen Federal, derogando tácitamente aquel Código de Minas y regulando la administración de los recursos naturales, para dejar en manos de los gobiernos regionales, dirigidos por sus presidentes constitucionales, el otorgamiento de esas concesiones.

Bajo esa nueva normativa constitucional se concedería, por 10 años, todo el Estado Zulia al norteamericano Camilo Ferrand, en 1865, por parte de su presidente regional, el General Jorge Sutherland: “primera concesión petrolera que se otorgaba en el país”. El Estado de Nueva Andalucía (Sucre y Monagas) se confería en concesión, por 25 años, a Manuel Olavarría, por mandato de su Asamblea Legislativa y en el Estado Trujillo, la Asamblea regional Constituyente otorgó en concesión por 20 años la zona de Escuque al ciudadano Pascual Casanova, ambas en el año 1866… Caducando todas al término establecido, sin realizarse sobre ellas actividad exploratoria o productiva alguna.

Por esa misma regulación obtuvieron su concesión en la Alquitrana los emprendedores de la Petrolia del Táchira, otorgada por el gobierno del Gran Estado de Los Andes en 1878, bajo la presidencia regional del general Francisco Alvarado; refrendada luego, nacionalmente, a partir del año 1881… en tiempos de Guzmán Blanco, quién dispuso la edición de la obra de Blanco y Azpurúa.

Con la revolución de abril de 1870 se iniciaba en Venezuela el denominado período amarillo, presidido por Antonio Guzmán Blanco, caudillo de la Guerra Federal; quién alternaría sus 3 periodos gubernamentales, que perduraron unos 18 años, con los señores Francisco Linares Alcántara, Juan Pablo Rojas Paúl, Raimundo Andueza Palacios, Ignacio Andrade y Joaquín Crespo, éste último presidiendo el país en un par de oportunidades; además de los interinatos de José Gregorio Varela, Hermógenes López y Guillermo Tell Villegas.

En ese espacio guzmancista se promulgó la Constitución de 1881, y se dictaron nuevos Códigos y Leyes de Minas (1883, 1885, 1887, 1891 y 1893) con las cuales, las provincias, le cederían de nuevo la administración de sus recursos naturales al Gobierno Federal y en el último Código vuelve el régimen de concesiones perpetuas. Ese gobierno liberal abrió el país a los capitales extranjeros, garantizándoles estabilidad, al mismo tiempo que reorganizaba la hacienda pública, mejoraba la educación y otras dependencias estatales, y fomentaba la inmigración. También se asignaron generosas concesiones sobre áreas potencialmente explotables, las cuales se utilizarían para el aprovechamiento del asfalto, al principio.

En ese entonces obtuvo una concesión de petróleo sobre todo el Estado Zulia, en 1884, el Sr. José Andrade. Luego ese régimen concesionario se extendió a toda la industria, a partir del gobierno de Cipriano Castro Ruiz, inaugurado en 1899 y bajo el cual se dio inicio a la explotación comercial, en mayor escala, del Lago de asfalto de Guanoco. Castro promulgó en su periodo gubernamental una Constitución en 1901, sin innovación substancial en los principios, y un Código de Minas en 1904 (otorgando, en mayo de ese año, una licencia sobre los Distritos Maracaibo y Perijá al Sr. Andrés Espina) y la Ley de Minas de 1905, bajo cuyos lineamientos legales cesaba la perpetuidad y se otorgaba en concesiones, a partir de 1907, extensas áreas del país a los señores Aranguren, Vigas, Jiménez y Planas, entre otros… y a partir de allí comenzaría la verdadera era concesionaria, masiva, en todo el territorio nacional.

Desde finales de 1908 gobernó en Venezuela Juan Vicente Gómez Chacón, impulsando el desarrollo de la industria petrolera nacional y con ella, la economía del país; al adoptar aquella figura de otorgamiento gubernamental para utilizarla formalmente como Política de Concesiones, bajo la cual se le otorgarían a esas personalidades, inicialmente, un 30% de la extensión total del territorio nacional… cuya superficie comprende, aproximadamente, 91.2 millones de hectáreas.

Durante su largo mandato de 27 años, ejercido en tres períodos contiguos[4], devenido en férrea dictadura con la que finalizaría el caudillismo regional, Gómez logró centralizar la gestión estatal pero sin dispensarle mayor atención a los temas políticos, educativos, sociales y de salud pública. En ese período gubernamental se formularon nuevos Códigos de Minas (1909, 1910, 1915 y 1918), siendo éste último en el primero en contener la materia hidrocarburos, devenido en Ley en 1920 y modificada posteriormente en varias oportunidades (1921, 1922, 1925, 1928 y 1935). Igualmente se aprobaban nuevos textos constitucionales en los años 1922, 1925, 1928, 1929 y 1934, todos los cuales seguían idénticos principios. Las actividades exploratorias y de desarrollo de campos fueron prolíficas, aunque las concesionarias renunciarían a más de la mitad de las áreas inicialmente asignadas… la gran mayoría de las cuales, como hemos visto, fueron exploradas formal y profesionalmente hace un siglo por el equipo de geólogos encabezados por Ralph Arnold, dando inicio a la industria universal que hoy opera el territorio nacional.

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De esa manera y a través del tiempo, el citado “Decreto del Libertador Simón Bolívar de 1829”,derivado de las Ordenanzas de Minería de la Nueva España que promulgara Carlos III en 1783, se ha constituido en el documento referencial de la materia  regalista (o sub especie regalista) en el territorio nacional y ha pasado a ser el basamento jurídico de toda esa legislación específica. Quiérase o no, la redacción de ese documento imperial ha moldeado de una forma u otra el acontecer minero y sobre todo, el petrolero, en nuestro país desde siempre.

 

En tal sentido, inclusive las anteriores Constituciones de 1947 y 1961, y la más reciente de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, lo reafirman en su contenido… así como las nuevas Leyes de Hidrocarburos Gaseosos de 1999, y la Orgánica de Hidrocarburos del 2001, lo ratifican explícitamente en su exposición de motivos.

Nunca sabremos a ciencia cierta la identidad del escribano del Rey Carlo di Borbone, artífice de esa redacción monárquica, imperial; pero lo que si podemos afirmar sin temor a equívocos es que ninguno de ellos imaginó nunca la profundidad del contenido, la longevidad y amplitud de la aplicación y sobre todo, las consecuencias político–económicas con un agudo efecto social que tal documento definitorio ejercería sobre estas naciones; ordenanza esa que equipara al ciudadano de hoy con el simple vasallo de ayer y que aún es válida hoy día… y de muy difícil reversión.

Notas:

[1] Las narrativas tomadas del texto original respetan lenguajes y acentuaciones propias de la época.

[2] En la obra de Blanco y Azpurúa2, tanto en las 289 notas, documentos y decretos compilados en el Tomo 13 como en los 63 documentos incluidos en el Tomo 14, ambos referidos al año 1829, no aparece este Decreto del 24 de octubre de 1829 atribuido al Libertador. Consta su presencia en Quito entre marzo y agosto de ese año, en virtud de la guerra desatada entre Perú y Colombia… y para el 16 del mes de octubre de ese año el planteamiento político de la disolución de la Gran Colombia cobraba tanta fuerza que ocuparían toda su agenda gubernamental en suelos neogranadinos, aunque regresó a Quito el 20 de octubre y salió de nuevo hacia Bogotá el día 29, según García Márquez5; corroborado también en la obra de Blanco y Azpurúa (Documento N° 4364, página 7, Tomo 14) por el contenido de una carta dirigida por el Libertador al general Bartolomé Salom, fechada en quito el 23 de octubre, un día antes del Decreto in comento. En consecuencia asumimos como válida la referencia suministrada por Aguerrevere1, titular de la Consultoría Jurídica del despacho de Minas e Hidrocarburos, aunque tampoco indique su procedencia.

[3] Los Decretos referidos están especificados en el Tomo 13 de la obra de Blanco y Azpurúa citada, que abarca los años 1828-1829. Este ejemplar, por el delicado estado de sus páginas, no permite mayor manipulación para escaneo o fotografías convencionales.

[4] El Primer período gubernamental del general Gómez, cumplido entre 1908 y 1913, continuó con la presidencia provisional de José Gil Fortoul (1913-1914). En la Segunda etapa, que transcurrió entre 1914 y 1922, Juan Vicente Gómez alternó sus funciones presidenciales con Victorino Márquez Bustillos; y durante la Tercera y última época, desempeñada de 1922 a 1935, compartiría virtualmente la presidencia con Juan Bautista Pérez (1929-1931).

Referencias:

 Aguerrevere, A. D.: Elementos de Derecho Minero; Revista de Hidrocarburos y Minas, publicación del Ministerio de Minas e Hidrocarburos de los Estados Unidos de Venezuela: Año II, Nº 3, abril a junio de 1951.

Blanco, J. F. y Azpurúa, R.: Documentos para la Historia de la Vida Pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia; puestos por orden cronológico, y con adiciones y notas que la ilustran, por el General José Félix Blanco (a partir de 1855) y Ramón Azpurúa (desde 1864). Publicados por disposición del “Ilustre Americano, Regenerador y Pacificador”, General Antonio Guzmán Blanco (1875-1876), y continuado por el “Gran Demócrata”, General Francisco L. Alcántara (1877), ambos Presidentes de los Estados Unidos de Venezuela. Catorce Tomos, impresos en la imprenta a vapor de “La Opinión Nacional” de Fausto Teodoro de Aldrey, Plaza Bolívar, Caracas, 1875-1877.

Besson, J.: Historia del Estado Zulia; Editorial Hermanos Belloso Rossell, Cinco Tomos, Maracaibo 1943 a 1957.

D´Orazio P., F.: Análisis Económico Aplicado a la Industria Petrolera; Tomo I, publicado en el sitio: http://www.librosenred.com, Buenos Aires – Argentina 2007… http://wp.me/p29J0n-4

García Márquez, G.: El general en su laberinto; Editorial Oveja Negra, Bogotá – Colombia, 1989.

Molinares, J. E.: Poster aliento del Libertador; Impreso por Editorial Maracaibo, SRL, Cuarta Edición, Maracaibo – Venezuela, 1977.

Quintero, I.: La Criolla Principal, María Antonia Bolívar, hermana del Libertador; Fundación Bigott Serie Historia, Cuarta reimpresión 2006, Caracas – Venezuela.

Web´s: Academia Nacional de la Historia y Archivo General de la Nación, Venezuela, y Academia de la Historia de Quito, Ecuador.

 

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